“Moreno”: una palabra ofensiva del pasado

Que te llamaran “moreno” en el siglo XVI significaba que pertenecías a una clase social inferior, tenías la sangre “contaminada” y eras enemigo de la fe. Motivos suficientes para convertirte en un objetivo de la Inquisición. La palabra “moreno” es una derivación de “moro”, término con el que los españoles y otros europeos identificaban a los habitantes de la región norte en África, con excepción de los egipcios.

moro

Entre el siglo VIII y XV, una variedad de reinos islámicos a los que pertenecían estos pueblos se extendieron por la Península Ibérica, por lo que en España y Portugal ver moros fue algo común durante la Edad Media. Los habitantes en esta región norte de África provenían de al menos tres grupos étnicos: negros, árabes y bereberes (o cualquier mezcla entre ellos).

Morenos, moros y mauros.

Por otro lado, el término moro vino de “Mauritania”, nombre con el que los antiguos romanos y griegos conocían a una región situada entre Marruecos y Argelia, donde habitaba una tribu berebere conocida como los Mauri. Es cierto que así nació el nombre del país actual, pero es importante aclarar que éste se ubica al sur de la región que los romanos conocieron como Mauritania (y también el nombre Mauro, empleado para referir a los que habían nacido en la región).

Pero, entre los siglos IX y XV, la élite cristiana de España y Portugal logró recuperar el dominio sobre la Península Ibérica, y la mayoría eran descendientes de los visigodos, el pueblo germánico que se asentó en el área durante las invasiones de los bárbaros al Imperio Romano. Por ello, históricamente el tono oscuro, de piel o cabello, quedó vinculado a los moros.

moriscos esclavos

Los individuos cuyos rasgos físicos encajaban en estos parámetros eran conocidos como “morenos”, una palabra con un fuerte sentido peyorativo. Entre los siglos XV y XVI, los descendientes de moros (o sefardíes, que también tenían piel de tonalidad oscura) eran los “parias” de Portugal y Brasil, una clase social sin opciones de superación que incluso fue perseguida por la Inquisición.

La persecución de los morenos o cristianos conversos.

La Inquisición se dedicó a perseguir especialmente a los cristianos conversos, aquellos que venían de religiones como el judaísmo o el islam. En 1492, Isabel I de Castilla reina de España puso un ultimátum a judíos y musulmanes: si se quedaban debían convertirse, o de lo contrario morir. Sin embargo, durante varios siglos se mantuvo la paranoia de que estos cristianos conversos seguían profesando su antigua religión en secreto.

ilustracion otelo

Precisamente, la Inquisición se dedicaba a analizar estas sospechas y acusaciones mediante los atroces métodos de tortura que la hicieron tan famosa. El simple hecho de ser moreno era suficiente para figurar como objetivo de esta clase de investigación.

El término “sangre azul” es otro resquicio del racismo extremo que prevalecía en ese entonces: una piel pálida es capaz de revelar las venas azuladas sobre ella; mientras tanto, la piel morena (o bronceada, como la de los siervos), no. Aquellos nobles de ascendencia germánica solían pasar sus vidas en las sombras que proporcionaban los castillos, por eso se les conocía como “sangre azul”.

De hecho, en España y Portugal prevalecieron algunas “leyes de sangre limpia” cuyo objetivo era prevenir que cualquier descendiente de cristianos conversos (es decir, morenos) ocupara cargos públicos. Por eso, los nobles y las familias más acomodadas solían segregarse, jamás permitiendo matrimonios con morenos.

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