Starlite: el material que pudo cambiar el mundo

Starlite es un material capaz de resistir temperaturas de 10,000 grados Celsius. Dicha temperatura la podemos encontrar en la superficie solar o en las zonas próximas a una explosión nuclear. Bueno, al menos es lo que afirmaba en 1986 Maurice Ward, el inventor de Starlite. El problema de este novedoso material es que jamás salió al mercado. Ward fue tan estricto con su fórmula que, al morir en 2011, se llevó el secreto a la tumba.

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Este material parecido al plástico resulta tan peculiar que lograría soportar un destello nuclear, un fenómeno tan poderoso que derrite gruesas piezas de acero en el laboratorio. La ciencia siempre busca formas ingeniosas de superar los problemas. Sin embargo, Maurice Ward no era un científico. Se ganaba la vida como peluquero en Yorkshire, Inglaterra, y siempre buscó hacer de este mundo un lugar mejor.

Maurice Ward, el inventor de Starlite.

Su ingenio surgió de una tragedia. En 1985, más de 50 pasajeros perecieron a bordo de un avión de la aerolínea British Airtours. En los segundos posteriores al despegue se desató un incendio que liberó una gran cantidad de humo y vapores tóxicos al interior de la aeronave. Eso terminó matando a los pasajeros y produjo en la mente de Maurice la necesidad de encontrar una solución para que no se repitiera.

Maurice Ward
Maurice Ward

El hombre ya tenía buena reputación como peluquero en Hartlepool. Gran parte de ese reconocimiento se debía a su vasta experiencia diseñando y mezclando sus propios tintes para cabello. Maurice Ward solía jactarse de que sus colores jamás podrían ser copiados. Eileen, su esposa, y cuatro hijas lo ayudaban administrar el salón. El negocio era muy popular en el norte de Inglaterra y atraía a gran cantidad de clientes.

Prueba y error.

El peluquero nunca asistió a la universidad y carecía de formación académica en química. En 2009, el presentador de televisión Steven Rinehart entrevistó a Maurice Ward y esto fue lo que dijo sobre el proceso que lo llevó a dar con Starlite:

Es probable que preguntara un poco y leyera algunas cosas. Sin embargo, tuve que encontrar un camino hacia la clase de materiales que debía usar, lo que no fue nada fácil. Considero que mi experiencia como peluquero ayudó mucho. Antes solíamos fabricar los tintes. Llevaba 20 años como peluquero, y me tomó tres años aprender a hacer los tintes. Me dejé llevar por la corriente cuando tuve que fabricar las composiciones y formulaciones en los materiales que utilizamos para Starlite.

Cuando Ward obtuvo suficiente dinero del negocio de la peluquería, intentó diversificarse con un negocio de reciclaje de plásticos. Por aquel entonces adquirió una extrusora fabricada por la compañía Imperial Chemical Industries (ICI). Era un cacharro enorme destinado a crear secciones transversales de plástico. Y aunque ocupaba mucho espacio dentro de la fábrica, Ward estaba maravillado. Mientras más probaba su nuevo juguete, menor era su pasión por la peluquería.

Finalmente, terminó con un montón de material de extrusión defectuoso que sólo servía como chatarra. Ward lo almacenó y se olvidó completamente de él hasta que vio el reportaje del accidente aéreo en 1985. La tragedia lo conmocionó tanto que se propuso crear un material capaz de soportar temperaturas altísimas sin la emisión de humo o gases tóxicos.

Starlite

Starlite: el material «mágico».

Se dedicó de lleno a cumplir su objetivo, hasta que dio con la fórmula. Aunque nunca respondió a las preguntas sobre cómo diseñó el material, reveló algunas pistas sobre el proceso. Starlite es una sustancia creída a partir de 21 polímeros, copolímeros y cerámicas añadidas. Esta formulación permitiría que la sustancia soportara temperaturas altísimas sin emitir humo o gases tóxicos.

Supuestamente, la resistencia y durabilidad del material también era considerable. Estamos hablando de una sustancia extremadamente robusta, capaz de soportar un fogonazo nuclear y al menos tres veces el punto de fusión del diamante. Pero, tan flexible que podía moldearse en una variedad de formas.

Presentación en Tomorrow’s World.

En marzo de 1990, el programa Tomorrow’s World de la BBC puso a prueba las increíbles propiedades de Starlite. Cubrieron un huevo con Starlite y encendieron un soplete de oxiacetileno a 1200 grados Celsius. La llama no produjo el más mínimo daño en el exterior tras una exposición constante durante 5 minutos. Además, el huevo también resultó intacto y la yema al interior estaba cruda.

Starlite en Tomorrows World(1)
Starlite en Tomorrows World de la BBC.

Peter Macann, el presentador del programa, apagó el soplete y tomó el huevo con la mano desnuda. A continuación, lo partió para demostrar a los espectadores que las propiedades térmicas de Starlite eran excepcionales. El interior del caparazón construido con el material estaba a 35 grados centígrados.

Macann señaló que existían otros materiales con resistencia extrema al calor. Sin embargo, ninguno capaz de absorberlo de esa forma sin emitir humos tóxicos. De alguna forma, el peluquero inglés desarrolló un material cuyas aplicaciones parecían infinitas. Tras la demostración en Tomorrow’s World, el inventor recibió más de tres mil consultas.

Pruebas a Starlite.

De hecho, el Establecimiento de Armamento Atómico (AWE) invitó a Maurice Ward a realizar pruebas. Durante más de cuatro décadas, la corporación inglesa se rompió la cabeza intentando desarrollar un material capaz de soportar un destello nuclear. Al principio, a Ward no le agradó mucho la idea. No quería fallar en la prueba y, de esa forma, perjudicar los resultados que obtuvo con su propia investigación.

Starlite Pruebas en la OTAN
Pruebas a Starlite en la OTAN.

Eventualmente, el inventor cedió a realizar las pruebas y esperaba con ansias cada nueva propuesta para demostrar la efectividad de Starlite. Un cordón cubierto con Starlite fue sometido a un potente rayo láser a una temperatura de 10,000 grados Celsius. Aquel dispositivo de laboratorio estaba diseñado para simular un destello nuclear bajo estrictas condiciones. Los responsables del experimento tomaron fotografías antes y después. Las muestras del material resultaron intactas.

Posteriormente, la OTAN revistió huevos con Starlite y los puso a prueba en el Campo de Misiles de Arenas Blancas, en Nuevo México. El material soportó tanto destellos nucleares como una enorme explosión nuclear simulada a gran escala. Aparentemente, Starlite se pasaba por el arco del triunfo las reglas conocidas de la termodinámica.

Indestructible.

En 1993, a través de un artículo publicado en la International Defence Review se detallaron las pruebas adicionales en el Royal Signals and Radar Establishment, en Malvern, Reino Unido. Allí, Starlite soportó láseres con capacidad para atravesar los polímeros más duros. Una vez terminadas las pruebas, el material presentaba muy poco daño. Localizaron unos pequeños agujeros no más anchos que el diámetro del rayo láser, pero ningún indicio de fusión.

Keith Lewis

El profesor Keith Lewis, que dirigió esta prueba, concluyó que las propiedades de Starlite eran únicas y distintas a otras barreras térmicas disponibles en la época. Evidentemente, no tenía ni la más mínima idea de cómo funcionaba. Se limitó a decir que Starlite repelía el calor, lo absorbía o diseminaba.

Cuando Starlite salió victorioso en todas las pruebas, Ward no dejaba de recibir llamadas. La cantidad de inversionistas que veían un negocio multimillonario resultó abrumadora. En ese momento, el hombre decidió guardar celosamente el secreto de su fórmula e incluso se negó a patentarla.

El secreto mejor guardado.

A partir de ahí, cada una de las solicitudes para adquirir una muestra fueron sistemáticamente rechazadas. La única vez que Ward accedió a entregar una muestra fue en junio de 1991, para las pruebas en el Campo de Misiles de Arenas Blancas. Sin embargo, el viaje se realizó bajo estrictas medidas de seguridad a cargo del Servicio Aéreo Especial.

Maurice Ward sólo consideraba aquellas propuestas que le ofrecían mantener el 51% del control sobre cualquier proyecto. Además, fue muy claro en cuanto a que no permitiría que sus socios aplicaran ingeniería inversa a su producto. Antes que nada, el peluquero quería un acuerdo por escrito.

Sin títuddlo

En una publicación de New Scientist se dice que llegó a negociar con varias organizaciones líderes. La NASA, Boeing y el propio Departamento de Defensa de Gran Bretaña mantuvieron conversaciones con Ward. Aparentemente, el hombre estaba preocupado por la posibilidad de meterse en una batalla legal sin fin. Pero siempre mantuvo su fe en Starlite.

Eventualmente, sus intentos por tratar de blindarse legalmente y obtener un trato ventajoso le valieron la fama de negociador poco fiable. Algunos rumores dicen que durante una negociación pidió un millón de libras esterlinas, y al día siguiente aumentó ese precio diez veces. Así, los negociadores fueron perdiendo interés en complacer las peticiones de Ward.

Maurice Ward pasó a mejor vida en 2011 sin jamás solicitar una patente para Starlite. Supuestamente, algunos miembros de su familia más cercana conocían la fórmula para fabricar el material, pero jamás se confirmó esta información. Dos años antes de su muerte, volvió al programa de entrevistas de Steven Rinehart y parecía decidido a revelar los secretos de su misterioso plástico por nada más que las razones correctas. Desafortunadamente, nunca se le presentó la oportunidad.

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