Rizocéfalos, los parásitos más aterradores

La naturaleza impone a cualquier forma de vida que mejor se adapte al medio ambiente, independientemente de si se arrastra, camina, nada o vuela. Si una adaptación correcta no sucede a tiempo, la propia naturaleza se encarga de cobrárselo muy caro a la especie: simplemente la arroja al baúl de la extinción, un lugar de donde es imposible volver.

cangrejo parasitado por rizocefalo

La supervivencia es el nombre de ese juego que disputamos los seres vivos desde el inicio de los tiempos. Si hemos llegado hasta este punto como especie, se debe exclusivamente a que fuimos capaces de superar las dificultades que nos impuso la naturaleza a lo largo de nuestra existencia. ¿Qué sucede cuando una especie no logra adaptarse a las condiciones adversas que se le presentan? Bueno, los dinosaurios podrían responder esta pregunta, si es que encuentras alguno.

En este juego evolutivo, algunas especies se superan como una forma de garantizar la supervivencia. Ante la inclemencia de la propia naturaleza, se vale de todo para garantizar los tres elementos que perpetúan a una especie: reproducirse, alimentarse y desarrollarse. En ese sentido ninguna especie ha sido más canalla y cruel que unos pequeños crustáceos marinos conocidos como rizocéfalos (superorden Rhizocephala), pertenecientes a la infraclase Cirripedia, entre las que se incluyen especies como las lapas y los percebes.

El rizocéfalo hace que el sangriento ciclo reproductivo de los xenomorfos, de la franquicia Alien, parezca un cuento de princesas entre las partes involucradas. Y mucho peor es el hecho de que hablamos de un animal real.

 

Un parásito despiadado.

Para comprender el horror que implica este parásito, primero debemos colocarnos en “los zapatos” de otro animal. En este caso hablamos de la pobre especie que será la víctima del rizocéfalo: imagina que eres un cangrejo del pacífico y, para fines técnicos, un macho.

Bueno, eres un cangrejo macho que busca las rocas de la playa y la luz del Sol donde abunda el alimento. Haz alcanzado tu tamaño adulto, esquivando toda clase de peligros a través de tu existencia. La vida parece normal hasta que un hermoso día, después de pasar por encima de algunas rocas, las cosas empiezan a ponerse extrañas. Empiezas a desarrollar un deseo de protección (algo casi maternal), como si alguna fuerza dentro de ti te obligara a comportarte diferente.

Sacculina carcini fotografia cangrejo parasito

El bulto amarillo es una hembra de rizocéfalo Sacculina carcini que ha parasitado a un cangrejo Liocarcinus holsatus.

Es el primer indicio de que algo malo está sucediendo. El cangrejo no lo sabe, pero cuando se arrastró sobre algunas de las piedras en la costa, un parásito se aferró a su coraza de quitina y se alojó en la parte inferior de su cuerpo. El rizocéfalo demoró tan solo unos días en iniciar el ataque. Desplegó una serie de ramificaciones sobre la coraza del cangrejo hasta alcanzar su cerebro. Lo que hizo a continuación es lo más aterrador: empezó a cambiar el comportamiento de su anfitrión. Para ser más precisos, transformó al cangrejo en su zombi personal.

No es por nada que el rizocéfalo se encuentre en uno de los grupos animales más extraños conocidos.

 

La curiosa vida de los rizocéfalos.

El comienzo de la vida en la hembra es totalmente normal, presenta un cuerpo similar a las demás larvas de su especie. Lo que la hace diferente es una especie de aguja aserrada que aparece en su cabeza en forma de una espina dentada. Cuando la larva encuentra un cangrejo, usa esta aguja para aferrársele al estómago, y lo hace con una tenacidad feroz.

A partir de ese momento empieza a cambiar: se deshace de su caparazón de quitina, ojos, patas y se transforma en una masa amorfa de filamentos semejante al moho que recubre el área donde se aferró. A medida que avanza hacia la edad adulta, la larva del rizocéfalo presenta un cuerpo retorcido y deforme convirtiéndose en algo parecido a una formación tumorosa.

desarrollo parasito Sacculina

Evolución de un rizocéfalo Sacculina una vez que parásita a un cangrejo.

La espina se sigue desarrollando en el interior del pobre anfitrión, inyectando células en el organismo del cangrejo como si se tratara de una aguja hipodérmica. Todo lo que hace es esparcirse como un cáncer que busca cada vez más espacio infectando a los tejidos. Tentáculos fibrosos se alimentan de la grasa presente en las secreciones del cangrejo que va enfermando.

Sin embargo, cuando uno imagina que las cosas no pueden ponerse peor, el panorama se vuelve mucho más terrible.

 

Una autentica posesión.

El abdomen del anfitrión empieza a agrietarse y del interior emergen las gónadas del rizocéfalo, precisamente en el lugar donde se encontraban los genitales del cangrejo. Los ovarios del parásito atraen a los machos rizocéfalos que se aproximan para procrear. La reacción natural del cangrejo sería repeler a estos pretendientes indeseados, pero como el parásito ya consiguió cambiar su comportamiento, siente que la procreación es bienvenida, incluso si es de una especie diferente. Al final, el cangrejo permite que lo fertilice una especie muy diferente a la suya.

A estas alturas el cangrejo ya no sabe más lo que es.

cangreso y parasito gonadas

El rizocéfalo insertó en su cerebro filamentos que descargan grandes dosis de sustancias químicas que lo confunden y controlan. El anfitrión llega a creer que es una hembra y que su abdomen, cargado con huevos extraños, está repleto de crías propias. A medida que los huevos maduran, el cangrejo empieza a protegerlos y limpiarlos como si fueran suyos.

Cuando la muerte es la única esperanza para el cangrejo, el pobre anfitrión siente un impulso irresistible por desplazarse a la costa. Su cuerpo que antes era una coraza rígida, fue totalmente cambiado con el único propósito de proteger los huevos. Fue castrado y transformado en algo que no era originalmente. Una vez en la costa, su caparazón se rompe y empieza a liberar cientos de crías, en múltiples oleadas.

rizocefalo infesta cangrejo

Pese a todo, el cangrejo realmente cree que está generando una nueva camada y que cumplió su propósito reproductivo. Lo peor es que su cuerpo será devorado por las pequeñas criaturas que emergen de sus entrañas. Literalmente, el cangrejo es comido por las larvas que eclosionan en su interior, una generación que contaminará y se esparcirá dentro de sus hermanos como un cáncer para el cual no existe salvación ni cura.

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