7 tendencias de conservación que guardan esperanza de un mundo mejor

La escasez de agua (e incluso los apocalípticos días cero) ya son una realidad tangible en diversas regiones del mundo, navegamos entre toneladas de plástico y la contaminación ha quitado la vida a más personas que todas las guerras juntas. Es algo preocupante, y como muy pocas naciones se esfuerzan en llevar a término los compromisos establecidos en el Acuerdo de París, el futuro de nuestro planeta no pinta nada bien para los humanos.

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Sin embargo, se suele decir que lo último que muere es la esperanza y una ONG ambientalista llamada The Nature Conservancy señaló algunas tendencias globales que arrojan un poco de luz al final del oscuro túnel de la conservación.

 

1 – La recuperación de nuestros mares.

Las aguas internacionales comprenden aquellas porciones de océano que no se encuentran dentro de las fronteras de ningún país, es un espacio tan vasto que representa a la mitad de nuestro planeta, o dos terceras partes de sus mares. Como se trata de regiones “sin ley ni dueño”, por lo general son las más castigadas, convirtiéndose en puntos realmente preocupantes de contaminación y sobrepesca.

Sin embargo, en un esfuerzo conjunto a finales de 2017, un grupo integrado por 140 países promovió una resolución en las Naciones Unidas que tiene como objetivo regular las acciones del hombre en estas “aguas sin dueño”. Este proyecto ha venido siendo estructurado a lo largo de los últimos 10 años, y ha llegado el momento en que los países participantes elaboren sus propias versiones de un acuerdo formal que se discutirá a lo largo de cuatro reuniones, la primera de las cuales tendrá lugar en septiembre de este año.

Marina en puerto chiapas

Se busca el establecimiento de un tratado internacional, que un “Acuerdo de París para los océanos” sea aprobado y firmado en 2020. Evidentemente, las negociaciones serán un tema complicado pero resulta imprescindible que se llegue a un acuerdo, sobre todo si los humanos aún tenemos interés en que los océanos sigan absorbiendo carbono, regulando el clima, preservando la biodiversidad y proporcionando alimento.

 

2 – La naturaleza se está convirtiendo en tema de salud pública.

Las grandes metrópolis han empezado a llevar a cabo cambios paulatinos en las prácticas de salud pública. Tanto gobernantes como gestores de la salud han empezado a reconocer las fuertes conexiones que existen entre la naturaleza y la salud humana.

Grandes centros urbanos como Seúl, en Corea del Sur, y Johannesburgo, en Sudáfrica, establecieron metas ambiciosas en la plantación de árboles y la preservación de áreas verdes como uno de los caminos para combatir la contaminación del aire, un problema que es asociado a millones de muertes prematuras durante todo el año.

Calles de sofia, bulgaria

Aseguradoras estadounidenses desarrollan planes de salud donde se incluyen inversiones en espacios verdes de zonas urbanas como una forma de cuidado preventivo. Además, en Louisville, Kentucky, se lleva a cabo la primera prueba clínica controlada para evaluar la influencia que tienen los árboles en la salud humana.

Por otro lado, las investigaciones sobre la importancia de las cuencas hidrográficas en la salud de poblaciones rurales podrían funcionar como catalizador para una acción conjunta entre profesionales de la salud, desarrollo y conservación alrededor del mundo.

 

3 – La inversión de impacto.

Hace aproximadamente una década se acuñó el término “inversión de impacto”, que hace referencia a aquellas acciones que además de generar lucro, promueven beneficios tangibles para la sociedad y/o el medio ambiente. Desafortunadamente, hasta ahora solamente iniciativas de menor tamaño han apostado por este modelo de negocio. Pese a esto, el éxito que se ha observado ha empezado a generar una base de confianza para los grandes fondos de inversión, que empiezan a incursionar en áreas como la resiliencia climática y seguridad alimentaria.

Climatic resilience villas

Si la tendencia se mantiene constante, la inversión privada podría llenar un hueco de US$ 300 a US$ 400 mil millones en necesidades globales de financiamiento para la conservación.

 

4 – Las soluciones naturales.

Cuando se habla de cambio climático, hay dos problemas principales que debemos resolver: eliminar el dióxido de carbono presente en la atmósfera y frenar las nuevas emisiones. El primer problema tiene una solución económica, natural y barata: la propia naturaleza. Un grupo de investigación conformado por 16 científicos de diversas partes del mundo, llevó a cabo un estudio donde concluyó que las “soluciones climáticas naturalespodrían comprender un 37% de las acciones de mitigación de dióxido de carbono de forma rentable hasta el 2030, incrementando en un 66% las posibilidades de lograr que el calentamiento global no supere los 2°C en este siglo.

Plantando un nuevo arbol

Para que nos hagamos una idea de la importancia de estas soluciones naturales maximizadas, si llegáramos a restaurar y administrar de forma correcta los bosques, tierras agrícolas, campos y pantanos para almacenar y prevenir la emisión de gases de efecto invernadero, sería el equivalente a dejar de quemar todo el petróleo que se consume en el planeta. Gracias al sustento científico, aumentan las iniciativas para financiar este tipo de “soluciones naturales”.

 

5 – Una convivencia consciente con la naturaleza.

Lugares como Países Bajos poseen la costumbre de funcionar con el agua y la naturaleza; sin embargo, la gravedad del cambio climático ha empezado a movilizar a diversas comunidades alrededor del mundo para seguir estos ejemplos.

Por ejemplo, ciudades como Filadelfia y Seattle, en los Estados Unidos, o Shenzhen, en China, han empezado a crear conciencia entre la población y a desarrollar proyectos para la conservación del medio ambiente entre los que podemos mencionar los jardines infiltrantes, zanjas de infiltración, restauración de zonas pantanosas y otros espacios verdes para administrar el agua pluvial, recargar los mantos acuíferos así como reducir las inundaciones y la contaminación.

Proyecto de jardin infiltrante

En otras ciudades se elaboran fondos para invertir en proyectos que preservan los manantiales de agua, consecuentemente ofreciendo una mejora en la salud y el bienestar de las comunidades locales. Mientras tanto, en las ciudades costeras se promueve la preservación de los manglares, las dunas y los arrecifes que ofrecen protección natural contra inundaciones, erosión y huracanes. Invertir en estos sistemas naturales resulta en multitud de beneficios para la conservación.

 

6 – Energía auténticamente limpia.

Las estimaciones globales señalan que hasta un 80% de las nuevas inversiones en generación de energía podrían destinarse al área de las renovables a medida que se vayan haciendo económicamente más accesibles. Sin embargo, los expertos advierten que si no se tiene precaución con la ubicación de estas instalaciones, los beneficios por la reducción en las emisiones de carbono podrían ser opacados por la pérdida y perturbación del hábitat en servicios críticos del ecosistema.

Como ejemplo tenemos a las represas hidroeléctricas planeadas, que podrían llegar a fragmentar hasta 300 mil kilómetros de río. Por otro lado, el uso de terrenos para las plantas de energía solar y eólica ha provocado que la producción de energía se convierta en el principal rubro responsable del cambio en el uso de suelo en los Estados Unidos. Pero todo esto tiene una solución.

Hidroelectrica

Realizando esfuerzos de planeación a gran escala y modificaciones en las prácticas de desarrollo de estas instalaciones, se puede reducir el impacto en los hábitats, impulsando la aceptación de fuentes de energía limpia. Y lo mejor es que se trata de un cambio que ya está en marcha. Países como Myanmar empiezan a adaptarse a estos cambios en el abordaje de sistemas para la gestión de energía hidroeléctrica y agua donde se equilibra la generación de energía y la conservación del río. En muchas regiones de los Estados Unidos también se están llevando a cabo cambios en la forma que se implementan los sistemas de generación de energía eólica y solar para minimizar las afectaciones en los hábitats que resultan vitales.

 

7 – Las nuevas ciudades verdes.

Arquitectos, planeadores e incluso alcaldes han empezado a reformular el concepto de “ciudad sustentable”, proporcionando un nuevo significado al concepto de eficiencia energética y recolección de carbono con un marcado énfasis en la funcionalidad y habitabilidad de las ciudades para las personas y, sobre todo, otras especies. La red de 100 Ciudades Resilientes promovida por la Fundación Rockefeller es punta de flecha en un abordaje futurista que tiene como objetivo promover la protección de los habitantes frente a amenazas como el cambio climático.

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Además, existe un creciente movimiento de “ciudades biofílicas” donde se hace énfasis en la importancia de incluir la naturaleza para diversos propósitos, desde la protección de la biodiversidad, la estética, hasta la infraestructura y salud pública.

 

Aunque existan muchas tendencias positivas, los humanos aún deben recorrer un largo camino en lo que respecta a objetivos globales compartidos. El Acuerdo de París debe tomarse como una base, no como la solución, para una acción climática global, algo que requiere de un esfuerzo colectivo para frenar los crecientes cambios climáticos.

Muchos países y corporaciones no se han preocupado por cumplir con los compromisos establecidos. En lo que respecta a los bosques, la pérdida en la cobertura de árboles alcanzó una cifra récord de 29.7 millones de hectáreas en 2016 – hablamos de un área del tamaño de Nueva Zelanda – que es 51% superior a lo que se observó en 2015. Este es un buen año para que empecemos a preocuparnos por cumplir con las metas globales.

Cultura General
  • Leonardo Feb 20, 2018

    MUY buena la intención de ver el mundo de una forma mas optimista, y si ojala se dé, pero desgraciadamente veo que esto hasta ahora casi que son cosas muy poquitas para el gran daño que hemos hecho y que muy seguramente nuestros hijos se les pasara la factura de lo que sus padres le hicieron a su planeta y que van a sufrir por nuestra culpa, el ser humano es una plaga para el planeta esa es la realidad.

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