3 relatos de terror que provocan escalofríos

¿Estás listo para una buena tanda de historias espeluznantes? Recomendamos que te pongas en ambiente: deja esta lectura para la noche, preferiblemente para antes de ir a dormir y no se te olvide apagar las luces. Dile adiós a tus dulces sueños, pues una vez que termines de leer se convertirán en pesadillas. Espera. ¿Escuchaste eso? Parece que viene de debajo de la cama…

cuentos de terror lampara encendida por la noche

1 – Sal ahora.

Cuando era adolescente, solía vivir en una casa con un espacio abierto en la parte posterior que daba a un área común llena de senderos donde las personas de la ciudad solían hacer caminatas. Era usual ver a los corredores y personas que salían a pasear con sus mascotas en este lugar.

Bien, pues cierta noche tuve una pesadilla muy espeluznante en la que una anciana se colaba a mi cuarto y trataba de convencerme de que saliera de casa. La pesadilla terminó despertándome, me levanté a tomar un poco de agua y apagué el ventilador pues sentía mucho frío. Al poco tiempo me volví a quedar dormido.

sal ahora

Regresé exactamente al mismo sueño, con la anciana dentro de mi habitación diciéndome con voz calma: “debes salir ahora”. Me negué, le dije que hacía demasiado frío. Cuando volví a despertar el ventilador seguía encendido. Creí que me había confundido o que el botón se había atascado, por lo que me levanté a apagarlo y regresé a dormir.

El sueño volvió a repetirse, pero en esta ocasión la anciana tenía una apariencia demacrada y parecía muy agitada. Prácticamente me gritaba “¡Ve afuera! Debes salir, ahora”. En el sueño me levanté de la cama y la seguí hasta la puerta, pero cuando entré al corredor había desaparecido. Cuando me desperté, realmente estaba de pie en el maldito pasillo. Nunca he padecido sonambulismo, y esta fue la única vez que me sucedió. Por si fuera poco, cuando regresé a mi habitación encontré el ventilador encendido.

Obviamente me asusté, así que fui al refrigerador para comer algo y después me puse a ver televisión algunas horas hasta que me calmé. Cuando regresé a dormir eran casi las 6 de la mañana y, por fortuna, la anciana del sueño no regresó.

La parte tenebrosa de esta historia es que, un par de días después, observé algunas sirenas de policía en el espacio público detrás de la casa y más tarde le pregunté a mamá lo que había sucedido. Me contó que localizaron el cadáver de una mujer de la tercera edad que fue reportada como desaparecida algunos días antes. Probablemente murió de un ataque al corazón o un derrame cerebral en ese sendero.

 2 – La tierra recuerda.

Una noche decidí acampar en las inmediaciones de una antigua represa del río. Ya era tarde cuando saqué la canoa del agua, así que simplemente puse la lona encima y me metí debajo para dormir. En medio de la oscuridad me despertó el sonido del agua rugiendo. Cuando salí de la lona para ver lo que sucedía, el sonido simplemente se fue. Creí que lo había soñado o que era el viento golpeando contra los árboles.

bosque aterrador

Cuando me volví a meter a la lona el sonido continuó. Volví a salir, pero en esta ocasión no se detuvo. Era un ruido ensordecedor que se hacía cada vez más fuerte. Como si una pared gigantesca de agua se abriera paso por el bosque. Incluso mis perros tenían los pelos de punta.

A toda prisa retiré la lona de la canoa, me dirigí hasta la colina más alta que encontré y esperé para ver de dónde provenía el ruido. Entonces empecé a escuchar las voces, los gritos y lamentos de los hombres ahogados por un ruido sordo. Me acurruqué junto a la canoa, acerqué a los perros y esperé a que amaneciera para ver lo que había sucedido. Cuando salió el sol el paisaje estaba tranquilo y sereno.

No sé lo que sucedió aquella noche, aunque tengo mis sospechas. Jamás volveré a acampar en este lugar. Alguna vez me dijeron que la tierra recuerda, y me parece perfecto, pero no quiero estar allí la próxima vez que lo haga.

3 – Siempre regresan.

Mi nombre es Carla y esta es la primera vez que comparto mi historia en Internet. Relataré algo que probablemente ya te sucedió, o a alguien que conoces. La casa donde vivo es pequeña así que comparto habitación con mi hermana, Mayra. El cuarto está distribuido de la siguiente forma: hay una ventana justo en medio de la pared que da a la calle, las camas se ubican en lados opuestos con una separación de más o menos 1.20 m entre una y otra, una de cada lado de la ventana. Yo duermo con la cabeza hacia el lado de la puerta y mi hermana para el lado de la ventana.

ente sobrenatural

Aquella madrugada me desperté y revisé mi celular, que suelo dejar a un lado de la almohada, para ver la hora: 3:10 de la mañana. Cuando volteé hacia la cama de mi hermana vi a alguien en el piso como si estuviera en cuclillas. La habitación estaba muy oscura así que no logré distinguir quién era, pero sabía que se trataba de alguien. Imaginé que mi hermana se había caído de la cama y me estaba preparando para burlarme de ella.

Le pregunté: “¿Mayra qué haces en el suelo?”. Y “la cosa” me respondió con una voz que jamás olvidaré, parecida a la típica voz de bruja que aparece en las películas de terror. Me dijo: “Mayraaaa”, con un profundo énfasis en la letra “a”, al mismo tiempo que se abalanzaba sobre mí.

Me encontraba recostada de lado y sentí cuando esta cosa me volteó para dejarme bocarriba sobre la cama, y ya no pude hablar más, ni gritar y mucho menos moverme. Fue una experiencia aterradora. Este fantasma o lo que haya sido se subió encima de mi cuerpo ejerciendo una presión agonizante sobre mi pecho. No pude verle el rostro, ni distinguir forma alguna, era un espectro borroso y semitransparente.

Tras lo que me parecieron un par de minutos, se bajó y salió por la ventana (perfectamente cerrada). Una vez que se fue recuperé el movimiento y cuando volví a ver el celular ya eran las 3:40 de la mañana.

Aquella no fue la única vez que me sucedió. Recuerdo que desde ese día me visitaba prácticamente todas las noches, pero no siempre era el mismo espectro, a veces parecía masculino y otras femenino. Tras varios meses la frecuencia de estas apariciones disminuyó, y pasó casi un año sin visitarme, hasta que una madrugada pude ver cómo era físicamente.

Me desperté y vi a alguien parado frente a la ventana, tenía alrededor de 1.5 metros de altura, el cabello lacio y era muy esbelto, aunque no sé decir si era hombre o mujer. Estaba frente a la ventana mirando de un lado a otro, dándome la espalda, cuando notó que había despertado y entonces saltó sobre mí. Una vez más quedé paralizada. Por más fuerza que hacía el cuerpo no me respondía, era como si pesara toneladas.

He leído múltiples relatos en Internet con experiencias similares, muchas personas que conozco también han sufrido esto. No estoy segura que se trate de un fantasma, íncubo u otro monstruo. Peor de lo que sí tengo certeza es que siempre regresan.

6 comentarios en “3 relatos de terror que provocan escalofríos”

  1. Esa mañana había descansado de lo más bien, ya había mucha luz del sol y me levante de la cama como de costumbre, desnudo agarre la toalla roja y me dirigí a bañarme, al terminar de secarme ajuste la toalla a mi ancha cintura, después de lavarme los dientes salí directo a mi cuarto sin ningún pensamiento en la cabeza, al abrir la puerta claramente distinguí el bulto que hace una persona recostada, pero en mi cama, no vivo con nadie y no había invitado a nadie a quedarse a dormir.
    Las fuerzas me abandonaban, estaba semi desnudo, con las sandalias mojadas y resbaladizas, con una mano agarrándome la tolla y con la otra la cara tiesa, el agua fría del cabello me escurría por la frente a lo ojos y empezaba a ver borroso que el bulto se movía, fue cuando me sentí profundamente observado y me quite de a poco la cobija de la cara; ahí estaba, de píe, con esa toalla roja observándome como venado muerto, no sabía que hacer estaba en shock recostado en mi cama, y con el cerebro a medio despertar.
    Cerré los ojos para aclarar mi vista, pero al abrirlos ya me había esfumado, ya no estaba parado con la toalla roja observándome despertar en shock.
    Resulta que nunca me había levantado a bañar, pero yo me olía a shampoo y la toalla roja estaba mojada.

    • Yo también entre a marcianos como un limosnero a un restaurante viendo si ya había marcianadas, e igual me salgo y vuelvo en diez minutos, usted disculpe.

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