10 actos extraordinarios de compasión en tiempos de guerra

Los apasionados por las historias de guerra seguramente están familiarizados con la historia de Henry Tandey, un militar británico de la Primera Guerra Mundial quien en un acto de compasión y honorabilidad decidió no disparar a un soldado enemigo herido – sólo para darse cuenta más tarde que aquel joven tendido en el terreno era Adolfo Hitler, años antes de llegar a la cima del poder en Alemania.

Compasión

A pesar de que pueda parecer una de las decisiones más equivocadas de la historia, la distorsión de este hecho no debería ser una razón para hacer menos la noble actitud de Tandey. Sobre todo si tenemos en cuenta que la compasión es una cualidad muy difícil de encontrar en tiempos de guerra. Y es que ¿cómo ser amable con alguien que podría matarte?

10. Un as de la Luftwaffe que guio un bombardero norteamericano a la seguridad.

bombardero segunda guerra mundial

En diciembre del año 1943, el piloto alemán Hanz Stigler, integrante de la Luftwaffe, una división de las fuerzas armadas mejor conocida como la fuerza aérea alemana, tenía razones de sobra para abatir a un bombardero estadounidense B-17 que estaba frente a él. Los aliados ya se habían cobrado la vida de su hermano al inicio de la guerra y en ese momento bombardeaban constantemente las ciudades alemanas. Y no sólo eso, si Stigler hubiera abatido ese bombardero en particular, hubiera completado su puntuación de muertes para llevarse a casa el equivalente alemán de la Medalla de Honor.

Mientras Stigler se preparaba para jalar del gatillo, le resultó extraño que el bombardero no le respondiera con un ataque defensivo. Cuando miró más de cerca, se dio cuenta de que los artilleros habían perdido la vida y que casi toda la tripulación se encontraba herida. El avión había pasado por una lluvia de balas y apenas podía mantenerse en el aire. En su corazón, Stigler sabía que si jalaba del gatillo estaría matando hombres a sangre fría. En lugar de esto, optó por la honorabilidad: dirigió al piloto estadounidense y voló con el bombardero para evitar que fuera blanco de las baterías antiaéreas.

Stigler hizo de escolta del avión hasta que llegaron al Mar del Norte, donde regreso y saludó a sus enemigos por última vez. Cincuenta años más tare, el piloto estadounidense Charles Brown logró rastrear con éxito al hombre que les había perdonado la vida. Los dos veteranos de guerra se volvieron mejores amigos y, como muestra de gratitud, Brown hizo de Stigler invitado de honor en una reunión que había planeado con su tripulación. Estos mostraron a Stigler un video de sus hijos y nietos, quienes nunca habrían llegado a existir si no fuera por su acto de compasión.

 

9. Un fan del fútbol salva la vida de un soldado.

prisioneros de guerra

Mario Tonelli fue uno de los 72,000 hombres que participaron en la infame Marcha de la Muerte de Bataan en 1942, en la que el ejército japonés obligó a las derrotadas fuerzas filipino-estadounidenses a caminar desde su antiguo bastión de Bataan hacia los campos de concentración próximos. En el transcurso de la marcha, que duró varios días, miles de prisioneros murieron en el camino debido a alguna enfermedad o lesión. Además, tenían que soportar el brutal trato de los captores que los reprimían con las bayonetas o les disparaban a los que no podían continuar.

De la misma forma que sus compañeros, Tonelli estaba exhausto y a punto de tirar la toalla cuando encontró una fuente inesperada de inspiración. Todo comenzó cuando un soldado japonés se llevó el anillo de clase de Tonelli. Tonelli había sido una estrella de fútbol americano en la universidad de Notre Dame y usaba este mismo anillo en Filipinas. Poco después, un funcionario japonés llegó hasta el asombrado Tonelli y le devolvió el anillo. El hombre le explicó que había sido un estudiante de la Universidad del Sur de California y había visto al equipo de Notre Dame de Tonelli derrotar de forma decisiva a su equipo en 1937. Sabía lo mucho que significaba aquel anillo y tenía que devolverlo. Este pequeño incidente dio a Tonelli el aliento de esperanza que necesitaba para sobrevivir el resto de la guerra.

 

8. El Mayor alemán que desafió a la SS.

jardin de los justos entre naciones

Karl Plagge sabía que danzaba con la muerte cada vez que ocultaba a judíos de la SS, pero le importaba muy poco. De profesión ingeniero, Plagge militó con el Partido Nazi, pero dejó el grupo después de haberse revelado contra la ideología racista de sus miembros. Luego del estallido de la guerra, fue encomendado para dirigir una unidad de reparación de vehículos del ejército en Vilnius, capital de Lituania. Era una época característica por las campañas de exterminio llevadas a cabo por las SS, y a pesar de esto Plagge se organizó rápidamente para salvar a tantos judíos como le fuera posible.

Plagge reunió al mayor número de hombres judíos que le fue posible, y con toda seriedad afirmó ante la SS que todos eran mecánicos cualificados (no lo eran). Milagrosamente, el hombre también se las arregló para convencer a la SS de que fueran acompañados de sus esposas e hijos al campamento, ya que su presencia podría aumentar su productividad. Dentro del campo, trataba a sus trabajadores bien y a menudo encontraba la forma de debilitar a la siempre vigilante SS.

Uno de sus más audaces movimientos ocurrió en 1944, cuando los alemanes fueron rechazados por los soviéticos. Plagge sabía que la SS sería intentaría matar a todos en el campo antes de la evacuación, así que le dijo dijo a sus trabajados: “Durante esta evacuación serán escoltados por la SS, que, como ustedes saben, es una organización dedicada a la protección de los refugiados. Por lo tanto, no hay nada de qué preocuparse… “.

Todos entendieron la indirecta y la mayoría logró escapar antes de la llegada de la SS el día siguiente. Por sus acciones, en 2004 Plagge fue colocado de forma debida en Justos entre las Naciones – título que reciben aquellas personas que ayudaron a los judíos a escapar del Holocausto.

 

7. El Kaiser que permitió a un prisionero de guerra británico visitar a su madre.

estatua kaiser

El Kaiser Wilhelm II era más conocido por su impredecible temperamento que por una actitud de hombre amable. Sin embargo, hizo un acto increíble de compasión durante la Primera Guerra Mundial, al permitir que un soldado británico preso visitara a su madre enferma en casa. El Capitán Robert Campbell fue capturado a principios de la guerra y encerrado en un campo de prisioneros en Alemania, cuando recibió la noticia de que su madre, enferma de cáncer, estaba agonizando. Campbell le pidió por escrito al Kaiser que le dejaran ver a su madre por última vez.

Increíblemente, el Kaiser aprobó su petición y dio permiso para que Campbell saliera – con la condición de que volviera a la prisión luego de terminada la visita. Campbell se quedó con su madre durante una semana y, como un verdadero hombre, sostuvo su palabra y obedientemente volvió a prisión, donde permaneció hasta el final de la guerra.

 

6. El General alemán que tomó té con comandos británicos.

soldados

Para cualquier efecto, el general alemán Erwin Rommel era un soldado profesional de la más alta clase, que, por desgracia, pasó a trabajar para el bando contrario. Admirado tanto por sus propios hombres como por el enemigo, Rommel se negó a seguir órdenes que consideraba incorrectas, como la ejecución de comandos enemigos capturados tras líneas alemanas.

La profesionalidad de Rommel quedó de manifiesto cuando les salvó la vida a dos miembros de los Comandos británicos – un grupo de élite formado durante la Segunda Guerra Mundial para infiltrarse tras las líneas enemigas – que fueron capturados en la costa francesa en 1944. Los dos hombres, Roy Wooldridge y George Lane, estaban estudiando las minas de la zona cuando fueron capturados y retenidos por una patrulla alemana. Aunque Rommel tenía todos los motivos para fusilarlos (especialmente desde que los comandos británicos habían intentado asesinarlo con antelación en dos ocasiones), una vez más desafió el protocolo e incluso invitó a Lane a unírsele para la hora del té y los sandwiches. Luego, envió al par de agentes a la prisión, en lugar de entregarlos a la Gestapo o la SS. Más tarde, Lane sostuvo que él no estaría vivo si no fuera por esa oportuna taza de té con Rommel.

 

5. Ángel de Marye Heights.

batalla de Fredericksburg

La batalla de Fredericksburg fue un encuentro unilateral en la guerra civil norteamericana que dejó a miles de soldados de la Unión muertos o heridos luego de un fallido intento de invadir un ejército confederado firmemente asentado. Todos los asedios de los soldados de la Unión fueron cortados cuando intentaban en vano derribar un muro de piedra que protegía a los confederados. Pronto, aquel campo circundante se llenó de heridos, cuyos gritos de auxilio dominaban el aire durante las pausas en los combates. Estos gritos llegaron hasta los oídos del soldado confederado Richard Kirkland, que pidió permiso a su general para dar agua y ayudar a los heridos.

Después que el general aceptara a regañadientes, Kirkland reunió varias cantimploras de agua y saltó el muro. Ante la mirada incrédula de la Unión como de las tropas confederadas, Kirkland asistió a los soldados heridos. Los disparos de ambos bandos se detuvieron y pronto fueron sustituidos por los aplausos. Las hostilidades se reanudaban siempre que Kirkland volvía detrás del muro por más suministros y paraban a su regreso. El extraño espectáculo continuó hasta avanzada la noche, con Kirkland ayudando a la mayoría de los herudos. Por su insólito acto de compasión, ambos bandos, apodaron a Kirkland el “Ángel de Marye Heights“.

 

4. Un submarino alemán que hundió un navío Aliado y luego rescató a sus pasajeros.

submarino

Una de las más extrañas y conmovedoras historias de compasión humana se suscitó en el infame incidente Laconia, en septiembre de 1942. En esa ocasión, en primer lugar un submarino alemán hundió un buque de transporte británico, luego rescató a los supervivientes.

El comandante del U-boat 156, Werner Hartenstein, divisó el navío en el Atlántico Sur y dio la orden de disparar. Tuvo éxito, el Laconia fue destruido y más de la mitad de los 2,732 pasajeros murieron junto con el barco. Los sobrevivientes saltaron hacia los botes salvavidas o las aguas infestadas de tiburones.

Fue entonces que Hartenstein se dio cuenta de que además de polacos y británicos, también había prisioneros de guerra italianos, así como mujeres y niños entre los supervivientes. Informó de la situación a su comandante, el almirante Karl Doenitz, que inmediatamente ordenó a dos submarinos alemanes próximos ayudar a rescatar a los sobrevivientes. También permitió que Hartenstein se comunicara con otros barcos aliados de ayuda. El emotivo momento fue interrumpido abruptamente cuando fueron alcanzados por los disparos de un avión estadounidense que pasaba, que falsamente creyó que los submarinos rescataban a sus propios hombres. Aun así, 1,100 vidas fueron salvadas gracias al sentido del honor de estos dos hombres.

 

3. Hitler ayudó a su ex-comandante judío.

Ernst Hess

Es difícil imaginar a Hitler salvando a un miembro de la raza a la que tanta aversión tenía. Sin embargo, el Führer hizo lo impensable e intervino personalmente para salvar la vida de un judío. De acuerdo con una carta escrita por el jefe de las SS, Heinrich Himmler, en 1940, Hitler le había ordenado que él y las autoridades evitaran perseguir y deportar a Ernst Hess. Hess había sido comandante de Hitler durante la Primera Guerra Mundial y más tarde fungió como juez antes de ser obligado a abandonar su cargo a luz de la llegada de los nazis al poder. La orden (que finalmente fue revocada en 1942) y el hecho de que se había casado con una mujer no judía salvaron a Hess de ir a los campos de exterminio. Sobrevivió a la guerra y murió a la edad de 83 años. Su hija mayor, Ursula, dijo que su padre constantemente describía a Hitler como una persona introvertida que no tenía amigos en su unidad.

 

2. Un piloto japonés protege a un paracaidista enemigo.

paracaidismo

Una de las últimas cosas se esperaría de un soldado japonés durante la Segunda Guerra Mundial sería misericordia. Sin embargo, casi al final de la guerra, un piloto japonés rompió ese estereotipo y mostró su sentido del honor, protegiendo a un enemigo indefenso. El cabo Hideichi Kaiho y sus compañeros pilotos habían participado en un combate aéreo con Boeings B-29 Superfortress estadounidenses sobre Tokio en 1945. Los japoneses lograron derribar un bombardero y obligaron a su tripulación a rendirse. Uno de los hombres, Raymond “Hap” Halloran, caía en paracaídas a 3,500 pies cuando fue descubierto por Kaiho y otros dos aviones japoneses. Halloran sabía muy bien que los japoneses no estaban tomando prisioneros, pensó que sería un blanco seguro para los tres aviones.

Milagrosamente, dos de los aviones se retiraron, mientras que el pilotado por Kaiho continuó volando alrededor protegiéndolo. Más de cinco décadas después, Halloran le agradecería al hombre que lo salvó ese día. Kaiho reveló más tarde que su comandante le animó a observar el código de Bushido, que desposaba benevolencia hacia el enemigo.

 

1. El Oskar Schindler iraní.

Abdol-Hossein Sardari Qajar

Dadas las relaciones tan poco cordiales entre Israel e Irán en la actualidad, es extraño recordar que un diplomático iraní arriesgó su cuello para salvar a miles de judíos de los nazis. Abdol-Hossein Sardari Qajar fue un enviado iraní durante la guerra a París, donde trabajó incansablemente para salvar judíos franceses de ascendencia iraní de la persecución. Hábilmente engaño a los nazis con la teoría de que estos judíos no eran semitas, debido a que habían asimilado completamente la cultura ario-iraní. Los debates sobre esta teoría dieron a Sardari el tiempo que necesitaba para emitir diversos pasaportes.

Fue sólo cuando los judíos no iraníes se acercaron a él en busca de ayuda que Sardari entró en cuenta de la magnitud del programa de exterminio nazi. A pesar de eso, continuó emitiendo cientos de pasaportes para los judíos, independientemente de su ascendencia. Cuando terminó la guerra, Sardari fue acusado de distribuir pasaportes falsos, pero fue indultado por el Sha de Irán. Más tarde, declaró que era su deber como diplomático ayudar a sus ciudadanos y como un ser humano, ayuda a los judíos.

Información: Listverse.com

Historia

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  • Kaiser Diavolo Ene 3, 2014

    eso señores se le llama HONOR

  • Antonio Ene 3, 2014

    El honor es lo que nos distingue de los animales, mis respetos a estos individuos que demostraron ser PERSONAS

  • Omar Ene 3, 2014

    Me recordo a la anecdota presentada en “The killing fields” donde un comisario de khmer rojo perdona a un prisionero poque antes de la guerra le habia regalado una insignia de mercedes benz que le gusto. Siempre me pregunte si fue cierto, con lo publicado al menos ahora creo que es verosimil.

  • jesus Ene 5, 2014

    mi hermano, existe un relato que sucedio a cadetes del colegio militar, que es parecido al que tienesen el numero siete. pero genial ehhhhhhhh

  • abraham Ene 5, 2014

    no hay reportes oficiales pero ,se cuenta que en la batalla de Stalingrado se dieron algunas treguas para levantar a los heridos de cada bando ,muchas treguas segun se dieron durante navidad ,claro esto a escondidas de los oficiales especialmente los rusos

  • Rom Jun 16, 2014

    Es una lista bastante completa, sin embargo, hace tiempo escuché la historia de unas olimpiadas donde un soldado aleman ayudó a un afroamericano en el evento de salto de longitud, dejando caer su toalla en la marca donde debería saltar, este acto hizo que Hitler lo mandara al frente de batalla, donde murió, no paso mucho tiempo para que encontraran sus restos y le dieran la merecida sepultura. Aclaro que son los detalles que recuerdo.
    Buen Post

  • macross Sep 21, 2014

    muy buena lista pero se te olvido la historia de Gilberto bosque quien también extendió cantidad de pasaportes mexicanos a judíos acosados por las ss para que lograran salir de Europa rumbo a México, incluso rento castillos para refugiar a estos hombres y mujeres.

  • Xál M. Nov 13, 2014

    Exactamente como comenta el compañero Macross (Robotech) les faltó la historia del embajador mexicano Gilberto Bosque, quien arriesgándolo todo, inclusive la vida de su familia y la propia; hizo hasta lo imposible para salvar la vida de miles de personas: expediendo pasaportes, refugiando a los perseguidos y enviando gente a México para salvarlos.

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