Una lección de vida y muerte – Creepypasta

No era otra niña del montón en medio de la tormentosa adolescencia. Siempre me consideré más inteligente y valiente que las otras niñas de mi edad. Nada de lo que esperarías de una joven en esa fase de autoconocimiento. Jamás desaproveché una oportunidad para levantar el pecho y decir que era valiente. No le tenía miedo a nada.

mujer intrepida

Solía incursionar en el bosque buscando animales venenosos y temibles, sólo para tomarme una foto. Rompí cuántas reglas me pusieron, me involucré en peleas y siempre buscaba el próximo acto arriesgado que me hiciera ver aún más intrépida y “genial”.  Eventualmente, aquellas personas que me admiraban perdieron interés en mis locas aventuras.

Ya no ideaban nuevos desafíos para seguir inflando mi ego. Toda esa atención que recibía en la escuela y en casa empezó a faltarme. Así, decidí buscar nuevas emociones en otros sitios y el Internet funcionó muy bien como herramienta para difundir mi verdad. Dediqué todo mi tiempo libre a explorar sitios web, foros, videos en YouTube y perfiles sociales que abordaban temas de terror.

El contenido de aquellas páginas me parecía ridículo, y solía hacer comentarios burlándome de las historias. Por supuesto, también de las personas que las escribían por creer en cosas tan absurdas. Ni siquiera puedo recordar los comentarios que hice, y mucho menos los sitios de los que me burlaba en ese tiempo. Lo que sí sé es que, en aquella época, adquirí cierta reputación en el ambiente sobrenatural. Era la “escéptica”.

Me recuerdo feliz con aquel nuevo pasatiempo de crítica y escepticismo en la web. Hasta el día que un desconocido, a quien jamás nunca antes vi en ese foro, respondió uno de mis comentarios. Abrí el mensaje creyendo que sería una más de tantas discusiones que tenía con otros miembros. Pasaba horas intentando convencer a todos de mi punto de vista.

Me fascinaba demostrar lo racional e inteligente que era al desechar todos esos mitos y leyendas inventados. Los consideraba tontos por creer que esa clase de cosas realmente existían. Además, me sentía superior al poseer una inteligencia privilegiada e inusual cuando se trataba de pensar racionalmente.

Pero, ese individuo que respondió a mí publicación parecía diferente al resto. Ni siquiera le interesaba discutir o tratar de convencerme de algo. Se limitó a proponerme cuatro desafíos. El primero era sencillo: el desconocido solicitó que me mantuviera en silencio en mi habitación, completamente a oscuras, en el preciso momento que las manecillas del reloj marcaran las 3 de la mañana.

chica cool

Mi primera deducción era que se trataba de una broma, y no dudé en responder que era un desafío ridículo. No lo intentaría. Sin embargo, muchos otros usuarios del foro respondieron animándome y desafiándome a hacer lo que decía el anónimo. Decidí aceptar el reto, pues se trataba de otra oportunidad para demostrar mi superioridad.

Aquella noche hacía tanto frío que me encerré en la habitación y terminé enrollada en el cobertor. Con el celular en mis manos, me mantuve atenta al reloj digital sobre el buró hasta que faltaron pocos minutos para las 3 de la mañana. Aunque jamás atestigüé sucesos paranormales en ese lugar, me invadió una extraña sensación de nostalgia.

Me resultaba familiar, como si alguien frotara delicadamente mi cabello en un gesto amoroso. Algo que no sentía hacía mucho tiempo, desde la última vez que vi a mi tío Fernando. Pese a la extraña sensación, no me dejé llevar por el momento. Encendí la lámpara y retiré las sábanas a las que consideraba responsables de la extraña sensación en mi cabeza, pues en ese momento estaba cubierta de pies a cabeza.

Tomé una foto cuando el reloj marcó exactamente las 3:02 a.m., y luego una selfie en pijama. En aquella foto mi rostro dibujaba una sonrisa de suficiencia, pues me consideraba victoriosa. Un día después adjunté la evidencia en la publicación del foro con un mensaje engreído. Entonces, le pedí al desconocido que me hiciera llegar el próximo desafío. No demoró mucho en responder, y era un desafío más complicado.

Se trataba de encender dos velas y disponer un objeto personal importante frente a un espejo. Después, debía esperar sola en la habitación con puertas y ventanas cerradas a que llegara la medianoche. En ese momento, con los ojos cerrados, debía preguntar a la persona que me regaló el objeto si se encontraba en la habitación.

Lo hice tal cual lo solicitaron. Me dirigí a la habitación más retirada de la casa, aquella que alguna vez sirvió como oficina de papá y quedó vacía cuando se divorció de mamá dos años antes. Llevé un espejo de tamaño mediano que tenía en mi habitación y lo dispuse sobre un viejo escritorio de madera. También estaban las velas y el objeto personal frente al espejo.

Revisé la hora en el teléfono y faltaba un par de minutos para la medianoche. Me paré frente al espejo y observé el objeto. Un regalo que me hizo mi tío hacía mucho tiempo: una vieja edición del libro de Alicia en el País de las Maravillas. Encendí las velas, cerré los ojos y entonces pregunté en voz alta si mi tío estaba allí. No negaré que me sentí ridícula al hacer algo de esta clase, pues estaba completamente sola en la habitación.

Y aunque no presencié fantasmas ni evento sobrenatural alguno, admito que me asusté un poco al escuchar el sonido de un golpe sordo. Como si algo se cerrara de golpe. Un poco asustada, abrí los ojos y encontré las velas apagadas y el libro cerrado. Tras recuperarme de la conmoción, empecé a reírme, saqué el celular y tomé otra selfie en pijama frente al espejo. Una vez más, mi sonrisa presumía la victoria.

chica empoderada(1)

Tomé el espejo, el libro y me dirigí a dormir a mi habitación. En ese momento deduje que no cerré correctamente la puerta o la ventana de la oficina, por lo que el viento terminó apagando las velas y cerrando el libro. Completamente ansiosa por conocer los otros desafíos lo más rápido posible, actualicé la publicación en el foro con nueva evidencia y solicité el seguimiento. Me respondió que debía esperar hasta el próximo fin de semana para saber lo que debía hacer.

Los días se fueron muy rápido, pero me mantuve a la expectativa por si el desconocido cambiaba de opinión y me decía que hacer antes de tiempo. Sin embargo, no pasó nada fuera de lo esperado. Estaba en las redes sociales cuando escuché el timbre del teléfono fijo en la sala. Respondí algo sorprendida al ver que era el número de mi tío. Me llamaba para invitarme a visitarlo en Estados Unidos. Sonreí y le dije que lo visitaría en California apenas saliera de la escuela.

– “¿Es una promesa?”

– “Sí, tío, es una promesa. Tan pronto como me den vacaciones en la escuela, iré a visitarte donde quiera que estés”, respondí y colgué el teléfono justo después.

Esperé hasta que terminó el sábado y no recibí respuesta. Me saqué una foto con la sonrisa un poco cansada, pero todavía presumiendo, haciendo el signo de victoria con las manos y me metí a la cama. Pasó el domingo y el anónimo no volvió a responder. Hasta el lunes envió un mensaje privado con un simple “hola”.

– “Esperé tu mensaje todo el fin de semana”, respondí. “Dijiste que me contactarías para decirme el tercer desafío…”

– “Ya superaste el tercer desafío”, respondió.

– “Bueno… los desafíos se están acabando y todas las pruebas que has puesto siguen sin demostrar que existen los fantasmas”.

– “¿Cómo? ¿Completaste los tres desafíos y sigues sin creer en espíritus?”.

– “Así es, casi te ganó la apuesta. ¡Jajajaja!”, reí victoriosa, tanto en el mensaje como en la vida real.

– “Supongo que ganaste, pues no puedo decirte el cuarto desafío si no has asimilado los tres anteriores”.

Aquella respuesta me molestó, pues consideré que se trataba de un pretexto para no admitir que estaba equivocado y que había perdido la apuesta.

– “Entonces explícame. Pues no entiendo el motivo de tus desafíos”.

– “Bien… te lo explicaré todo. ¿Recuerdas aquella primera prueba en la que experimentaste la extraña sensación de una mano acariciando tu cabello?”.

– “Sí…”, respondí con curiosidad.

– “Bueno, se trataba del espíritu de una persona muy importante para ti. Un espíritu bueno que te tiene mucho aprecio y afecto, por eso acariciaba tu cabello con amor”.

Me quedé paralizada, ¿Cómo sabía tantos detalles?

– “¿Recuerdas el segundo desafío donde se apagaron las velas y el libro se cerró sólo?”.

– “Sí…”, respondí con un poco de miedo.

– “Era el espíritu incorpóreo de aquella persona a la que llamaste. La travesía del alma por la habitación apagó las velas y cerró el libro”.

Aunque no creía en fantasmas, empecé a asustarme. ¿Cómo conocía tantos detalles de los desafíos? Jamás lo publiqué antes y no se lo dije a nadie.

terror en el rostro

– “Desconozco cómo adivinaste todo lo que me acabas de decir…”, empecé a teclear llena de pánico, pensando en que podría tratarse de un acosador o algo así. “Pero, ni siquiera sé si quiero llevar a cabo el tercer desafío”.

– “Ya lo has hecho”, respondió el desconocido.

– “¿Cómo?”, escribí con curiosidad.

– “El tercer desafío era contactar a una persona muerta. Y lo hiciste”.

– “¡No, no lo hice!”.

– “Claro que lo hiciste. Tu tío Fernando murió mientras estaba solo en casa hace diez días. Antes de que empezaras todos los desafíos”.

– “¡No puede ser!, nadie me ha dicho nada. Nadie sabe nada. Estás mintiendo”.

– “No miento. Nadie sabe nada porque todavía no encuentran el cuerpo. Vive aislado de la ciudad, y como no se visita frecuentemente con su familia a nadie le resulta extraña su ausencia. Nadie sabe que murió. Se enterarán ahora, cuando visiten su casa y encuentren el cadáver en avanzado estado de descomposición.

¡No puede ser! Estaba a punto de llorar en la habitación cuando mi madre entró con el teléfono en la mano. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Mi cuerpo empezó a temblar y me tiré al piso. Conocía a la perfección el motivo de la tristeza de mamá y la noticia que me daría.

Tan pronto como logramos tranquilizarnos y mi madre salió de la habitación, me senté frente a la computadora y envié el siguiente mensaje.

– “¿Cuál es el próximo desafío?”.

¡Tenía que saberlo! ¡Necesitaba saberlo! ¡Debía cerrar este ciclo!

– “Cumplir la promesa que le hiciste a tu tío. Su alma se encontraba sola y triste, pero cuando lo contactaste y prometiste visitarlo se sintió feliz”.

– “Muy bien… te enviaré la evidencia en un par de meses.

– “Gracias”, respondió antes de salir del chat del foro.

Dos meses después, apenas salí de vacaciones, pedí a mi madre viajar a California para visitar a la familia y la tumba de mi difunto tío. Accedió con gusto y en un par de días ya estábamos en la ciudad. Lo primero que hice fue visitar el cementerio. Me presenté en la tumba con el libro de Alicia en el País de las Maravillas y un ramo de flores blancas.

cementerio

Le pedí perdón por no acompañarlo en sus últimos momentos. Oré para que su alma descansara en paz y dejé el cementerio. Ya fuera del lugar, saqué el teléfono y tomé una foto frente a las puertas del cementerio. Aquella noche la publiqué en el foro. Esa sería mi última contribución en aquel sitio, en ese y en cualquier otro de su clase.

En la foto aparecía vestida de negro, con medias oscuras y tacones bajos. Tenía marcas rojas en mi cara por el llanto, pero no me molestaban, ni en ese momento ni ahora. Hice mi tradicional signo de victoria con las manos y sonreí. Era una sonrisa diferente a las que estaba acostumbrada. No estaba presumiendo ni burlándome, era una simple y modesta sonrisa de alguien que aprendió una valiosa lección y estaba feliz por ello.

Acompañé aquella foto con la siguiente leyenda: “cree en lo increíble. Existen más cosas entre el cielo y la tierra de lo que nuestra vana inteligencia puede comprender”.

Después, me dirigí a la configuración del sitio para eliminar mi cuenta definitivamente. Sin embargo, antes de hacerlo recibí una notificación en mi perfil. Un anónimo respondió a mi última publicación. Me dirigí a ver la respuesta. Y jamás olvidaré lo que leí.

“:) Muchas gracias por todo, Poochie”.

Y nunca lo olvidaré pues la única persona que conocía aquel viejo apodo de mi infancia, era la misma que me lo puso hacía mucho tiempo… mi difunto tío Fernando.

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