La casa de Fidel

Una noche me llamó doña Paty y me platicó que su marido había heredado una propiedad ubicada en una antigua colonia de la ciudad de México. Y dijo que en vano trataban de remozarla, porque a los albañiles contratados los espantaban y no duraban trabajando ni dos días seguidos. Seguramente recuerda esta historia, la vivimos juntos.

Doña Paty y su marido, incrédulos, decidieron pasar una noche en el inmueble, pero esta fue la más terrible experiencia de sus vidas. Desde que entraron a la casa tuvieron la extraña sensación de que eran observados y sintieron miedo, acompañado de un frío especial, pero ellos, al fin escépticos, no dieron mayor importancia a estos hechos. Las horas pasaban y sus ojos permanecían abiertos. Después de dar varias vueltas en la cama sin conciliar el sueño, justo a las dos y media de la mañana el frío se agudizó y en ese momento una horrible sombra de dos metros se manifestó frente a ellos, a la vez que escuchaban un desgarrador alarido. Era un ser diabólico que se abalanzó sobre el marido de doña Paty y lo inmovilizó de inmediato. La señora saltó de la cama aterrorizada pidiendo auxilio y tenebrosamente los muebles y objetos del cuarto empezaron a vibrar como si tuvieran vida propia. Con un esfuerzo desesperado el señor logró liberarse del extraño ente y la pareja salió despavorida a la calle, él en calzoncillos y ella con su delgada bata, de modo que dejaron su ropa, otras pertenencias y sobre todo las llaves del auto estacionado en la calle.

Más tarde, sin comprender lo que había pasado y aún sin recuperarse del susto, en forma desesperada pidieron ayuda a una patrulla de policía que pasó por el lugar. Los policías no creyeron lo que el matrimonio contaba y por la forma en que los encontraron pensaron que la pareja estaba alcoholizada o drogada, así que llamaron refuerzos. Enseguida llegaron dos patrullas más y después de hacer preguntas y más preguntas propusieron a los propietarios entrar a la casa, ya que estaban seguros de que se trataba de delincuentes que habían espantado al matrimonio para ahuyentarlo y robarle. Más tarde seis policías entraron tras forzar la puerta y el matrimonio quedó a resguardo en una patrulla. Transcurrieron cuatro o cinco minutos y se escucharon tres balazos dentro de la casa. En medio de gritos y desconcierto los gendarmes salieron corriendo alarmados, pálidos y con caras de angustia, hasta parecía que habían visto al mismísimo pingo. Uno de ellos se resbaló en la puerta, se golpeó la cabeza y sufrió una herida a lo que no dio importancia, se levantó y rápidamente entró a su patrulla. Sólo Dios y los policías saben que vieron dentro de la casa. El jefe se dirigió al matrimonio. «Quién sabe que tiene esta casa —dijo—, si gustan los llevamos a un hotel o a otro lugar, pero no volveremos a entrar».

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El caso de Josué

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Esta historia de terror emitida en vivo por el programa «La Mano Peluda» la puedes escuchar en YouTube desde aquí. La siguiente historia esta contada desde la perspectiva del conductor del mismo programa, aun así no deja de ser aterradora.

Una de las historias más famosas del programa es el caso de Josué, un joven que un día, en compañía de su abuelita, su mamá y dos hermanitos cruzó la frontera en busca de una mejor condición de vida. Al paso del tiempo su situación era precaria y Josué, como hijo mayor, vivía desesperado por hallar la solución para que su familia dejara de padecer la pobreza. Trabajaba en un lado y en otro, ganando apenas lo suficiente para comer, y un día amaneció con una idea que según él remediaría todo: vender su alma al mal.
Al cabo de 11 meses este joven consultó, investigó, consiguió algunos libros de magia negra y una noche se le aparecieron en su cuarto tres sombras que le dijeron:
—Josué, así que quieres dinero y poder.
—Sí, es mi mayor deseo —respondió el joven.
—Entonces, para cerrar el trato necesitamos el alma de un ser querido.
—¿Cómo un ser querido? —dijo Josué sobresaltado— Si estoy haciendo todo esto es precisamente para que ellos estén bien.
—Si realmente quieres que tu familia deje de padecer hambre, debes entregarnos el alma de uno de sus miembros. Tienes hasta la próxima luna llena para hacerlo; de lo contrario, te va a pesar.

Y las sombras se fueron. Esa noche fue la más larga en la vida de Josué. No durmió pensando en lo que las sombras le habían dicho y a su cerebro llegaban pensamientos encontrados. Y al otro día se enteró de que faltaban dos noches para la luna llena y él tenía que resolver la situación.

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Posesión demoníaca fatal

emily5[1]Una tarde de diciembre recibí en mi oficina una llamada desesperada de doña Lupe, quien aseguró que desde hacía varios meses su hija Rita acostumbraba jugar con la ouija y el comportamiento de la muchacha había cambiado paulatinamente, llegando al extremo de golpear a su madre y amenazar a sus hermanas y a su padre con un cuchillo. Le practicaron varios estudios clínicos físicos y mentales, que revelaron que su hija estaba clínicamente sana, por lo que optó por pedir la opinión de una vecina que practicaba el espiritismo.

Al ver a Rita la vecina se espantó y dijo a su madre que la joven estaba endemoniada y tendrían que exorcizarla; agregó que ella no podía ayudarla y no volvió. Doña Rita y su marido, angustiados y confundidos, se echaron en busca de un curandero que les habían recomendado y lo llevaron ante su hija, que en ocasiones se ponía tan mal que tenían que amarrarla a la cama. Al llegar al cuarto de la joven el curandero encendió un anafre y comenzó a practicar una limpia a la muchacha, para lo cual pidió a la familia que los dejaran solos. Pasaron unos diez minutos y se escucharon unas horribles carcajadas. Era una voz gruesa y cavernosa, como de bestia, que jamás se había escuchado en esa casa.

A la vez hubo un estruendo terrible, como si destruyeran los muebles de la habitación. Llenos de angustia y pánico, los padres de Rita se dirigieron a la habitación y al abrirla encontraron a su hija saltando en la cama y carcajeándose burlonamente con la espeluznante voz. En las manos teñidas de sangre sostenía mechones de cabello y no cesaba de proferir toscos insultos contra el curandero.
—¡Ahí tienen a su gallo! Tráigame otro, porque este pen… no sirvió para nada. ¡Ja ja ja!
El curandero se hallaba inmóvil en el piso, quemándose, porque el anafre encendido estaba debajo de él. Su cabeza casi no tenía cabello, pues Rita se lo había arrancado a tirones. Como pudo, la pareja lo sacó de la recámara, arrastraron el cuerpo del hombre y luego cerraron con llave.
Asustada, la madre de Rita fue por alcohol para reanimar al curandero, que parecía muerto. Minutos más tarde reaccionó y profirió terroríficos gritos.
—¡Es el diablo! —decía— ¡Es el diablo!

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Fantasmas en casa

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La siguiente historia trágica y terrible también es real. Usted alguna vez escuchó algunos de los detalles en La Mano Peluda y nosotros realizamos una investigación especial, hasta las ultimas consecuencias.

La historia comenzó 20 años atrás, cuando los miembros de una familia juntaron sus ahorros, compraron un terreno en las afueras de la ciudad y poco a poco fueron construyendo una casa que constaba de seis departamentos en que se instalaron los padres y cada uno de los cinco hijos, ya casados. Por alguna razón en esta casa se jugó a la ouija y a partir de esa jornada todo en ella cambió y a los miembros de la familia les empezó a ir mal. En lo económico, su posición decaía paulatinamente sin que se conociera el motivo, y la salud de sus habitantes se veía afectada a partir de nada en especial.

Al paso de los años las cosas fueron de mal en peor, pero lo que más preocupaba a la familia era no saber la procedencia del radical cambio en sus vidas. En dos décadas murieron cinco miembros de la familia, inexplicablemente, y cada vez más se presentaban en cada uno de los seis departamentos fenómenos paranormales y enfermedades que tenían a esta gente al borde de la desesperación. Tres de las seis familias que habitaban la casa ya no dormían, porque de alguna forma la desgracia se cargaba más hacia ellas y ciertas situaciones extrañas les ocurrían con mayor frecuencia que a las demás, y esas situaciones eran cada vez peores. Les movían las camas cuando dormían, les tiraban los trastos de la cocina, constantemente aparecían sombras o permanecía un insoportable olor a podrido, por lo que decidieron irse a vivir a otro lado y la mitad de la casa quedó deshabitada.

Convencidos de que todo lo que sucedía podía ser consecuencia directa de que hubiesen invocado algo malo mediante la ouija, y con la necesidad imperiosa de recuperar la paz en sus vidas, cierto día solicitaron la ayuda de un sacerdote, con la intención de que celebrara algunas misas en el lugar y librara así a la casa de aquello extraño que había dentro. Días después un religioso de un templo cercano llegó a la casa acompañado por un miembro de estas familias, pero se detuvo en el zaguán y exclamó:
—Aquí hay algo muy malo y muy poderoso. Voy a consultarlo con mis superiores. Y no entró a la casa.

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Muerte en el metro.

Tunel_I_by_lautremontArturo, un trabajador del metro, como cada tercer día citó a su novia Angélica en una estación subterránea de ese medio de transporte. En ese lugar, el día anterior, había ocurrido un terrible accidente en el cual un hombre murió despedazado al caer a las vías del tren. Al llegar la novia, Arturo le contó lo sucedido y la llevó al sitio preciso donde el hombre había muerto. Todavía se observaban grandes manchas de sangre seca.

Angélica, al escuchar la narración de su novio se empezó a sentir mal. Extrañamente, la cabeza le comenzó a doler de una manera intensa y se sintió mareada, lo que hizo que Arturo la llevara a su casa. Días más tarde, Angélica, aunque siempre había sido escéptica, tuvo sus primeras experiencias sobrenaturales. Primero llegaron unas pesadillas en las que un hombre descarnado le quería hacer daño. Luego, sentía que se sentaban en su cama y la descobijaban. Y llegó el momento en que estas situaciones tenían tan asustada a la joven, que lo reveló a su familia. No le creyeron, le dijeron que estaba sugestionada por lo del accidente ocurrido en el trabajo de su novio y que mejor lo olvidara. Algo semejante ocurrió con sus amigas, que al escuchar el relato se burlaron de ella.

Las situaciones paranormales se le manifestaron cada vez más. La vida de Angélica había cambiado, ahora era una mujer retraída y el mínimo ruido la exaltaba. Creía que se estaba volviendo loca y un día, acostada en su cama, vio la sombra de un hombre y, cuando intentó pedir auxilio, quedó paralizada. La sombra se acercó a ella y dijo con desesperación:

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El hijo del diablo

Silvia, joven provinciana originaria de una zona rural del centro del país, emigró a Estados Unidos para trabajar convencida de que ahí se encontraba su futuro. Para hacerlo tuvo que desafiar a su madre, a quien le disgustaba la idea, pues su hija apenas había cumplido 19 años.

Incubus

El 10 de enero Silvia llegó a casa de su primo David, quien llevaba 10 años residiendo en el lugar. Pronto, Silvia logró colocarse como empleada doméstica con una familia formada por los padres y dos hijas adolescentes de nombres Liza y Fanny. Silvia constantemente tenía roces con las hijas, ya que ellas tenían ideas racistas a las que la joven trató de no darles importancia. Al paso de los meses conoció en detalle el estilo de vida de la familia, con el cual no estaba muy de acuerdo. Sobre todo le preocupaba que las hijas casi todas las noches realizaran rituales extraños en sus habitaciones.

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