Encefalitis letárgica: la enigmática enfermedad del sueño

En la Gran Bretaña de comienzos del siglo XX, entre la alta sociedad existió un hombre llamado Ralph Richardson, una especie de celebridad cuya esposa llevaba por nombre Muriel “Kit” Richardson. Ralph se encontraba en el auge de su carrera como actor de teatro y la pareja solía aparecer frecuentemente en las columnas de sociales en Londres. Sin embargo, todo esto cambió de forma dramática a mediados de 1925, el día que Kit le dijo a su esposo no se sentía bien: presentaba cefaleas muy fuertes y no paraba de quejarse de una gripe persistente.

Bella durmiente

Creyó prudente quedarse a guardar reposo en casa y no acompañar a su cónyuge a un estreno teatral. Pero antes le aseguró no era nada grave.

Al día siguiente, Ralph Richardson encontró que el estado de su mujer había empeorado. Tuvo serias dificultades para despertarla, pues lo único que Kit deseaba era seguir durmiendo. Un médico que acudió hasta el domicilio le recetó algunas vitaminas e indicó que descansara algunos días. Los tres días que siguieron la mujer se la pasó dormida, solamente despertaba para alimentarse y ocasionalmente asistir al baño.

Al cuarto día, cuando Ralph no logró despertarla de ninguna forma, tomó la decisión de internarla en un hospital. En ocasiones, Kit parecía despertar brevemente, abría los ojos, pero no se encontraba totalmente consciente. Parecía víctima de alguna especie de trance del que le resultaba imposible escapar, no estaba dormida, pero tampoco estaba enteramente despierta. La mujer jamás logró salir de dicho estado.

Muriel “Kit” Richardson quedó en estado vegetal y no volvió a despertar. Un equipo de ayudantes y enfermeras se turnaron para alimentarla, limpiarla y tratarla durante las dos décadas que siguieron. Durante esos 20 años, la mujer durmió profundamente y no fue la única.

 

La misteriosa “enfermedad del sueño”.

A lo largo de una década, desde 1915, se registró la diseminación de una extraña enfermedad alrededor del mundo en que las personas temían dormir y jamás volver a despertar. Se trataba de la infame “enfermedad del sueño”, una condición que transformaba a los afectados en auténticos seres oníricos. Estos individuos se volvían prisioneros de sus propios cuerpos en un estado de coma perpetuo donde aparentemente soñaban sin la esperanza de despertar algún día.

Tras la culminación de la Primera Guerra Mundial, esta enfermedad, que recibió el nombre oficial de encefalitis letárgica, llegó a afectar una gran cantidad de personas en todo el planeta y dejó a los profesionales de la salud profundamente intrigados. Algunas estimaciones apuntan a que un millón de seres humanos se vieron afectados por la extraña condición y terminaron muertos, mientras que otros simplemente durmieron durante muchos años y jamás volvieron a despertar.

Enfermedad del sueño

Como Muriel Richardson, pasaron el resto de sus vidas en cama. Para hacer frente al problema, algunas instituciones médicas empezaron a admitirlos, también asilos y alas hospitalarias fueron construidas a las prisas para hospedar a aquellos pacientes que simplemente dormían. En el último siglo, algunas de las mentes más brillantes en el mundo de la medicina han procurado una explicación para lo que sucedió a estos individuos.

¿Qué extraña enfermedad los aquejaba? ¿De qué forma tratarla o hacer frente a los síntomas? Y, lo más importante: ¿cómo traer a estas personas de vuelta?

 

Las primeras víctimas de la encefalitis letárgica.

Uno de los aspectos más aterrorizantes de esta historia es que hoy, los investigadores saben apenas un poco más sobre la condición que aquellos médicos encargados de tratar a los primeros pacientes. Este “virus del sueño” se mantiene como uno de los más grandes misterios en la historia de la medicina y es un enigma difícil de resolver.

La enfermedad entró en escena en el mismo período que una pandemia de gripe española diezmaba de forma descontrolada a casi 50 millones de persona. Quizá a esto se deba que muy pocas personas conozcan sobre la “enfermedad del sueño”, pese a que llegó a afectar una gran cantidad de víctimas. La gripe española recibió tanta atención que terminó encubriendo otras enfermedades, relegándolas a un segundo plano.

La gran guerra

Aunque el grueso de los casos se presentó en los meses que siguieron a la Primera Guerra Mundial, se cree que los primeros enfermos aparecieron entre 1915 y 1916 cuando varios soldados del frente occidental empezaron a manifestar un cuadro clínico en el que se incluían síntomas como la confusión mental y el letargo.

A estos hombres les resultaba imposible concentrarse: se quejaban de persistentes dolores de cabeza, náuseas y malestar general. Los médicos parisinos fueron los primeros en tratar la condición, pero tuvo que pasar al menos un año para que comprendieran se trataba de una enfermedad hasta entonces desconocida.

Al principio creyeron que se trataba de un efecto secundario de la exposición directa a los gases tóxicos empleados por ambos bandos durante el conflicto en las trincheras, y el principal sospechoso era el temido gas mostaza. Sin embargo, dicha teoría fue desestimada toda vez que personas alejadas de los campos de batalla empezaron a manifestar los mismos síntomas de la extraña enfermedad.

Batalla de menin road, belgica 1917

 

Síndrome de von Economo.

Constantin Von Economo, un neurólogo de Viena, fue uno de los pioneros en la investigación de esta enfermedad. A través de un ensayo titulado “Die Encephalitis Lethargica”, hizo la descripción de la enfermedad que afectaba tanto civiles como combatientes. Y no pasó mucho tiempo hasta que el nombre del científico fue asociado con este nuevo padecimiento, por lo que la encefalitis letárgica empezó a ser conocida como Síndrome de von Economo.

Die encephalitis lethargica portada von economo

Von Economo detalló la enfermedad como sigue:

“Estamos haciendo frente a una enfermedad hasta ahora desconocida. Creo que jamás ha sido contemplada por la ciencia médica pues no consta en ningún libro. Los pacientes afectados padecen un profundo letargo, duermen profundamente durante largos periodos de tiempo, en ocasiones sin posibilidad de volver a despertar. Los primeros síntomas son agudos dolores de cabeza y malestar. A continuación, se presenta un estado de somnolencia creciente, ocasionalmente asociado a delirios y alucinaciones. El individuo percibe una notable dificultad para mantenerse despierto y su cuadro general se distingue por un agotamiento físico y mental. La víctima se vuelve incapaz de proporcionar respuestas claras, comprender su situación o desarrollar una línea racional de pensamiento. Este nivel de somnolencia puede conducir a brotes de sonambulismo que son un riesgo para su seguridad. Pudiendo ocasionar muertes accidentales.

Aquellos individuos que no son atendidos pueden morir en cuestión de semanas, pues se vuelven incapaces de satisfacer sus propias necesidades. Los afectados parecen no sentir hambre o sed, y definitivamente languidecerían de no recibir ayuda para alimentarse. La situación puede manifestarse durante meses o periodos más extensos, con variaciones entre el estado de somnolencia, un profundo estupor o el coma”.

 

Enfermedad de Cruchet.

La descripción de la enfermedad que realizó von Economo en 1917 en un periódico médico es muy detallada y precisa: las personas literalmente morían de sueño. Otro personaje que estudió la enfermedad fue el patólogo francés Jean René-Cruchet, quien llegó a escribir un importante tratado sobre el tema. De acuerdo con este científico, la enfermedad se describe en los siguientes términos:

“A las víctimas se les puede considerar conscientes y despiertas – aunque no estén plenamente despiertas; pueden sentarse en sillas y mantenerse inmóviles y en silencio durante todo el día. Carecen de iniciativa, energía, ímpetu, motivación, deseo, apetito o sed. Son capaces de registrar lo que sucede en su entorno, pero sin atención y con una profunda indiferencia. No se comportan como las personas vivas, son tan insustanciales como fantasmas, pasivos como zombis”.

Poco después que los médicos hicieran públicos sus hallazgos, la temible epidemia había migrado de los campos de batalla a las ciudades, cobrando víctimas casa por casa y consumiendo vidas. Nadie comprendía lo que estaba sucediendo y ante la falta de una cura, se limitaban a cuidar al enfermo permitiéndole dormir.

 

Casos de encefalitis letárgica alrededor del mundo.

En la ciudad de Montreal, en Canadá, un prominente empresario llamado Melvin Berridge manifestó los síntomas de la enfermedad del sueño. En el año de 1921 empezó a quejarse de fuertes dolores de cabeza y dificultad para concentrarse, a las pocas semanas fue incapaz de mantenerse enteramente despierto. Berridge terminó muriendo en un trágico accidente cuando lo atropellaron cerca de su vivienda. Un día, empezó a caminar dormido y fue impactado por un automóvil mientras atravesaba la calle.

Mujer durmiendo entre ramas secas

Un soldado llamado Alvin Brandt, residente de Frankfurt que había participado en las trincheras en Ypres, pasaba la mayor parte del tiempo dormido desde su retorno de los campos de batalla. Ocasionalmente despertaba y siempre se mostraba sorprendido al descubrir que había regresado a casa de sus padres. En su confusión creía que todavía estaba en el frente de guerra, a pesar que el conflicto había culminado varios años antes. En un momento de lucidez, Brandt tomó la decisión de ahorcarse para poner fin a su miserable “existencia”.

Y muchos otros casos surgieron en diversos rincones del mundo.

 

Una enfermedad irreversible.

La encefalitis letárgica es una enfermedad que se manifiesta como una “inflamación en el cerebro que genera un profundo estupor”. No existe cura o tratamiento disponible hasta la fecha. De acuerdo con algunas estadísticas, sólo 2 de cada 10 personas que son afectadas por el padecimiento logran sobrevivir más de 5 años, dependiendo de la supervisión y ayuda profesional que se les preste. Aquellos que lograban pasar este periodo y contaban con un cuidado constante podían vivir durante muchas décadas.

La enfermedad se ha manifestado en personas de todas las edades, pero los casos se concentran en personas jóvenes entre los 15 y 35 años. Según las descripciones de la época, la enfermedad se manifestaba con las características de una infección normal: jaqueca, fiebre, dolor de cabeza y escurrimiento nasal.

Aquellos pacientes afectados no tenían forma de saber que sus organismos empezaban a librar una batalla desesperada contra una enfermedad letal, un mal invisible que pretendía deteriorar sus cerebros. Las autopsias que llegaron a practicar investigadores como el propio von Economo apuntaban que una de las causas del letargo era una inflamación desproporcional en el hipotálamo.

Cuerpo calloso cerebro

Esta región del cerebro es pequeña pero sumamente importante en el control de diversas funciones, entre las que destaca el sueño. La infección provocaba un daño masivo del que no había recuperación y se condenaba a la víctima a un estupor continuo.

Aproximadamente una década después que von Economo publicara la primera descripción de la enfermedad, la epidemia de encefalitis letárgica empezó a desvanecerse tan súbitamente como había aparecido. Sin duda alguna fue un alivio, pero para entonces la enfermedad del sueño ya se había cobrado muchas víctimas.

 

La enigmática encefalitis letárgica.

Los científicos creen que la enfermedad surgió a partir de una mutación de alguna enfermedad viral o bacteriológica extremadamente rara, posiblemente vinculada al virus de la influenza que desató la gripe española. Ante la ausencia de una nueva epidemia a gran escala, es difícil que vuelva a aparecer. Sin embargo, algunos investigadores sugieren que no está confinada a los libros de historia y temen que pueda resurgir en el futuro.

John Oxford, un renombrado virólogo, cree que la humanidad todavía no se ha librado de la encefalitis letárgica.

“Creo que, independientemente de lo que haya causado la aparición de esta enfermedad, algún día las condiciones pueden volver a repetirse. Hasta que no sepamos lo que provocó su aparición, no seremos capaces de prevenir una reaparición, lo que sería desastroso”, advirtió.

Paisaje urbano apocalipsis

En el año de 1993, una pequeña llamada Becky Howells se convirtió en el primer ser humano en manifestar los síntomas de la enfermedad desde la década de 1930. Afortunadamente, un cóctel de antibióticos administrado a las prisas logró limitar el desarrollo del cuadro y la joven se recuperó de un coma que duró 3 meses.

Desde entonces, epidemiólogos en colaboración con agencias de salud de diversos países rastrean cualquier caso sospechoso, procurando determinar a tiempo el resurgimiento de la infame enfermedad del sueño. En 2002, al menos 6 casos fueron reportados en Mozambique y pusieron en vilo a las agencias de monitoreo; sin embargo, la enfermedad no llegó a desarrollarse más allá de esta región. En 2007 se detectó un caso en Bolivia, pero un tratamiento oportuno se mostró eficaz y la víctima logró recuperarse.

¿Qué provocó la enfermedad, bajo qué circunstancias apareció y cómo puede prevenirse en caso de que vuelva a suceder? Hasta que la ciencia sea capaz de responder estas cuestiones, tendremos que dormir con la preocupación.

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