Te pareces tanto a mí

El fantasma que me acechaba no era del tipo que escuchas en las clásicas historias de terror. No arrastraba cadenas por el piso, movía cosas en la habitación o atravesaba paredes. Nada que ver. De hecho, cuando termines de leer esta historia tal vez ni siquiera lo encuentres aterrador en absoluto. Pero, logró aterrorizarme de una forma especial.

Te pareces tanto a mi fantasma1

Cada noche, cuando el reloj marcaba las 3:12 a.m. me despertaba. Recuerdo que las primeras veces mi perro gruñó y ladró en dirección a la puerta. Pero, conforme pasó el tiempo terminó acostumbrándose y mi mascota incluso esperaba esta visita nocturna. Debo confesar que yo también estaba aterrado al principio, pero la rutina provocó que llegara a esperarlo en la cocina.

En ocasiones, incluso me preparaba una taza de té para hacer más llevadera la situación. Porque no era su apariencia lo que me ponía los pelos de punta, sino sus palabras. Solía contarme que, cuando estaba vivo, mi apartamento lúgubre y poco acogedor era su hogar. De hecho, me dijo que pasó la mayor parte de su vida aquí. Rara vez socializaba, nunca se casó y mucho menos tuvo hijos.

La comodidad que le brindaba a este pequeño lugar era más que suficiente para su existencia, y poco a poco se dio cuenta que difícilmente se iría. Los pocos amigos que hizo a lo largo de su vida dejaron de frecuentarlo paulatinamente. Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y, finalmente, se dio cuenta de que habían pasado años desde la última vez que salió de este lugar.

Me contaba lo mismo todas las madrugadas, palabra por palabra, con el mismo tono de pesar en la voz. Y, justo antes de desvanecerse frente a mis ojos, me decía: “te pareces tanto a mí”. No creo que nos pareciéramos. Yo era diferente y mi situación definitivamente mucho mejor. Pero, aquellos fines de semana solitarios se convirtieron en semanas repletas de soledad. Y las semanas se transformaron en meses a solas con nada más que mis pensamientos.

Cada noche, durante 65 años, tuvimos exactamente la misma conversación. Ni siquiera puedo recordar la última vez que lo vi. Una noche simplemente desapareció para jamás regresar. Recuerdo pasar varias horas despierto en la madrugada, esperándolo en la cocina junto a una taza de té, pero nunca volvió.

Aunque no estoy solo. Un joven se mudó a vivir a mi apartamento y, en esas noches en las que no puedo dormir, nos reunimos para charlar un poco en la cocina. Es un joven realmente encantador, y debo decir que se parece tanto a mí. itchy_sanchez

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