Piel de Talión

Si Betzabé no fuera mujer, seguramente Christian ya le habría roto la nariz de un puñetazo. Hubiera tenido la misma piedad que aquella asesina le demostró a su víctima. Mientras observaba a la mujer, el policía sentía cómo el enojo se le acumulaba entre las sienes.

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Sacó un cigarro y lo encendió. Un día antes de su ejecución, Betzabé todavía era extremadamente hermosa; ni siquiera el desvelo y los tres kilos que había bajado en los últimos días la hacían lucir demacrada. La mujer permanecía con los brazos cruzados y la mirada fija en los ojos del policía que caminaba en círculos por el cuarto, con una nube alrededor de su cabeza.

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