Fotografías antes y después de la muerte

Interesante y mórbido, así podría denominarse el trabajo hecho por la periodista Beate Lakotta y el fotógrafo Walter Schels (un matrimonio) quienes acompañaron a enfermos terminales en diversos hospitales de Hamburgo y Berlín entre el año 2003 y 2004.

Beate Lakotta y Walter Schels Antes y despues de la muerte (7)

Entrevistaron a los pacientes para conocer su opinión sobre la muerte. En seguida, les tomaron fotos mientras aún estaban vivos y regresaron para tomar una última imagen después de su muerte.

Titulada “Life Before Death” (La vida antes de la muerte, en traducción libre), su exposición fue todo un éxito, atrayendo y conmoviendo a miles de personas en Berna.

Uno de los rostros de esta exposición perteneció a Wolfgang Kotzahn, afectado por un terrible cáncer de pulmón en la última etapa de la enfermedad. “Hoy cumplo 57 años. Jamás creí que llegaría a viejo ni que podría morir tan rápido. Sin embargo, la muerte no conoce de edades. Me atemoriza haber aceptado eso tan fácilmente”, reveló.

Wolfgang Kotzahn

Wolfgang Kotzahn

Esa misma resignación hizo que Kotzahn se abriera para contar los más íntimos detalles de su vida. “Nunca le presté atención a las nubes. Ahora veo todo con mucha atención: cada nube en la ventana y cada flor en los vasos. De un momento a otro, todo se hizo importante”.

Los sitios de trabajo fueron los llamados “Hospizen”, comunes en casi todos los países europeos y que, contrario a los hospitales, se especializan en pacientes terminares ya desahuciados por los médicos. “Quien llega hasta estos lugares, sabe que su fin está cerca”, dice Lakotta.

Heiner Schmitz, de 52 años, era ejecutivo de una gran compañía publicitaria en Hamburgo cuando los médicos le informaron que el cáncer que estaba devorando su cerebro era incurable. Fue hasta entonces que este adicto al trabajo descubrió la fragilidad de su propio cuerpo.

Heiner Schmitz

Heiner Schmitz

Los detalles apuntados por Lakotta personalizan cada una de las situaciones, sin caer en la sensiblería. “Los compañeros de la agencia iban siempre a visitarlo en parejas. Tenían miedo de quedarse a solas con Heiner. ¿Qué hablarían con alguien condenado a muerte?”, dice la periodista. También relata que Heiner tenía la capacidad de ser sarcástico. “Me deseaban mejoría y decían – ‘Vamos Heiner, no te preocupes, volverás estar bien’. Nadie me preguntaba cómo me sentía. El hecho es que pienso cada segundo en la muerte. ¡Voy a morir!”.

Silke Boehmfeld se rehusaba a aceptar el destino. Esta madre alemana tenía tan sólo 30 años cuando fue diagnosticada con cáncer de mama. Después, los médicos descubrieron que Jannick, su hijo de seis años, era víctima de un raro tumor.

Silke Boehmfeld

En ocasiones se preguntaba por qué Dios cometía una injusticia tan grande al querer llevarse, de una vez, a dos miembros de la misma familia. Otras veces, reunía fuerzas para cumplir su promesa: morir sólo después de que su hijo partiera. La lucha de ambos fue tremenda, pero ella consiguió vivir cuatros meses tras el fallecimiento de Jannick.

Ursula Appeldorn

Ursula Appeldorn

Ursula Appeldorn, de 57 años, veía su situación desde otro ángulo. Quizá debido a su avanzada demencia, ella no sabía que el hospicio era su última parada. Después de presentarle a las muñecas que tenía en el tocador, le dijo a la periodista que se sentía como en casa. “Antes estaba enferma, pero ahora que comencé a tomar medicamente ya estoy completamente saludable. ¿Te molesta si fumo?

También los padres de la pequeña Elmira Sang Bastian, un bebé de tan sólo 17 meses, no comprendían la lógica divina. “¿Se trata de una prueba? Siempre he intentado ser una buena persona. Leo todos los días el Corán y busco respuestas. ¿Nadie puede darmelas?”, se preguntaba la madre de Elmira. No comprendía porqué su hija había nacido con un tumor mientras que su hermana gemela era completamente saludable. “¿Dios me da dos hijas y ahora se lleva una?”. Cuando el bebé dejó de respirar, sus padres parecieron conformarse con su destino. “Al menos pudo vivir”, dijeron antes de leer la sura 36 del Corán, que habla sobre la resurrección de los muertos, a su hija sobreviviente.

 

Elmira Sang Bastian

Elmira Sang Bastian

Por este trabajo, Schels y Lakotta ganaron el premio Hansel-Mieth para reportajes y también el Premio Social de Alemania. Los retratos también recibieron un segundo premio en el World Press Photo del año 2004, el Lead Award 2004 y una medada de oro por parte del Club de Directores de Arte.

Más allá del reconocimiento, Beate Lakotta ve en la exposición una contribución cultural. “Antes la muerte era algo común que ocurría en el seno de la familia. Las personas la vivían en su día a día, en sus hogares. Hoy esto ocurre a la distancia, en los hospitales u otras instituciones especializadas”.

Arte

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  • ....... Oct 2, 2014

    las de Heiner y Wolfgang sin duda transmiten su esencia,

  • Omar Oct 2, 2014

    Magnifica idea: life before death en vez de life after death. La muerte sera el estado definitivo de todos, de modo que es la vida a la que debe prestarse atencion.
    Es impactante el haber incluido a niños y bebes en la muestra. Para algunos puede parecer horrendo, pero es un claro recordatorio de que en efecto “la muerte no sabe de edades”
    Memento mori

  • yoyis Oct 3, 2014

    Me recuerda los libros de Elisabeth Kubler-Ross, tambien enfocados al enfermo terminal, pero viendolos como persona, que nadie les pregunta a ellos que es lo que sienten. Muy recomendable y reflexiva su obra.

  • taty Oct 3, 2014

    Todos sabemos que vamos a morir pero es mas desgarrador ver criaturas tan indefensas como son los niños , verlos morir es una gran tristeza que es imposible de superar para los padres.

  • Necrofilius Oct 5, 2014

    MMM Excelente post!!!

  • queteden Oct 2, 2015

    Tal vez el ser consiente que moriremos es una de las cosas más fascinan, pero también dan temor….solo me hace recordad sobre la inmortalidad del cangrejo…el individuo no importa pero la especie sí, pues a su partida habrá miles de cangrejos más haciendo lo mismo.

  • Javier Ene 15, 2016

    Toda muerte es dolorosa. Pero para mí, las peores son las de los niños. Sencillamente no tuvieron oportunidad de vivir. Cierto, se evitaron mucho dolor (la vida es dolor), pero también se perdieron de muchas cosas maravillosas. Lo más intolerable es cuando son asesinados. Cuando algún desgraciado (quien también, paradójicamente, fue niño) se siente con derecho, por la razón que sea, a tomar una vida que no le pertenece (ni siquiera si él o ella la engendraron).

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