8 temores ridículos que atrasaron el progreso de la humanidad

La noticia reciente sobre la modificación del genoma humano por parte de científicos chinos sacó a relucir las dos formas tontas que suelen aplicar los humanos cuando se piensa en el futuro. Existe tanto el optimismo ciego de que todo cambio es único y para mejor (como la invención de la bomba atómica, que supuestamente enterraría el concepto de guerra para siempre), así como el pánico sin razón de que cada nueva innovación terminará con un apocalipsis.

ciudad

Pero, al mismo tiempo, es lógico que las personas se preocupen cuando los científicos comienzan a producir linajes genéticamente modificados, arañas del tamaño de una vaca o que intenten reproducir la creación del universo. Y esto ha sido así desde siempre. Te podría apostar a que nunca imaginaste que cosas tan banales, como las que leerás en esta lista, alguna vez esparcieron el terror por todo el mundo.

 

8 – Hubo una época donde se creía que el alumbrado público destruiría nuestro concepto del día y la noche.

Durante miles de años, la noche perteneció casi exclusivamente a los asesinos, pervertidos y ladrones. En aquella época, la puesta del Sol se consideraba un toque de queda. Las personas corrían a sus casas, atrancaban las puertas y se escondían entre las sabanas, con un montón de velas que hacían guardia mientras esperaban que el Sol volviera nacer.

alumbrado paris

La vida fue así durante mucho tiempo hasta que algunas ciudades emplearon la idea del alumbrado público, que originalmente se hacía con lámparas de gas. Además de los beneficios para la seguridad pública, las personas finalmente tenían la posibilidad de salir de casa sin portar una antorcha flameante como si estuvieran camino a atacar el castillo de un pobre desgraciado.

¿Quién podría reclamar un cambio como este? Muchas personas.

Incluso muchas autoridades, que se opusieron a la idea por razones que iban desde los problemas para la salud hasta implicaciones teológicas.

Por una parte, las personas temían mantener las ciudades iluminadas después de la puesta de Sol ya que podría desatarse una crisis de salud, con ciudadanos que se habrían olvidado de dormir mientras deambulaban por las calles – y naturalmente esto conduciría a una epidemia de resfriados (¿?).

¿Quién más?

Siempre que el tema desata la histeria colectiva, hay un personaje entrometiéndose por todos lados. Evidentemente, la Iglesia Católica.

La institución religiosa se opuso al alumbrado público afirmando que Dios muy claramente estableció la delimitación entre el día y la noche, y encender unas luces después de que anocheciera era como escupir el rostro de Jesús. En el año de 1831, el Papa Gregorio XVI fue más allá y prohibió la iluminación con gas en todos estados papales, temiendo que las horas extras de visibilidad permitieran una rebelión contra la Iglesia.

Sin ningún tipo de sorpresa, fue incapaz de hacer frente a uno de los avances más básicos de la civilización humana y, hoy, somos capaces de quejarnos de demasiada luz mientras intentamos dormir un poco (por qué todos nuestros dispositivos electrónicos brillan en la oscuridad ¿o no?).

 

7 – Los paracaídas eran cosas de “cobardes” entre los pilotos Aliados.

En una lista de equipo imprescindible para un piloto de combate, un paracaídas probablemente se encontraría en las primeras posiciones. Sin embargo, durante la Gran Guerra, cuando empezábamos a descubrir como tripular aviones con armas para matar a otros aviones, comandantes aliados prohibieron el uso de paracaídas a sus hombres, temiendo los posibles efectos que tales medidas salvavidas pudieran acarrear.

paracaidismo

Los comandantes aliados, en general, creían que si un piloto sabía qué tenía incluso una mínima probabilidad de sobrevivir, estaría menos dispuesto a intentar salvar la misión.

Y como los biplanos de la Primera Guerra estaban construidos en su mayoría de madera, lonas y la bendición de un sacerdote, tomar vuelo y tener seguridad básicamente era un milagro.

Con la prohibición del uso del paracaídas, muchos pilotos tenían una sola opción: quemarse vivos y caer rezando para que el impacto los matara al instante. Para disminuir el sufrimiento, solían portar un revolver de servicio en la cabina de control, con una sola bala en la recamara.

La política contra el paracaídas permaneció vigente entre los aliados durante toda la guerra y varios años después. Los pilotos alemanes, por otro lado, descaradamente jalaban sus paracaídas desde 1916.

 

6 – Algunos temían que los pararrayos impidieran la ira de Dios.

La humanidad siempre vivió bajo la tiranía de un relámpago que, desde los días de Zeus, se había considerado un claro y directo “jód*nse .i.” del cielo. Entonces, en 1749, el estadista e inventor estadounidense Benjamin Franklin creó lo que hoy se conoce como pararrayos.

remalpago rayo

Los pararrayos de Franklin devolvían el dedo que venía del cielo re direccionando los rayos de forma inofensiva al suelo. Sin embargo, esta era una época en que un rayo aún era visto como una creación de los demonios, y los pararrayos fueron acusados de causar un terremoto en 1755 en Massachusetts, Estados Unidos, debido al re direccionamiento de esas emisiones demoniacas a la superficie de la Tierra.

De forma similar, en Bohemia, el sacerdote Prokop Divis había inventado un dispositivo semejante e inició la instalación a lo largo de las aldeas vecinas; después, sobre los pararrayos de Divis llovieron las acusaciones de que provocaban sequias ya que, de alguna forma rara, extraían la humedad de la tierra.

En 1756, los pararrayos fueron retirados por una multitud enardecida de campesinos.

Mientras tanto, en Boston, la invención de Franklin fue denunciada por el clero protestante como “varas heréticas” que bloqueaban las puertas del castigo divino sobre la ciudad, proporcionando al rayo un camino de menor resistencia, impidiendo así que la ira de Dios se aplicara a los pecadores destinados.

Irónicamente, estos destellos de furia divina siempre parecían ignorar bares, casas de juego y prostíbulos para impactarse solo en las iglesias – que generalmente eran los edificios más altos de cualquier ciudad, y muchas veces tenían enormes campanas de metal en la cima de sus torres.

 

5 – Algunos insistían que las turbinas eólicas podían provocar ansiedad y nauseas.

La energía eólica proporciona a naciones como Dinamarca y Alemania entre el 10 y 20% de su producción energética, todo esto sin contaminar el ambiente. Pero, en algunos lugares, como en los Estados Unidos (¿Quién lo diría?) y Australia, planear la construcción de granjas eólicas es todo un dolor de cabeza, pues algunos diseminaron una especie de miedo al coco conocido como “síndrome de turbina de viento”.

granja turbinas eolicas

Según las pobres víctimas de este mal, estar cerca de las turbinas eólicas puede desencadenar toda una infinidad de síntomas vagos como vértigo, ansiedad, nauseas, palpitaciones e incluso amnesia. Pero, de acuerdo con la investigación científica, esto no es algo real, a pesar de que decenas de demandas judiciales intentaron argumentar que estas sensaciones de malestar son atribuibles a un ventilador gigante.

Víctimas autoproclamadas de las turbinas eólicas suponen que el zumbido de baja frecuencia de las láminas es el gran villano de la historia. Muchas veces, este zumbido es tan bajo que apenas y puede escucharse por el oído humano, pero de cualquier forma “perturba” la harmonía corporal.

Para poner a prueba esta teoría, los científicos educaron a un grupo de personas sobre los supuestos peligros del sonido de baja frecuencia y, a continuación, colocaron a estas personas en una habitación en que recibirían un “infrasonido” real, o un silencio total según se les explicó. El resultado fue que las personas registraron un pico de ansiedad tanto cuando fueron expuestas al sonido, como cuando creían que así era.

Esto significa que el “síndrome de turbina de viento” probablemente nos sea más que un efecto psicológico, un hermano del efecto placebo.

 

4 – A la música polifónica se le llamó herramienta del diablo.

En la Iglesia del medioevo, la única música autorizada para sonar en la casa de Jesús era el canto gregoriano solemne que, al mismo tiempo que es bonito a su forma, es estrictamente monofónico. Es decir, las personas siempre entonan la misma nota todo el tiempo.

musica

Pero, en los siglos XIII y XIV, hubo una crisis teológica entre jóvenes músicos liberales que comenzó a infectar la santidad de la Iglesia con el sonido del Diablo: la susodicha música polifónica. Lo que significa que había más de un instrumento siendo empleado, y que cada músico desarrollaba su propia voluntad, algo que las personas de la época acostumbraban a llamar “orgia musical”.

Puedes reconocer esto porque básicamente es la base de toda la música que existe, con excepción de tu reloj despertador.

Y el Papa la prohibió.

Fue así que el Papa Juan XXII escuchó tamaña herejía musical y prohibió inmediatamente la producción de melodías polifónicas, insistiendo en que “intoxicarían las orejas sin satisfacerlas”. Ojalá pudiéramos entender lo que este hombre quiso decir con eso.

Suponían que la música puede crear una atmosfera “sensual e indecente” en la misa: pero el temor real era que, momentos después de que el coro comenzara a tocar uno de estos himnos desordenados, toda la congregación se empelotara y rodara por los bancos creyendo que estaban en una fiesta de cumpleaños en casa de Calígula.

Y, no, en caso de que te lo estés preguntando, no hay nada sobre esta prohibición entre los párrafos de la Biblia.

La música polifónica fue ampliamente rechazada por la Iglesia hasta mediados del siglo XV, cuando se compuso la “Missa Papae Marcelli”. Un brote de música polifónica sacudió al vaticano y el Papa Marcelo II decidió que esta misa, escrita en su honor, era muy bella y debería ser tocada. Así de simple.

 

3 – A los críticos les preocupa que el Golden Gate, puente conocido por un increíblemente alto número de suicidios, fuera feo.

El Puente Golden Gate es uno de los destinos suicidas más populares del mundo, evidentemente algo que San Francisco, en los Estados Unidos, no destaca en sus folletos de viaje. Entre 50 y 100 personas intentan saltar desde aquí hacía los brazos de la muerte cada año, y aunque no todo el mundo logre su objetivo (ya que el agua tienden a amortiguar mejor la caída que el concreto), en 2013 se registró un pico preocupante de muertos en el puente, con 46 suicidios “exitosos”.

puente golden gate

Cuando la ciudad decidió que tenía suficiente de esa payasada de ser un destino para la muerte, el gobierno invirtió 76 millones de dólares en la construcción de una red de seguridad bajo el puente, que tendría como objetivo atrapar a supuestos suicidas y, de forma potencial, salvar decenas de vidas todos los años.

Desafortunadamente, el plan fue bloqueado por la comunidad local. ¿Por qué las personas se opondrían a una red anti suicidio en el puente de suicidios más popular del mundo? Por qué es de mal gusto y arruina la apariencia del puente. ¿De verdad? De verdad.

Tras preguntar a los ciudadanos de San Francisco que opinaban sobre este proyecto, la mayoría de los entrevistados rechazó totalmente el plan debido al miedo de que la dichosa red pudiera arruinar la estética perfecta del puente.

La culpa no es del puente.

Uno de los argumentos más populares es que las personas que eligen suicidarse van a hacerlo de cualquier forma, sin importar los esfuerzos que se hagan para detenerlos.

Pero la investigación demuestra que esto simplemente no es verdad. Frecuentemente el suicidio es una decisión impulsiva. En el caso específico de los puentes, se ha demostrado que cuando a las personas se les impide saltar debido a una barrera o líquido, la gran mayoría aborta sus planes.

 

2 – Las primeras ciclistas tenían una enfermedad conocida como “cara de bicicleta”.

En la Era Victoriana se vivió toda una revolución con la invención del velocípedo, la primera versión de lo que acostumbramos a llamar bicicleta. Victorianos de todas las clases quedaron muy satisfechos con la idea de una forma de transporte mucho más eficiente que intentar andar a pie en cualquier lugar con diez capas de ropa, con el plus de mantenerlos en forma.

ciclistas mujeres era victoriana

Las mujeres recurrían al transporte deliberadamente, pero la visión de las féminas paseando libremente, no acompañadas por hombres, creó un problema entre todos los médicos que proliferaban en las calles. En cuestión de nada, los médicos comenzaron a advertir que este artilugio diabólico era peligroso, específicamente debido a una condición potencialmente peligrosa para la salud que, con toda serenidad, llamaron “cara de bicicleta”.

Se pensaba que, debido a la incapacidad de una mujer de dirigir competentemente cualquier tipo de dispositivo con parte móviles, o de mantener la función motora básica humana sin desarmarse en un sofá posicionado estratégicamente, la complicada tarea de mantener el equilibrio en una bicicleta y, al mismo tiempo, intentar pedalear causaba estragos en la delicada postura y un estrés que desfiguraba sus rostros de forma permanente.

Algunos médicos más igualitarios intentaron reformar el proyecto de la bicicleta, como la posición del manillar, en un intento por hacerla más accesible a las mujeres sin tener que transformarlas en trolls apestosos, mientras que otros médicos recomendaban que los hombres simplemente no permitieran que sus mujeres se acercaran a las bicicletas.

¿Y sí la dama era temeraria?

En caso de que la señora simplemente insistiera en pedalear y practicar este pasatiempo estéticamente peligroso, los periódicos publicaban columnas con consejos para que disfrutaran de sus velocípedos con un efecto negativo mínimo. Entre las recomendaciones se incluía “no gritar si se ve una vaca” y “no intentar preguntar a cada hombre que se ve lo que piensa de la ropa”.

 

1 – Llegaron a afirmar que el viaje en tren podría desintegrar a las personas.

En la década de 1820, el sueño de la humanidad era viajar grandes distancias en una apretada lata de sardinas altamente contaminante que conocemos como locomotora a vapor. Es imposible exagerar lo grande que era su capacidad de viajar y/o transportar mercancías a una velocidad más rápida que el trote de un animal de carga. Esta tecnología acortó distancia, eliminó fronteras, impulsó economías, en fin.

locomotora

Además, de repente, las personas se vieron ante la posibilidad de visitar sitios distantes sin preocuparse por quedar atrapadas en el medio de la nada y tener que comer a sus compañeros de viaje. ¿Parece algo bueno, verdad?

Pero esta idea no emocionó a todo mundo.

¿Cuál era el problema?

Específicamente, las personas mostraban preocupación por los efectos que viajar a velocidades inimaginables, de hasta 30 km/h, podrían provocar sobre el frágil cuerpo humano.

Los propagandistas anti tren advirtieron que subir a bordo de una de estas trampas de la muerte podría, en el peor de los casos, hacer que el cuerpo humano se desintegrara por el estrés de viajar a velocidades que, en nuestros días, harían que sacaras un arma y te dieras un tiro en la cabeza.

Se temía que los hombres se asfixiaran, y las mujeres sufrieran una muerte aún más violenta debido a su cuerpo más frágil.

En realidad, incluso existía la preocupación de que ver un tren viajando perjudicaría el ambiente y llevaría a las personas a la locura. El miedo era que un tren en movimiento arruinaría las cosechas, cuajaría la leche de las vacas e incluso induciría una forma de locura llamada “delirium furiosum”.

Y, de hecho, se recomendó que barreras de dos metros fueran levantadas a los lados de las vías para proteger a las personas de la vista de los trenes. Cracked

Historia

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  • ignorante borracho Abr 28, 2015

    La iglesia es Genial

  • marcianousky Abr 28, 2015

    No ma-mar!!!

  • Leslie McKenzie Abr 28, 2015

    Ppufffffff . . . .

  • yanimeacuerdo Abr 28, 2015

    intoxicarían las orejas sin satisfacerlas? eso se aplicaria al regueton XDXDXDXD

    sobre las bicis y las mujeres ….”debido a la incapacidad de una mujer de dirigir competentemente cualquier tipo de dispositivo con parte móviles” o sea cualquier cosa que no fuera la estufa o la escoba no podia ser manejado por mujeres XDXDXDXD

    • yanimeacuerdo Abr 28, 2015

      de echo hasta la fecha si no chequen la cantidad de choques de autos manejados por mujeres….definitivamente mejor manejen la escoba….
      feminiazis agrediendome desde la cocina en 5…4…3…

  • que te den Abr 28, 2015

    lo mismo de aquel vendedor de lamparas de gas al darse cuenta que la llegada de un poste de luz arruinaria sus negocios…..

  • Alfredo Abr 28, 2015

    La redacción como siempre me parece muy buena y cómica.

  • Troll Abr 28, 2015

    aqui en mexico la gente tiene miedo de que si no vota por el pri va perder todos los programas sociales y esas cosas “gratis”
    y evitan el progreso del pais :s

  • Cybers Abr 28, 2015

    me ca go en dios.

  • Emmanueru Abr 29, 2015

    “sin preocuparse por quedar atrapadas en el medio de la nada y tener que comer a sus compañeros de viaje” jajajaja you crack me up dude xD!

  • Marco A. Abr 30, 2015

    “Por una parte, las personas temían mantener las ciudades iluminadas después de la puesta de Sol ya que podría desatarse una crisis de salud, con ciudadanos que se habrían olvidado de dormir mientras deambulaban por las calles – y naturalmente esto conduciría a una epidemia de resfriados (¿?).”

    Pues no está muy alejado de la verdad por más loco que pueda sonar. El ciclo circadiano del sueño se ha visto alterado en las últimas décadas por la gran cantidad de contaminación lumínica en las grandes urbes. La falta de un sueño reparador sí ha acarreado problemas de salud pública e influye determinantemente en las epidemias actuales, si tomamos en cuenta que la hora de dormir promedio del citadino es 12 am y su hora de levantarse es entre 6 y 7 am de lunes a viernes, y que por lo regular el horario de sueño se recorre fines de semana a veces hasta 4 horas, esto conduce a una condición llamada “Jet-lag” que dificulta la tarea de dormir e influye en lo que ya mencioné anteriormente.

    Si quieren más información, hay muchos artículos médicos que estudian más sobre este fenómeno y cómo afecta a la salud. Así que la idea que tenía la gente en ese entonces de que el alumbrado público traería problemas de salud no es tan descabellada como suena.

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