Alguien ha estado narrando toda mi vida

Siempre ha estado allí. Y aunque no sé si se trata de un “él” o “ella”, definitivamente me atrevo a decir que es una voz masculina. He tenido la oportunidad de ver la parte posterior de su cabeza, pero jamás su rostro. Viste una gabardina negra abrochada hasta el cuello, de modo que lo único que puedo ver es la parte posterior de su cabeza y sus zapatos negros.

mujer aterrada ojo

No puedo comunicarme con él y nadie más puede verlo ni escucharlo, me di cuenta de esto hace muchos años. En todo momento está parado a unos cuantos metros frente a mí, dándome la espalda mientras narra mi vida. Generalmente, mis días siguen una rutina idéntica y siempre empiezan con la misma frase:

“Natalia despierta y se da vuelta en la cama”.

Cada día dice lo mismo pues realmente es lo que hago. El mundo es tan rutinario, mi vida no es tan interesante después de todo. He aprendido a vivir con esto, al punto que casi puedo ignorarlo. Jamás le he contado a nadie sobre él por que estoy segura de que nadie me creería. Entonces, lo único que me queda es aprender a vivir con esto y desconectarlo en aquellos momentos que es realmente necesario.

Hace una semana cocinaba la cena: pure de papas con unos tacos de frijoles negros. Lo desconecté de la forma habitual. Sin embargo, cuando picaba cebolla para los tacos mencionó algo que terminó atrapando mi atención.

“Natalia pica cebolla inocentemente, sin sospechar que está en grave peligro”.

Me helé con el cuchillo sobre aquel pequeño montón de cebolla, y lo miré. Estaba parado al otro lado de la cocina, a unos cuantos metros frente a mí.

“¿Qué?”, le pregunté a sabiendas de que no respondería. Aunque en ese momento me habría asustado mucho si lo hiciera. Se quedó en silencio durante varios minutos, así que volví a picar la cebolla limpiando con mi dedo los trozos de cebolla que se pegaron en el cuchillo y cortándome en el proceso.

“¡Maldición!”, dije mientras me daba vuelta y enjuagaba el cuchillo y el dedo bajo el chorro de agua.

“Natalia se cortó y su sangre brota, complaciendo al que observa”.

Cerré el grifo y me di la vuelta. Estaba en el mismo lugar, y estoy segura de que lo escuché perfectamente. Me puse paranoica así que fui a la ventana a mi izquierda y bajé las persianas. Cené, lavé los platos y arreglé la cama sin ningún otro comentario extraño. Cuando el sueño empezó a vencerme, estiré la mano y apagué la lámpara que está sobre el buró. Me recosté sobre mi lado izquierdo y cerré los ojos.

el limbo

“Natalia se da vuelta, cierra los ojos y se recuesta tranquilamente en su cama. Lo que no sabe es que pronto enfrentará un terrible destino que culminará con su muerte”.

Abrí los ojos, me senté en la cama y observé su silueta. Esperé algunos minutos, pero no volvió a decir una sola palabra y finalmente me dormí. La alarma me despertó a la mañana siguiente.

“Natalia despierta y se da vuelta en la cama, un día más cerca de su irremediable muerte”.

Me levanté, entré al sanitario y cerré la puerta con fuerza, enojada y un poco aterrada al mismo tiempo. Durante todos estos años se limitó a narrar mi vida y jamás mencionó algo aterrador o inusual, ¿qué había pasado? Abrí el grifo y empecé a lavar mi cara.

“Natalia se lava la cara, parece no comprender que resulta mucho más fácil que alguien la ataque cuando tiene los ojos cerrados”.

Retiré el jabón de mis ojos y observé mi reflejo junto al suyo, parado detrás de mí. Me las arreglé para enjuagar mi cara con los ojos abiertos y secarme sin tapar mi visión. Toda la semana transcurrió de forma similar. Las típicas narraciones con uno que otro detalle espeluznante.

“Él vendrá dentro de poco. Es inevitable. Natalia debe morir”.

Cada vez que mencionaba algo así me ponía paranoica y miraba a mi alrededor. Pasé la semana entera en un estado permanente de paranoia y ansiedad. Apenas y concilié el sueño ante el terror de que alguien pudiera atacarme en el medio de la noche. Guardé un spray de pimiento bajo la almohada y dejé un cuchillo en el cajón del buró.

Ayer, las cosas se pusieron mucho más inquietantes.

“Los días de Natalia están contados”.

“El que observa llegará dentro de poco”.

“Natalia se siente ansiosa, como debería estar”.

“El que observa se siente muy emocionado de asesinar a Natalia”.

“No hay escapatoria, sólo la muerte”.

el guardian del tiempo

El temor de que algo me sucediera me llevó a recluirme en casa. Anoche, después de preparar la cama y cepillarme los dientes, observé su reflejo en el espejo. Mientras usaba el enjuague bucal, volvió a hablar.

“Natalia se cepilla los dientes por última vez. Mañana morirá”.

Terminé escupiendo el enjuague bucal, ahogándome con un poco que bajó por mi garganta. Tosí y jadeé.

“Natalia se está ahogando con el enjuague bucal, siente que está muriendo. Pero aún no es su turno. Eso será mañana”.

Logré reponerme y me dirigí a la cama, a rastras y dejando todas las luces encendidas. Lo único que necesitaba era despertar a media noche y tener que hacerle frente a un asesino en la oscuridad. Hoy me desperté un par de horas antes que mi alarma. Seguía viva y todo estaba en su lugar. Quizá no moriría hoy. Tal vez todo fue simple casualidad.

Entré al baño y tomé mi cepillo de dientes. Saqué un poco de pasta dental, la puse sobre el cepillo y me lo llevé a la boca. Cuando miré mi reflejo en el espejo, un escalofrió recorrió mi espalda.

Escupí en el lavabo y observé alrededor del baño. Me asomé a la habitación y eché un vistazo allá también. Recorrí las otras habitaciones de la casa, pero no lo encontré por ninguna parte. Se había ido. Me siguió durante veinticinco años narrando mi vida y ahora, cuando supuestamente debía morir, simplemente desapareció.

De cierta forma esto hizo que me sintiera peor pues, aunque decía cosas perturbadoras, me advertía del tiempo que me quedaba. Ahora no había nada más que esperar y ver que sucedía.

Es imposible evadir esa sensación de que definitivamente voy a morir. ¿Pero, cómo? ¿Quién es “el que observa”? ¿Qué significa todo esto?

He estado todo el día en la cocina. Imagino que aquí tengo más rutas de escape, así como armas para defenderme, y probablemente es más seguro aquí que en mi pequeña habitación.

Hasta ahora, nada ha sucedido. Todo el día he estado en completo silencio, lo que me parece muy extraño pues nunca había experimentado un silencio similar. Hace aproximadamente una hora, las luces de la casa empezaron a parpadear, pero el inconveniente duró unos cuantos segundos y todo volvió a la normalidad.

desolacion anciano en el limbo

No sé que esperar, aunque creo que probablemente estoy más segura en casa. Bueno, eso creía hasta que alguien llamó a la puerta. Me levanté y atravesé la sala de estar hasta la entrada, donde observé por la mirilla. Era él. Estaba parado en el porche de espaldas, como siempre. No me moví, ni siquiera respiré mientras lo veía allí parado.

Aún esta allí, aunque no ha dicho una sola palabra. Todavía me encuentro en mi cocina, sin saber qué hacer. Hace algunos minutos lo escuché murmurando algo, así que me levanté y fui a escuchar más de cerca.

“Mil, novecientos noventa y nueve, novecientos noventa y ocho, novecientos noventa y siete…”

Sigue contando, y me quedan alrededor de diez minutos. Me di cuenta que mientras se acerca al cero se pone más y más oscuro allá afuera, a pesar de que son las tres de la tarde. Cada vez que me asomo por la ventana, algo desaparece. Cada vez que algo se va, lo reemplaza la oscuridad. Y él sigue contando.

Esta podría ser la última vez que me comunique. Hoy voy a morir.

8 comentarios en “Alguien ha estado narrando toda mi vida”

  1. Llevo tiempo diciendole a mi hija que deje de ver videos de creepypasta, que mejor los lea como le hago yo aqui en marcianos. Pero despues de leer este, creo que mejor los siga viendo alla en youtube…

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