Las supersticiones más comunes

supersticiones

1. Un gato negro que camina hacia ti o que se cruza en tu camino.

Mala suerte: Aunque en Egipto se creía que el gato era la reencarnación de los dioses, siglos después, la Iglesia Católica lo consideró como la reencarnación del diablo, por lo que eran quemados. El negro se identificaba con el diablo por ser el color de la noche. En casi toda Europa y en Norteamérica se cree que un gato negro trae Mala suerte si se aleja de ti, pero Buena suerte si camina hacia ti.

2. Colgar una herradura detrás de la puerta.

Buena suerte: Según los griegos, el hierro -en forma de media luna- protegía de los hechizos, así que la herradura colocada en la puerta impedía la entrada de las brujas y del mal. Tradicionalmente se creía que las herraduras otorgaban más suerte eran las de los borricos, porque tienen siete agujeros, un número mágico por excelencia.

3. Un cuadro torcido o que cae de la pared donde está colgado.

Mala suerte: Esta idea tiene su origen en la Grecia clásica, donde se creía que si el retrato de un monarca o una celebridad caía al suelo sufriendo serios daños significaba que iba a morir en poco tiempo.

4. Escupir.

Buena suerte: Se cree que escupir evita males. Plinio dejó escrito en su historia natural: «es sorprendente, aunque fácilmente comprobable, que si alguien ha sido golpeado y se escupe enseguida en la palma de la mano del agresor, el dolor de la víctima se alivia al momento. Algunos incrementan la fuerza de sus golpes escupiendo en sus manos antes de realizar cualquier esfuerzo«. Se dice también que con esa fuerza se podía golpear mejor al Diablo.

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Historia curiosa y extraordinaria

En el siglo XVII, la mayoría de los médicos sostenían que a los promiscuos se les ponía la nariz roja, padecían gota crónica, alopecia y, a los más viciosos, hasta les salía una joroba.

Los principios de la actual calefacción central hay que buscarlos en los antiguos romanos, inventores del hipocausto: tubos de barro cocido en las paredes que distribuían por toda la casa el aire caliente a partir del fuego de leña que ardía en el sótano.

En la Europa del siglo XVIII comenzó a utilizarse el vapor conducido a través de tuberías para calentar las casas de los ricos, pero el aire se resecaba y el olor a polvo quemado era insoportable. Ya en 1880 comenzó a calentarse agua en lugar de aire a través de los actuales radiadores.

30 siclos de plata –unos 1.200g- es lo que supuestamente cobró Judas por delatar a Cristo. Era un cifra pequeña, similar a la indemnización por dejar inútil a un esclavo.

Era famosa la rivalidad entre el pintor Giotto di Bondone y el poeta, también italiano, Dante Alighieri. En una ocasión, y después de que Giotto le presentara a sus hijos al poeta, éste no tuvo otra ocurrencia que preguntarle: “¿Cómo es que hacéis unas figuras tan hermosas para los demás y, sin embargo, las vuestras propias son tan deformes?” A lo que el pintor respondió: “Es que las figuras de los demás las hago de día”.

La imagen de un espectro vagando por el mundo vestido con una sábana y cadenas se popularizó en la Edad Media aunque los espíritus no siempre tuvieron ese look; en las antiguas culturas el alma de los muertos tomaba formas muy distintas. Fue a partir del siglo XIII cuando se generalizó la idea de que los fantasmas son reproducciones exactas del cuerpo en el entierro, hasta el punto de conservar el vestuario de ese momento. Así la típica sábana tiene su origen en los sudarios, lienzos de lino o algodón blanco con los que antiguamente se envolvían los cadáveres.

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Los mitos de la menstruación

Desde una perspectiva etnográfica, en la historia de la humanidad la sangre menstrual se reconoce como un veneno, una impureza capaz de aniquilar. Por años, incluso, la ciencia formal habló de la menotoxina, la sustancia tóxica existente en la sangre y secreciones vaginales durante la menstruación. Aún aparece en ciertos diccionarios médicos. En 1952 la comunidad científica se alarmó luego de los estudios de George y Olive Smith, de la Universidad de Harvard -a quienes se les imputa haber acuñado el término-, cuando tras inyectar a varios animales con sangre menstrual éstos murieron, y concluyeron que las creencias folclóricas de diversos pueblos eran ciertas: el fluido era un poderoso exterminador. Más tarde, múltiples investigaciones han desmentido esto. Lo cierto es que por siglos hubo mujeres que pasaron las de Caín mes a mes.

  • EN DIVERSOS CLANES de la edad antigua, cuando una mujer comenzaba a sangrar era subida a las copas de los árboles, se colocaban sobre un cajón hecho de hojas o se enterraban hasta la cintura. Todo por temor a que alguna gota de su sangre contagiara a la tierra, marchitándola -perdiéndose las cosechas-, o ésta se expusiera al sol y su impureza afectara al cielo y las lluvias.
  • LOS FALASHAS O judíos de origen etiope colocan a sus mujeres menstruantes en ‘casas de sangre’, en las que son reclutadas durante siete días hasta que esa etapa de impureza demoníaca desaparece. Así, además, evitan que los humores que desprenden los exciten y tengan relaciones que dejaran en sus penes el veneno.
  • LOS CHIRIGUANAS de los Andes aislaban a las niñas en el momento de su primera regla y durante un año en habitáculos en los que no podían hablar con nadie y permanecían de cara a la pared. Periodo en el que consideraban que podían salir sin infectar a nadie.
  • LOS INDIOS MONDURUCUS de Brasil encerraban a las mujeres durante ‘sus días’ en una celda especial dentro de su cabaña menstrual, y todo el pueblo podía acudir a arrancarles el cabello.
  • DIVERSAS TRIBUS DE Camerún pintaban de rojo el cuerpo de las mujeres en regla y las hacinaban en una choza oscura, donde eran alimentadas por medio de un canal hecho con el hueso del ala de un águila de cabeza blanca.
  • LAS INDIAS THLINKET y koniaks, de Alaska, y las wafiomi, de África, permanecían un año en cuarentena menstrual en sus casas.
  • LOS OT-DANOMS, de Borneo, hasta la fecha encierran durante siete años a las chicas a partir de su primera regla. En este lapso se le considera muerta, pero al salir se reconoce renacida, purificada y digna de ser esposa.
  • LOS HOMBRES ZULÚES, de la provincia de KwaZulu-Natal, en Sudafrica, son apaleados si tocan, aunque sea la mano, a una mujer que menstrua

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