El precio a pagar – Cuentos de terror

Mi nombre es Susana, apenas tengo 15 años, pero he tenido que pasar por muchas cosas en mi vida. Mi relato comienza hace 3 años… Mis padres son divorciados, por lo que mi papá vive en Cuernavaca y yo en el Distrito Federal con mi madre – desde muy niña mi padre me llevaba en las vacaciones para pasar el tiempo con él. Mi abuela, la madre de mi padre, también vivía en Distrito Federal, pero se fue a vivir con mi padre, pues casi siempre estaba sola en su departamento desde que mi tía se fue a los Estados Unidos hace 9 años. Mi padre compró un terreno para construir su casa, mientas que mi abuela compró el terreno de al lado para también construir su vivienda.

sombra

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Reservación – Creepypasta

Existe un restaurante, y no se trata propiamente de un lugar, un establecimiento sí, sino de un concepto. Nunca es tan grande como para provocar agonía ni tan pequeño como para que dé claustrofobia. Las mesas y el escenario están dotados de una decoración extremadamente refinada, y por mucho que sea de tu preferencia asistir a los bares, te va a gustar el ambiente.

restaurante

Desgraciadamente no tienen una dirección fija, pero algunos dicen que se encuentra en la melancolía, en los recuerdos más frágiles, e incluso en aquel rincón destrozado de tu mente. No hacen entregas a domicilio y tampoco reservaciones, pero siempre que lo encuentres, tendrás el mejor lugar del restaurante especialmente para ti. No se entra acompañado, el ingreso es exclusivamente a solas. Es un requisito para mantener el buen trato y la alta calidad. El servicio es sin igual y la comida, bueno, la comida…

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El árbol de los ahorcados

Cuando la empresa estadounidense Eletronics Company Empire decidió construir su filial mexicana en nuestra ciudad, eran tan sólo un joven de apenas veinticinco años, me había titulado en informática en la universidad local y ansiaba encontrar un empleo seguro que influenciara a mi novia a dar el sí a mi pedido de matrimonio.

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Samari se rehusaba a hablar de matrimonio simplemente porque no tenía una estabilidad financiera, ella trabajaba como editora freelance y su padre era un hombre muy amargado, abandonado por la esposa y que veía su vida desvanecerse mientras despachaba arena en un depósito de materiales para la construcción; yo era un campesino huérfano que me sustentaba con los pocos ingresos de la cría de mis cabras, gallinas y algunas vacas lecheras en un sitio que recibí como herencia de mis padres. Un lugar que los locales consideraban un sitio maldito. A cien metros de la única casa en la propiedad, una construcción de madera dos pisos, vieja, grande y oscura, había un árbol centenario, frondoso y con una terrible fama de atraer a la gente desesperada.

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Harrison Bergeron, un cuento de Kurt Vonnegut

El año era 2081, y todos eran, por fin, iguales. No sólo eran iguales ante Dios y ante la ley. Eran iguales en todas las maneras posibles. Nadie era más inteligente que los demás. Nadie lucía mejor que los demás. Nadie era más fuerte o más veloz que los demás. Toda esta igualdad era gracias a las Enmiendas Constitucionales número 211, 212 y 213, y a la incesante vigilancia de los agentes de la Directora General de Impedidos de los Estados Unidos.

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Aún así, algunas cosas sobre la vida aún no estaban totalmente bien. Abril, por ejemplo, continuaba volviendo loca a la gente por no ser primavera. Y era en ese mes húmedo y pegajoso en el que los hombres H-G se llevaron lejos a Harrison, el hijo de catorce años de George y Hazel Bergeron.

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Espantapájaros, el sacrificio maldito

Una familia feliz habitando en su pequeña propiedad rural donde eran dueños de un maizal. Por desgracia, el destino quiso que una tragedia sucediera, trayendo a la vida a un nuevo asesino serial: “El Espantapájaros”

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“Cuando la maldición se vuelve real, las alas negras de la muerte dan sombra a los que viven”.

En alguna ciudad tranquila y enigmática de un interior cualquiera – 1983.

Parecía ser un fin de semana común y corriente en el que Jacob Turner y su hijo Noah –de tan solo seis años– se quedarían juntos, mientras la esposa iba a la ciudad vecina a visitar a su madre que se encontraba muy debilitada por un cáncer que la consumía a una velocidad increíble. Aquel día nublado y aparentemente normal pasaría para siempre a la historia de aquella afable familia.

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