La Quema de libros de Berlín, un preludio del infierno nazi

Cuando Adolf Hitler tomó el poder, en Alemania se dio impulso a las campañas para la “purificación de la cultura”. A pocos meses de que el Partido Nazi se apoderara del gobierno, sus integrantes organizaron la primera quema de libros de autores no alemanes, judíos y cualquier individuo que mostrara la más mínima oposición a las políticas de extrema derecha que asomaban a la distancia.

quema de libros en berlin
Quema de libros de Berlín la noche del 10 de mayo de 1933.

Instauración de los ideales del nacionalsocialismo.

La quema de libros considerados “impuros” o “nocivos” se convirtió en una práctica generalizada durante el régimen de Hitler. Posteriormente, particularmente en la última fase de la Segunda Guerra Mundial, se quemarían personas bajo las mismas justificaciones.

El autor intelectual de estas quemas de libros fue Joseph Goebbels. A través del Ministerio de Propaganda, buscó la forma de convencer a los alemanes divulgando la necesidad de exterminar todo aquel movimiento cultural que contrariaba los ideales del nacionalsocialismo. Entre el 10 de mayo y el 21 de junio de 1933, el equipo de Goebbels desplegó carteles, películas y exposiciones de “arte degenerada” como parte de las acciones propagandísticas del régimen. También se organizaron disturbios en las calles.

el nazismo y el apoyo popular
El apoyo popular resultó vital para que los nazis implementaran su ideología en Alemania.

La Quema de libros en Opernplatz.

El 10 de mayo fue particularmente trágico. Aquel día, incontables libros fueron quemados en diversos puntos de Alemania; sin embargo, la quema que sucedió en la plaza central de Berlín pasaría a la historia. Goebbels había manipulado tan bien la opinión pública que en ese lugar se dieron cita oficiales de policía, bomberos, autoridades del gobierno e incluso profesores universitarios.

Pero, lo más irónico es que la quema de libros en la plaza de Berlín fue protagonizada por estudiantes universitarios, miembros de la Liga Nacionalsocialista de Estudiantes Alemanes cuya existencia ni siquiera llegaba a una década.

Vestidos con los tradicionales uniformes marrón y la esvástica, los jóvenes irrumpieron en la biblioteca, un edificio donde actualmente se encuentra la facultad de derecho de la Universidad Humboldt de Berlín. Extrajeron más de veinte mil ejemplares de autores “degenerados” y los llevaron a la plaza pública de Opernplatz (actualmente Bebelplatz), en el corazón de Berlín.

La muchedumbre congregada observaba con total aprobación. Mientras tanto, Goebbels recitaba un discurso junto a la hoguera sobre la supuesta “reeducación” de Alemania. Alrededor del humo y las llamas, la multitud escuchaba fascinada la posibilidad de purificar al país.

goebbels dando un discurso el 10 de mayo de 1933
Joseph Goebbels ofreciendo un discurso el 10 de mayo de 1933.

El nazismo contra los intelectuales.

Las obras quemadas esa noche incluían libros escritos por intelectuales de la República de Weimar. Obras del dramaturgo Bertolt Brecht, del novelista Thomas Mann y el filósofo Friedrich Nietszche. Por supuesto, también libros escritos por autores de origen judío como Albert Einstein, Walter Benjamin, Karl Marx e incluso Sigmund Freud.

Se decía que estas obras iban contra el “espíritu alemán” al falsificar la historia promoviendo la decadencia cultural y moral del país. La lista negra estaba compuesta, en su mayoría, por obras de las ciencias humanas. El régimen nazi tuvo especial cuidado en prohibir y eliminar los libros de sociología, filosofía, historia y ciencias políticas que pudieran dar pie al debate sobre la ideología de extrema derecha. También censuraron toda aquella literatura que promoviera algún tipo de reflexión sobre el sistema.

Aunque la quema de libros en la plaza de Berlín marcó el auge de la persecución a los intelectuales, la opinión pública no se manifestó al respecto. Las editoriales vieron una oportunidad de negocio, los centros educativos callaron y los países extranjeros siguieron el evento a la distancia. De hecho, se dijo que todo había sido orquestado por un grupo de “estudiantes fanáticos”, en un intento por minimizar la tragedia.

Una de las pocas intelectuales que se manifestó contra estas acciones fue Ricarda Huch, de la Academia de las Artes de Prusia. En abril de 1933, dejó la institución con una crítica muy clara a los nazis: “la opresión, centralización, los métodos brutales, la difamación a todo aquel que piensa diferente, los autoelogios, nada de eso encaja en mi forma de pensar”, se justificó.

El monumento en Bebelplatz.

Bebelplatz monumento

En la actualidad, la Bebelplatz exhibe un recuerdo de aquel acto contra la diversidad de pensamiento. A través de un panel de cristal se puede apreciar un recinto subterráneo que alberga estantes vacíos con espacio para veinte mil libros.

En este memorial también se encuentra una frase del poeta judío Heinrich Heine: “aquello solamente fue un preludio; donde se queman libros, también se queman personas”. Curiosamente, Heine escribió esto casi un siglo antes del ascenso de los nazis al poder.

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