William Buckland: el científico que se comió el corazón de Luis XIV

Si lees la biografía de William Buckland en la Wikipedia, notarás que el científico destacó por sus contribuciones en áreas como la geología y paleontología. Y en alguno que otro artículo histórico mencionan la ocasión en que Charles Darwin lo llamo “bufón”. Pero, la historia de Buckland tiene un lado oscuro: en una época de su vida, el científico desarrolló una extraña obsesión que lo llevó a comer, literalmente, de todo.

William Buckland

El respetado geólogo y paleontólogo inglés, primero en esbozar la descripción de un dinosaurio, tenía un pasatiempo extraño y repugnante. William Buckland anhelaba comer todo lo que existe, incluyendo el corazón de un antiguo rey de Francia.

Entre los relatos sobre los extraños hábitos alimenticios que desarrolló este sujeto destacan: el erizo asado, los ratones a las brasas, el encurtido de avestruz, perros, marsopas, panteras y caimanes. Buckland se comía todo aquello que tuviera vida, con excepción de los topos, pues la especie le resultaba repugnante.

William Buckland: el científico que se comió el corazón del rey.

Se dice que alguna vez llegó a beber orina de murciélago. Pero, ni siquiera algo tan repugnante se compara con su mayor “hazaña”. Diversas fuentes sugieren que William Buckland se comió el corazón de un monarca francés. En 1848, el Arzobispo de York, Lord Harcourt, lo invitó a una cena en la residencia de Nuneham House.

En esa ocasión, le mostraron un relicario de plata que contenía un objeto parecido a la piedra pómez. Sin previo aviso, William Buckland se llevó el extraño objeto a la boca y lo tragó. Algunos dicen que lo hizo para averiguar de qué mineral se trataba, pero conociendo su extraña conducta alimenticia, es obvio que algo tan único le resultó irresistible.

William Buckland y Lord Harcourt
William Buckland y Lord Harcourt.

El objeto que contenía aquel relicario era un fragmento del corazón embalsamado de Luis XIV, uno de los reyes más célebres en la historia de Francia. Supuestamente, un miembro de la familia Harcourt había sacado la pieza de la tumba real. En algunas fuentes señalan que, antes de devorarlo, se le escuchó comentar: “he comido muchas cosas extrañas, pero nunca antes había comido el corazón de un rey.

Desafortunadamente, la respuesta de Lord Harcourt ante la conducta tan transgresora de Buckland se perdió en la historia.

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