Odio tanto mi trabajo

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Mi trabajo es jodidamente increíble. Voy a tratar de resumirlo, empezando por las personas con las que trabajo.

El primer lugar, hay una chica aspirante a super modelo. Quizás suene muy bien, y la verdad es que es bastante sensual, pero vaya que es completamente inútil. La mujercita esta constantemente arreglándose el pelo y maquillándose todo el tiempo. Es bastante egocéntrica y nunca toma en cuenta las necesidades de los demás. Es tan tonta como una caja de piedras, me sorprende que tenga el suficiente cerebro como para seguir respirando.

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Los carajos más famosos de la historia

1.. – ¿Cuándo «carajos» va a parar de llover? (Noé, año 4314 AC)

2. – ¿Cómo «carajos» se te ocurrió esa cosa? (mamá de Pitágoras, año 126 AC)

3. – ¡»carajos», la cagó el calor! (Juana de Arco, año 1431)

4. – ¿Cuándo «carajos» vamos a llegar? (Cristóbal Colón, año 1492)

5. – ¿De dónde «carajos» salieron tantos indios? (Pedro de Valdivia, Tucapel, año 1553)

6. – ¿Cómo «carajos» quieren que pinte el techo? (Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, año 1566)

7. – ¿Qué «carajos» tomaste Julieta? (Romeo, año 1595)

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Las cosas más sorprendentes e increíbles del mundo mundial

Cuando Hernan Colón descubrió América en el 1110 a.C. todas las palmeras descritas en los textos de la época tenían hojas dentadas. Algunos documentos considerados como malditos por el vaticano describe que Jesucristo se transportaba sobre cualquier superficie en una tabla color rosa que flotaba en los aires. La palabra monótono proviene de un primate …

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El emperador y la semilla

Emperador y la semilla

Un emperador en el Lejano Oriente se estaba haciendo viejo y sabía que se acercaba el momento de elegir a su sucesor. Pero en lugar de elegir a uno de sus asistentes o a uno de sus hijos decidió hacer algo diferente. Llamó a todos los jóvenes del reino y los reunió un día. Les dijo, “Es hora de que deje mi trono y elija al siguiente emperador; y he decidido elegir a uno de ustedes.”

¡Los jóvenes quedaron boquiabiertos! Pero el emperador continuó. “Voy a dar a cada uno de ustedes una semilla. Una semilla muy especial. Quiero que la planten, la rieguen y dentro de un año quiero que regresen con lo que haya nacido de esa semilla. Será entonces cuando juzgue a las plantas que traigan y seleccione quién será el siguiente emperador.”

Un muchacho llamado Ling estaba ahí ese día, y él, como los demás, recibió una semilla. Partió a casa y muy emocionado le contó a su madre la historia. Ella le ayudó a conseguir una maceta y tierra fértil; luego él plantó la semilla y con mucho cuidado la regó. Cada día la regaba y miraba si ya estaba germinando.

Después de tres semanas algunos jóvenes comenzaron a hablar de sus semillas y de las plantas que estaban comenzando a crecer.

Ling seguía vigilando su semilla, pero nada crecía. Tres semanas, cuatro semanas, cinco semanas pasaron. Pero nada. Para entonces, los demás hablaban de sus plantas, pero Ling no tenía ninguna, y sentía que había fallado. Pasaron seis meses y nada germinaba aún de la maceta de Ling. Sabía que de alguna manera había matado su semilla.

Todos los demás ya tenían arbolitos y plantas grandes, pero él no. Sin embargo, Ling no decía nada a sus amigos. Simplemente seguía esperando a que su semilla creciera.

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