Misteriosa isla en Tonga intriga a científicos de la NASA

La Tierra presenta una superficie segmentada en partes sólidas conocidas como placas tectónicas. Imagínalas como un gigantesco rompecabezas que flota sobre el manto terrestre, una capa extremadamente caliente compuesta de magma que puede alcanzar los 3,500 °C en las regiones próximas al núcleo. Los terremotos son los fenómenos más conocidos del movimiento y choque entre estas placas, pero muchas otras cosas suceden durante estos encuentros.

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El movimiento de las placas implica un proceso denominado subducción, en el que una se sitúa por encima desplazándose hacia arriba mientras la otra literalmente se sumerge en un océano de magma cuyas profundidades máximas alcanzan los 100 kilómetros, donde termina derritiéndose. Parte de este magma busca una salida abriéndose camino, ocupando espacios y derritiendo las rocas más frágiles hasta que alcanza la superficie como lava. El proceso es bien conocido y sucede en todos los volcanes activos del planeta.

Cuando estos desplazamientos se producen en el océano, la fuga de lava terminada formando un volcán submarino: a medida que la lava sale, entra en contacto con el agua y se enfría, solidificándose, ocasionalmente produciendo una acumulación de material tan grande que emerge a la superficie formando una isla.

La nueva isla en Tonga.

Es una clase de archipiélago conocida como “arco insular”, producido por una fuerza tan violenta que a lo largo del último siglo tan solo tres islas resistieron lo suficiente como para que las incluyeran en los mapas. Y es que cuando la lava presenta altas concentraciones de óxido de silicio (por encima del 60%), las probabilidades de explosión aumentan drásticamente. Así, muy pocas de las islas que emergen en un arco insular logran sobrevivir más allá de una cuantas semanas.

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Pero, en los últimos años un caso especial de arco insular ha intrigado a investigadores de la NASA. En diciembre de 2014, en las proximidades del Reino de Tonga un volcán submarino entró en erupción. Un año después, en enero de 2015, se registró la aparición de una nueva isla en la zona con un pico que llegaba a los 120 metros de altura. Todavía no se le otorga un nombre oficial, pero los locales empezaron a llamarla “Hunga Tonga-Hunga Ha’apai”.

Lo curioso de esta situación es que la isla, varios años después de su formación, sigue firme y resistiendo la constante erosión de las olas. Tras analizar durante un tiempo la isla, el equipo de Dan Slayback, del Goddard Space Flight Center de la NASA, finalmente logró arribar al lugar en diciembre del año pasado. Esta isla es particularmente interesante para la agencia espacial estadounidense pues podría ayudar a comprender la formación de estos relieves tanto en la Tierra como en Marte.

Lodo pegajoso.

Desde las imágenes satelitales observaron arena negra, y supusieron que era resultado de la granulación de roca ígnea. Sin embargo, al llegar encontraron que se trataba de una grava espesa conformada por granos del tamaño de un guisante. Además, algunas plantas que probablemente fueron transportadas por pájaros ya habían empezado a poblar la superficie, e incluso localizaron el nido de un búho.

isla en Tonga

Sin embargo, lo más extraño fue un lodo muy parecido a la arcilla, de apariencia gelatinosa y origen desconocido. “Resulta extremadamente pegajoso. No sabemos de lo que se trata, y todavía estamos confundidos respecto a su origen. No es una composición de ceniza volcánica”, dice Slayback en una publicación de la NASA.

Si consideramos que la erosión en estas formaciones de roca volcánica es muy intensa, probablemente la isla estará ahí al menos tres décadas, tiempo suficiente para que los científicos den seguimiento profundo al crecimiento de estos lugares.

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