Thomas Bradford: el espiritista que se suicidó demostrando su teoría

El espiritista Thomas Bradford siempre se preguntó si existía conciencia después de la muerte. Y llegó hasta las últimas consecuencias para resolver el enigma. Desde el comienzo de los tiempos los humanos se han esmerado por cuestionar lo desconocido, llenando ese vacío con toda clase de dioses y entidades que proporcionan algo de luz en la oscuridad. A la mayoría nos gusta pensar que la vida tiene un significado, y que hay algo más esperando del otro lado. Que no simplemente nos desvanecemos por la eternidad.

espiritismo y mediums

El espiritismo y Thomas Bradford.

En los albores del siglo XX, la nueva doctrina del espiritismo buscó proporcionar consuelo a los que estaban de luto. Los defensores del movimiento afirmaban que los muertos nunca se fueron, y que algunos individuos con habilidades especiales lograban sintonizarlos para contactarlos con las familias en duelo. Obviamente, había que pagar una módica cantidad de dinero.

El gran inconveniente para los espiritistas eran los escépticos. Personajes como Harry Houdini se propusieron revelar los trucos y secretos bajo los que actuaban estos charlatanes. Sólo por si acaso, Houdini hizo un pacto con su esposa Bess: si alguno moría, establecerían contacto con un mensaje codificado que sólo ellos conocían.

El 31 de octubre de 1926, Houdini terminó muerto en un inesperado incidente. Y cada aniversario luctuoso de su esposo, Bess celebraba una sesión de espiritismo. Tras diez años intentando contactar a Houdini en el más allá, Bess finalmente se rindió. Ni siquiera el gran Harry Houdini pudo escapar de la muerte.

Sin embargo, una considerable cantidad de individuos estaban dispuestos a todo para demostrar la veracidad del espiritismo. Thomas Lynn Bradford, un profesor en Detroit, Estados Unidos, llegó a quitarse la vida para demostrar que podía comunicarse desde el más allá.

El experimento de Thomas Bradford.

La primera fase del experimento consistía en encontrar un destinatario. Para eso, Bradford colocó un anuncio en el periódico en el que buscaba a alguien interesado en la “ciencia espiritista”. Una mujer llamada Ruth Doran respondió a la solicitud. “Respondí al anuncio por el simple deseo de conocer un poco más sobre algo en lo que era poco versada”, dijo más tarde a los periodistas. “No me considero espiritista, y mucho menos creyente de lo psíquico”.

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Durante la entrevista, Bradford le explicó lo que tenía en mente para demostrar la existencia de vida después de la muerte. “Dos mentes sintonizadas, una de las cuales debe deshacerse del vínculo terrenal”. En resumen, el profesor buscaba deshacerse de su prisión corporal para contactar a Ruth desde el otro mundo.

Así, el 6 de febrero de 1921 Thomas Bradford apagó el piloto del calentador en una habitación alquilada, activó al máximo el flujo de gas y se echó en la cama para respirar la tóxica sustancia hasta que murió.

La policía encontró una nota sobre la máquina de escribir de Bradford. “Y es mediante estos hechos científicos que propongo demostrar claramente los fenómenos de los espíritus y comprobar que todos los fenómenos se encuentran fuera del dominio de lo sobrenatural”.

Doran mencionó: “soy su amiga. Si puede lograr que su espíritu vuelva a nuestro mundo, creo que vendrá primero conmigo”.

El silencio del espiritista muerto.

Dos semanas después de la tragedia, el New York Times publicó una historia titulada “Silencio del espiritista muerto”, donde reportaban que Doran aún no recibía transmisión alguna desde el más allá. Tres días después que la historia apareciera en el periódico, y mientras Doran esperaba por el contacto en su salón, una mujer llamada Lulu Mack aseguró escuchar al espíritu de Bradford llamándola. Mack empezó por decir que no conocía al tal Bradford, supuestamente ni siquiera escucho la historia, pero por alguna razón intentó comunicarse con ella cuando realizó su sesión como médium.

Durante la sesión, Mack supuestamente escuchó una voz que decía “Thomas Bradford”. “La vida abandonó el cuerpo de Thomas Lynn Bradford, pero su espíritu ha regresado y nos llama para escuchar el mensaje”, comentó Mack a la prensa. “Escuché el llamado de su espíritu. Me llama Incluso en este momento. Sin embargo, no puedo escuchar el mensaje porque el espíritu es muy débil”.

Mack señaló que el espíritu de Bradford era débil porque se suicidó. También aseguró que demoraría algún tiempo purificarlo para pasar a la siguiente fase. Además, dijo que tendría fuerza suficiente para comunicarse cuando alcanzara la segunda o tercera fase.

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Saludos desde el más allá.

Una semana después de la aparición de Bradford en los canales espiritistas, Doran afirmó sentir una presencia extraña y creía que se trataba de Thomas. Tenía la vaga noción de que la contactaría la noche del 12 de febrero, aunque señaló que no tenía la fuerza suficiente para manifestarse por su cuenta.

“Entonces, los psíquicos de toda la ciudad acordaron concentrarse a las 9 de la noche en Thomas Bradford para impulsar el regreso del espíritu”, señalan los documentos de la época. “Los principales espiritistas invitaron a sus seguidores a unirse a esta concentración”.

El mensaje del espíritu de Thomas Bradford.

A las 9 de la noche, como había establecido la premonición de Doran, ella y tres testigos (supuestamente) escépticos se reunieron en una habitación con poca luz. Cuando sintió la presencia de Bradford, Doran se llevó las manos a las sienes y dijo “apaga la luz”.

La habitación quedó en completa oscuridad.

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“Escucho su voz”, dijo Doran. “Es débil, pero se ha vuelto más inteligible. Se trata del profesor”.

Entonces, ella dijo: “escribe esto”.

En ráfagas continuas, Doran dictó el mensaje que el profesor Bradford le comunicaba desde el otro mundo.

Soy el profesor y te hablo desde el más allá. He rasgado el velo. La ayuda que me proporcionaron los vivos fue muy útil.

Simplemente me dormí. Desperté y en un primer momento no me di cuenta que estaba muerto. Aparentemente no hay ningún gran cambio. Esperaba que las cosas fueran distintas. No es así. Las formas humanas se definen por el contorno, pero ya no por el físico.

El viaje tampoco fue largo. Todavía estoy en una oscuridad. Veo muchas personas. Parecen naturales. A diferencia de la vida, aquí las responsabilidades son pocas. Uno se siente extasiado y feliz. Las personas de naturaleza similar se agrupan. Estoy en un grupo con otros investigadores. No me arrepiento de lo que hice.

El plan actual no es más que la primera fase. Todavía investigo respecto a lo que sucede en este plano y si somos tan ignorantes como los seres terrenales de que existe vida más allá.

En ese momento la voz del profesor se debilitó, la luz volvió a encender y la conexión se terminó.

“¿Estás segura de que escuchaste a Bradford?”, preguntó uno de los testigos a Doran. “Plenamente convencida”, respondió. “Jamás antes escuché la voz de un espíritu. Sin duda, era el profesor”.

3 comentarios en «Thomas Bradford: el espiritista que se suicidó demostrando su teoría»

  1. Uh… pues… yo tengo un relato más o menos así.
    Por un tiempo empecé a soñar con una niña que tenía aspecto «indígena», pero no lo digo de mala manera, sino que el aspecto de la niña era como pintan a los aztecas en las películas o en los documentales, gente morena color bronce, dorado, con cabello negro, largo y unos ojos bastante grandes, aún vestía su ropa prehispánica.
    La niña, en sueños me dijo que se llamaba Azul, y que buscaba a su padre.
    Otro día diferente, igualmente soñando, me dijo que donde yo vivo era el lugar donde ella y su padre vivían, y que no encontraba a su padre.
    Otro día después, me enseño cómo era su padre, y que necesitaba encontrarlo.
    En el sueño, caminamos ambos, y cuando encontramos a su padre, que no era más que un «indígena», con aspecto de Indio Aborigen, de un fuertísimo color dorado, con quijada cuadrara, gigante en estatura y un gran penacho de plumas, me dijeron: «Abrenos tu ventana para que podamos irnos»

    Cuando desperté ese día, encontré que la ventana de mi cuarto estaba completamente abierta, siendo que duermo con ventana cerrada por que odio los mosquitos.
    No se si creer que lo que soñé fue real, pero no estoy mintiendo con esta historia.
    Desde ese día, cuando desperté con la ventana abierta, no volvi a soñar ni con Azul ni con su padre.

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