¿Puede el trastorno de personalidad múltiple explicar el universo?

El trastorno de personalidad múltiple podría representar la solución a un problema crítico en nuestra comprensión sobre la naturaleza de la realidad. Así lo concluye un nuevo artículo publicado por Bernardo Kastrup, especialista en inteligencia artificial con un doctorado en ingeniería de la computación por la Universidad Técnica de Eindhoven. ¿Pero, de qué forma este padecimiento neurológico podría ayudarnos a comprender el universo y todo lo que existe en él?

Conciencia y universo

Antes que nada, debemos tener cierto conocimiento sobre la enfermedad y los problemas que enfrenta el estudio de la realidad. En colaboración con el psicoterapeuta Adam Crabtree y el investigador en psiquiatría y comportamiento neural Edward F. Kelly, Kastrup resumió en una publicación del sitio The Scientific American todo lo que debemos “empacar” para alcanzar a comprender este asunto de la conciencia universal.

 

El cerebro de los que padecen trastorno de identidad disociativo.

En el año 2015, un equipo de médicos alemanes publicó el extraordinario caso de una paciente que sufría de lo que popularmente se conoce como trastorno de personalidad múltiple, un padecimiento que de manera oficial es referido como trastorno de identidad disociativo (TID). Esta paciente manifestaba un repertorio de personalidades (alter egos), algunas de las cuales afirmaban estar completamente ciegas pese a que la mujer gozaba de una visión normal.

Al recurrir a un encefalograma, los médicos se impresionaron al constatar que la actividad cerebral en una región generalmente asociada con la visión no estaba presente al momento de que un alter ego tomaba el control de la paciente, pese a que sus ojos estaban abiertos de par en par. Y cuando un alter ego con visión normal quedaba a cargo, la actividad cerebral regresaba a la normalidad.

Esta demostración resultó más que convincente sobre el poder que pueden alcanzar las formas más extremas de la enfermedad, un padecimiento donde la psique origina múltiples núcleos de conciencia que operan de forma separada, cada uno con su propia vida interior privada.

Fragmentado personalidades

Fragmentado (2016), una película que aborda el Trastorno de identidad disociativo.

 

¿Qué puede decirnos el trastorno de identidad disociativo sobre nuestra realidad?

En los albores del siglo XIX aparecen los primeros registros sobre esta condición cerebral, la mayoría de los casos fueron relatados entre las décadas de 1880 y 1920 y, posteriormente, entre la década de 1960 y hasta finales de la década de 1990. Además del estudio antes referido, a través de otras técnicas de neuroimagen se encontró evidencia de que es un trastorno real.

En 2014 un grupo de médicos llevó a cabo barridos cerebrales funcionales en pacientes con TID y actores que simulaban la enfermedad. En los pacientes reales se observaron diferencias muy claras cuando se comparaban sus imágenes cerebrales con las de los actores, lo que sugirió el TID cuenta con una huella de actividad neural reconocible.

Pero las cosas no se detienen aquí pues, particularmente en los casos más extremos, la distinción de identidad termina afectando de forma compleja a la memoria.

Aunque resulte imposible explicar de forma precisa cómo ocurre dicho proceso disociativo a nivel creativo, la evidencia clínica obliga a reconocer que esta condición tiene implicaciones relevantes para nuestra visión sobre lo que es o no posible en la naturaleza.

 

El problema difícil de la conciencia y la realidad física.

De acuerdo con la teoría del fisicalismo, cada aspecto de nuestra realidad, incluso los estados mentales y afectivos, únicamente se vuelven concretos y adquieren plena comprensibilidad cuando se analizan como realidades físicas. Pues de acuerdo con esta visión metafísica dominante, esencialmente la realidad se constituye por cosas físicas externas e independientes a la mente.

Pintura frutas

Por su parte, los estados mentales deben explicarse en términos de los parámetros sobre los procesos físicos que suceden en el cerebro. Sin embargo, uno de los puntos débiles del fisicalismo es su incapacidad de comprender la forma en que nuestra experiencia subjetiva – como sentir la amargura de una decepción, el calor del fuego o lo rojo de una manzana, etc. – podría surgir de meros arreglos en las cosas físicas.

Entidades físicas, como las partículas subatómicas, se definen a través de propiedades relacionales abstractas como el momentum, carga, spin y masa. Pero no existe nada sobre dichas propiedades, o sobre la forma en que se organizan las partículas en un cerebro, a partir de lo cual podamos deducir cómo es el calor del fuego, la amargura de la decepción o lo rojo de una manzana. Esto se conoce como “problema difícil de la conciencia“.

Para esquivar este inconveniente, algunos filósofos han propuesto una alternativa donde se especifica que dicha experiencia es inherente a toda entidad física fundamental en la naturaleza. Desde este abordaje, conocido como panpsiquismo constitutivo, la materia posee experiencia desde el comienzo, no solamente cuando es organizada en el cerebro. De hecho, incluso las partículas subatómicas contarían con una forma de conciencia muy simple.

Sin embargo, la propia conciencia humana estaría constituida por una mezcla de subjetivas vidas interiores de las incontables partículas físicas que integran nuestro sistema nervioso.

 

La conciencia y el problema de la combinación.

Como en la ciencia y filosofía nada tiene una explicación fácil, el panpsiquismo constitutivo se enfrenta a un problema crítico propio: no existe manera lógica de dilucidar la forma en que diversos puntos de vista subjetivos de múltiples partículas subatómicas podrían combinarse para generar puntos de vistas subjetivos a un nivel superior, como el tuyo o el mío. A esto se le conoce como problema de combinación.

Lo resuelven argumentando que, aunque la conciencia sea fundamental por naturaleza, no se encuentra fragmentada como la materia. La idea es que la conciencia se extiende sobre todo el tejido de espacio-tiempo, y no se limita a partículas subatómicas individuales. Desde el punto de vista de la filosofía moderna, este “cosmopsiquismo” (que puede reducirse a lo que clásicamente se conoce como “idealismo”) sugiere que sólo existe una conciencia universal.

El universo físico como un todo es la apariencia extrínseca de la vida interior universal, de la misma forma que nuestro cerebro y cuerpo vivo son la apariencia extrínseca de nuestra existencia interior.

Meditacion

Y es aquí donde surge un problema más que obvio: los individuos poseemos experiencias particulares y separadas. Sería increíble poder leer el pensamiento de todo lo que existe o saber lo que acontece en cada rincón del universo, pero no gozamos del don de la omnisciencia.

Por esto, para que el idealismo sea sustentable se hace necesario explicar – al menos de forma superficial – la forma en que una conciencia universal puede generar múltiples centros de cognición privados, aunque simultáneos, cada uno con distinta personalidad y sentido de identidad.

 

El universo y las personalidades múltiples.

Es precisamente aquí donde entra en juego la disociación. Sabemos, al menos de forma empírica, que la conciencia tiene capacidad para gestar de forma simultánea múltiples centros de experiencias operacionalmente distintos, cada uno con personalidad y sentido de identidad propios.

Animales metabolizadores

Por eso, si algo parecido al TID sucede a escala universal, consecuentemente una sola conciencia universal podría gestar múltiples alter egos con vidas internas particulares, como la tuya o la mía. En este caso, cada uno de nosotros sería un alter ego de la conciencia universal.

Si existe una especie de TID universal, los alter egos de esta conciencia universal deben poseer una apariencia extrínseca. Kastrup sugiere que esta apariencia es la vida misma: los organismos metabolizadores simplemente son una representación de los procesos disociativos de nivel universal.

De acuerdo con lo publicado por el sitio Scientific American, el idealismo representa una visión tentadora sobre la naturaleza de la realidad, dado que de forma elegante elude dos problemas indiscutiblemente irresolubles: el problema difícil de la conciencia y el problema de la combinación. La disociación es una forma de explicar cómo la conciencia universal puede generar mentes individuales, proporcionando una forma coherente y empíricamente fundamentada de dar un sentido a la vida, al universo y a todo lo que nos rodea.

3 Reacciones

  • Yo creo que las filosofías orientales ya han dilucidado esas cuestiones y la ciencia moderna sólo las está corroborando. “Todos somos un solo Ser expresándonos y experimentándonos en una diversa variedad de formas” o se puede traducir a una sola Conciencia Universal, fragmentada, para poder experimentarnos simultáneamente. En un mundo ideal, informe. De qué manera te relacionas con algo. En fin a veces me pierdo en mis reflexiones.

  • La cosa es así de simple: Estamos formados de partículas, que no tienen pensamiento alguno pues para eso se requiere un cerebro; nuestra consciencia, emociones, sentimientos, etc. se deben a las interacciones físicas y químicas entre nuestras células (los que fueron a la escuela sabrán cuales, pista: forman el sistema nervioso), nuestro objetivo en el mundo es la reproducción, dejar herencia genética para que la vida continúe, pero no abusen ¡EH! debemos garantizar que nuestra prole igual deje carga genética; emociones, como el amor y el miedo son para sobrevivir y dejar herencia, suena mal, pero de forma condensada y escueta esa es la verdadera realidad y nuestro fin.

    El TID es solo un cerebro con los cables cruzados (espero que a nadie ofenda esta simplificación del funcionamiento de un órgano tan complejo como es el cerebro), aún no lo comprendemos, no podemos decir algo como lo dicho por éste señor, tenemos un código fuente en binario y encima sin documentar que apenas estamos conociendo.

    Aceptar que las partículas tienen consciencia, memoria y personalidad es aceptar la homeopatía (que postula la “memoria del agua” para venderte azúcar mojada en agua por la que alguna vez paso el “principio activo”), entre otras seudo-ciencias.

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