Una historia de amor sin final feliz

Katie Kirkpatrick, de 21 años se olvidó del cáncer para celebrar el día más feliz de su vida. Katie ha decidió hacer a un lado el cáncer que le obstruía los pulmones y decidió que lo único que importaba ese día era lo que dictara su corazón. La respiración era difícil, tuvo que utilizar el oxígeno. El dolor en la espalda era tan intenso que ni la morfina lograba aliviarlo. Sus órganos estaban al borde del colapso pero nada de eso le impidió casarse con Nick Godwin, de 23 años, quien estaba enamorado de Katie desde el noveno grado.

Nick Godwin, de 23 años, a la izquierda, se toma un momento de descanso, mientras su novia Katie Kirkpatrick, derecha, recibe un procedimiento por vía intravenosa para reducir la cantidad de líquidos que su cuerpo estaba reteniendo en el McLaren Regional Medical Center en Flint el 12 de enero de 2005. Nick Godwin que trabaja turnos de noche como ayudante del Sheriff del Condado de Lapeer llevo a Katie al centro médico después de una noche de trabajo, tres días antes de su boda.

Katie Kirkpatrick, de 21 años, hace alguna preparativos unos minutos antes de caminar hacia el altar para casarse con Nick Godwin, de 23 años, a quien había conocido desde el noveno grado, en la Iglesia de Cristo en Hazel Park el sábado 15 de enero 2005.

David Kirkpatrick da el visto bueno a su nuevo hijo político, mientras admira la pareja con su esposa Niki Kirkpatrick, derecha, después de que Nick y Katie se casaron en la Iglesia de Cristo en Hazel Park el sábado 15 de enero 2005.

Katie Kirkpatrick Godwin, derecha, recibe una serenata por su nuevo marido, Nick Godwin, y sus mejores amigos durante la fiesta de boda en la pista de baile en el Club de Golf Boulder Point, Michigan, el sábado 15 de enero 2005.

Katie Kirkpatrick, de 21 años, y Nick Godwin, de 23 años, se abrazan por un momento mientras esperan al fotógrafo de la boda después de casarse en la Iglesia de Cristo en Hazel Park el sábado 15 de enero 2005.

Katie Kirkpatrick Godwin, centro, descansa por unos momentos durante su fiesta de bodas. Katie estaba agotada. Su cara se veía tan blanca como su vestido. Cinco días después, Katie murió. Ella no dejó que la enfermedad le impidiera vivir la esperanza o la fe que la hizo creer que tenía un futuro. Tuvo una boda hermosa y tenía amor, así es como venció al cáncer.

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