Este corazón no me pertenece

Mi corazón jamás destacó por su fortaleza, y no sólo físicamente: era capaz de asustarme hasta de mi propia sombra. Así que no fue una sorpresa cuando los médicos me notificaron que mi soplo cardiaco era algo mucho más grave de lo que suponían. Un año en medio de terapias, análisis clínicos y visitas muy regulares al hospital resultaron completamente inútiles.

mujer con el maquillaje corrido

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Nunca abras la puerta

Todo empezó cuando tenía 6 años. Recuerdo que me encontraba en el colegio, en una clase de lectura y redacción, y necesitaba orinar… qué dilema. A esa edad, un considerable número de compañeros aún se orinaban en los pantalones, y siempre tuve la paranoia de avergonzarme en público de esta forma.

monstruo tras la puerta oscuridad

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