Portal en Ong’s Hat, una historia sobre viajes interdimensionales

Diversas teorías pretenden comprobar la idea de que existen numerosas realidades y dimensiones de forma paralela a la nuestra, y que de vez en cuando estas realidades se solapan. Aquí también cabe el concepto de que los viajes interdimensionales son posibles y los portales, algunos abiertos desde hace tiempo, garantizan el acceso a estas realidades.

Viajes interdimensionales

Estos portales pueden resultar aterradores, intrigantes e invariablemente extraños, pero siempre terminan atrapando nuestra imaginación y provocando que nos cuestionemos: “¿si realmente existen estas dimensiones alternas, qué podemos hacer nosotros, simples mortales, para comprobarlo?”.

 

La historia de Ong’s Hat.

Una de las tramas más famosas y sorprendentes sobre la existencia de estos portales interdimensionales es la que se formó en torno a una pequeña ciudad llamada Ong’s Hat, una de muchas ciudades fantasmas esparcidas en los remotos territorios en “The Pines” del estado de Nueva Jersey. La leyenda dice que aquella ciudad se llama así gracias a un sujeto llamado Ong, que tuvo la mala suerte de ser alcanzado por un piñón precisamente en el sombrero que usaba.

Cartel ongs hat

Aquel poblado se esparció rápidamente a partir de una simple cabaña. En torno a la década de 1860, el pueblo prosperó y fue escenario de una gran actividad económica promovida principalmente por el contrabando de alcohol que satisfacía la demanda en localidades vecinas. Desafortunadamente, en cuestión de unas pocas décadas Ong’s Hat entró en una profunda decadencia y alrededor de 1930 prácticamente se había convertido en una ciudad fantasma.

Aunque todavía es posible ubicarla en los mapas, ahí no quedan más que ruinas invadidas por la naturaleza.

 

El libro de Joseph Matheny.

Aquel pequeño poblado rural probablemente no pasaría de ser otra ciudad fantasma si no fuera por un curioso libro publicado en el año 2002 que se titula “Ong’s Hat: el comienzo“, escrito por Joseph Matheny. En estos párrafos se afirma que entre 1978 y 1982, Ong’s Hat se convirtió en sede de un extraño culto que, entre muchas otras rarezas, pretendía incursionar en la exploración interdimensional.

Wali Fard, el líder espiritual.

La historia menciona que este grupo estaba liderado por un poderoso inmigrante persa llamado Wali Fard, familiar del shah Mohammad Reza Pahleví, cuya influencia había sido enorme en el país antes de la Revolución iraní de 1979. Su familia había acumulado riquezas importando y exportando arte en Oriente, sobre todo tapetes persas que eran muy apreciados por los coleccionistas.

Libro ongs hat the beginning

En su juventud, Fard se habría integrado a las filas de otra extraña sociedad llamada Iglesia Ortodoxa de los Moros en América, una secta conformada por herejes islámicos. Constituida en la década de 1950 por artistas, poetas y músicos de linaje Oriental, el objetivo principal de esta Iglesia era diseminar el conocimiento místico que habían recibido de maestres yoguis, con el objetivo de que los occidentales iniciaran una profunda evolución espiritual necesaria, según las creencias de esta secta, para la evolución de la raza humana.

En esta iglesia se llevaban a cabo experimentos sensoriales utilizando drogas alucinógenas, los miembros se involucraban en toda clase de rituales de índole sexual y proclamaban el fin de los gobiernos y la autoridad. Estas orgías entre miembros se llevaban a cabo en casas comunes consagradas como templos.

En una época donde el macartismo se encontraba en pleno ascenso, la postura tan liberal de la organización empezó a incomodar a muchos, hasta que algunos miembros fueron acusados de subversivos por su afinidad política con el socialismo, de forma que la Iglesia terminó disuelta y los integrantes dispersos.

 

Origen del Centro Áshran.

En ese entonces, Fard se embarcó en un viaje de autoexploración a través de Oriente buscando respuestas a sus propias dudas existenciales. Experimentó con varias doctrinas espirituales, prácticas místicas y filosofías enseñadas en Persia, India y Afganistán. En su peregrinaje habría aprendido técnicas de meditación, yoga y milagros de curación, o al menos así lo afirmaba.

Peregrinar por medio oriente

Sin embargo, el hallazgo más importante fue que estaba predestinado a edificar su propia orden religiosa y a convertirse en un líder espiritual trascendental, tanto como Jesucristo, Buda o Mahoma.

Fard tenía una personalidad sumamente excéntrica, por decir lo menos, pero siempre mostró determinación a cumplir aquello que consideraba su destino. Cuando emigró a los Estados Unidos, se estableció en Nueva Jersey, donde adquirió una propiedad de 80 hectáreas precisamente donde alguna vez se ubicó Ong’s Hat. Tenía la intención de instalarse en ese punto y empezar a reclutar a todo aquel individuo dispuesto a escuchar sus enseñanzas.

Centro Áshran

A través de recursos financieros personales y la participación de voluntarios, Fard arrancó la edificación de un complejo habitacional con varias casas, un centro comunitario, comedor, auditorio y una serie de comodidades extras. El número de voluntarios siguió creciendo y rápidamente se integraban a la construcción de esta sede a la que bautizaron Centro Áshran.

 

Frank y Althea Dobbs.

En el libro se menciona que una vez se establecieron en Ong’s Hat, este grupo de inadaptados sociales (conformado principalmente por vagabundos, adictos y sujetos tan excéntricos como el propio Fard) empezó a vivir y trabajar en la comunidad. Sin embargo, en el grupo había dos individuos que contrastaban del resto. Se trataba de los científicos Frank y Althea Dobbs, con su propia historia increíble.

Realidad paralela

Los hermanos Dobbs habían crecido en una comunidad aislada en Texas, donde supuestamente se veneraban especies extraterrestres. Se les había inculcado que unos cuantos humanos elegidos serían extraídos del planeta cuando llegara el día del juicio final.

Ambos habían desarrollado investigaciones en la Universidad de Princeton en torno a un fenómeno conocido como “Teoría del caos cognitivo“, un concepto complejo que involucraba la estimulación de ciertas zonas cerebrales para promover el desarrollo de un potencial enorme y oculto. A través de estos estímulos, los seres humanos desarrollarían habilidades mentales excepcionales como la telepatía, telequinesis, percepción extrasensorial entre otros dones psíquicos.

Sus actividades fueron motivo de profunda crítica por parte de sus colegas y eventualmente terminaron expulsados de la universidad tras negarse a divulgar los resultados de sus investigaciones.

Todo apunta a que los Dobbs jamás lograron titularse, pero aseguraban tener doctorado en física y psicología. Cuando escucharon sobre Wali Fard, vieron la oportunidad de compartir sus controversiales teorías con alguien que podía llegar a comprenderlos. Mediante una solicitud del propio Fard, Frank y Althea Dobbs se instalaron de forma permanente en el Centro Áshran, donde los presentaron como encargados de un proyecto sumamente importante.

Inicio de los experimentos en el Centro Áshran.

Tomaron un granero abandonado y lo convirtieron en su laboratorio particular. Aquí, pretendían poner en práctica todos sus proyectos y avanzar en los estudios sin la mirada crítica ni la reprobación de la comunidad académica.

Navegando en los sueños

A Fard le fascinó tanto el trabajo de los hermanos Dobbs que encomendó la creación del “Instituto de los Estudios del Caos”, una organización que tenía por objeto promover la investigación y recaudar fondos para adquirir equipo. Los Dobbs siguieron desarrollando la idea de que estimular determinadas zonas clave en el cerebro humano promovería el poder mental, estimularía la cura del cuerpo ante cualquier enfermedad e incluso prolongaría la vida.

Varios inversionistas se sintieron atraídos por las promesas milagrosas de estos científicos, por lo que empezaron a financiar estos proyectos por más extraños que les resultaran. Eventualmente, estos incentivos económicos permitieron explorar otras vías de investigación, algunas bastante extrañas.

El Huevo.

Tres años después, los Dobbs desarrollaban un proyecto llamado “El Huevo“, donde los voluntarios de aquella secta eran sumergidos en cámaras de privación sensorial mientras se monitoreaban sus ondas cerebrales y elaboraban mapas de patrones deseados. A través de la experimentación con drogas, sexo, hipnosis e inductores de ondas mentales, los hermanos Dobbs pretendían develar los misterios de la mente humana, información que resultaría de suma utilidad para la próxima etapa de su investigación.

Y fue en este punto que las cosas pasaron al terreno de lo inimaginable. El plan era estimular la conciencia humana a nivel cuántico, pues los científicos suponían que a través de esto se podían romper las barreras entre dimensiones paralelas.

El Portal.

Para este fin, los hermanos Dobbs desarrollaron un dispositivo llamado “Maquina de Cuarta Generación“, un emisor de pulsos eléctricos capaz de estimular ciertas áreas del cerebro e inducir una profunda percepción de la realidad. Se seleccionaron a los voluntarios más aptos para el experimento y al poco tiempo empezaron a recibir dosis controladas de pulsos eléctricos en la Máquina.

La maquina

Para ser más claros, aquellos voluntarios sometidos al tratamiento serían capaces de percibir e interactuar en otras realidades, abriendo portales para que su conciencia pudiera viajar entre dimensiones. Fard quedó profundamente maravillado con esta línea de investigación y destinó grandes recursos de la secta a este proyecto que bautizó como “El Portal“.

 

Viajes interdimensionales.

Los Dobbs habrían ejecutado diversos experimentos para explorar realidades alternas. Se dice que durante uno de estos experimentos exitosos, el voluntario desapareció físicamente volviendo a materializarse tras 4 minutos asegurando haber viajado a otra dimensión. Posteriormente, los voluntarios lograron empujar este límite hasta los 17 minutos, lo que les permitió explorar de forma más extensa las otras realidades.

Escenas de aniquilacion

En cierta ocasión se encontraron con un lugar de abundante vida vegetal y agua, pero sin vestigios de la raza humana. Estos exploradores recolectaron muestras de agua, suelo y vegetación del lugar que fueron debidamente analizadas. Los planes a futuro implicaban una serie de expediciones aún más profundas y explorar minuciosamente una nueva dimensión a la que habían tenido acceso.

Sin embargo, ante la evidencia de sus notables hallazgos había un desastre a punto de suceder.

 

La masacre en el Centro Áshran.

Resulta que la base del ejército estadounidense en Fort Dix, en esta misma área de Nueva Jersey, tuvo una peligrosa fuga de material radiactivo. El gobierno ordenó la evacuación inmediata de los residentes en la zona, incluido los del Centro Áshran, pero la secta se negó creyendo que los militares intentaban apoderarse del “Proyecto Portal”.

De acuerdo con algunos relatos, el personal militar ya tenía conocimiento sobre la naturaleza de estas investigaciones, e incluso se sospechaba que financiaban una parte del proyecto. Previendo los múltiples usos que podrían darle, deseaban apoderarse íntegramente del proyecto.

Base secreta

Según lo descrito por Joseph Matheny en el libro, un grupo de militares fue desplegado en la zona para extraer a los civiles que seguían en el complejo pero estos reaccionaron con violencia. Por órdenes del propio Wali Fard, los ocultistas se levantaron en armas y prepararon una emboscada previa la llegada de los militares. El resultado fue una auténtica masacre con múltiples miembros de la secta muertos y otros tantos capturados.

En medio del caos, un grupo que había participado en estas exploraciones dimensionales ejecutó un salto a otra realidad intentando “escapar” de la muerte.

 

El fin de la secta.

Matheny dice que la documentación y maquinaria relacionada al “Proyecto Portal” fue confiscada por personal militar, quienes cargaron todo en camiones y lo llevaron a la base militar para su análisis. Frank y Althea Dobbs habrían sido arrestados, interrogados y obligados a dar continuidad al proyecto en una instalación secreta del gobierno.

Fuentes no oficiales apuntan que nueve miembros del Centro Áshran perdieron la vida durante el enfrentamiento con los militares, mientras que 38 individuos fueron detenidos y posteriormente puestos en libertad. Muchos tuvieron que firmar acuerdos de confidencialidad con los oficiales donde se comprometieron a jamás revelar lo que había sucedido.

Se supone que Wali Fard estaba entre los detenidos, y que fue deportado en el año de 1984 recibiendo asilo en Francia. Habría dejado de existir en París en el año de 1989 por causas naturales.

Las filtraciones en la década de 1990.

Matheny asegura haber tenido acceso privilegiado a documentos presentados por una persona que colaboró en el Centro Áshran de forma directa con el Proyecto Portal. Por esta razón habría conseguido rescatar planos y registros de aquellas exploraciones interdimensionales.

Incunabula

Este material titulado “Incunabula Catalog” fue parcialmente divulgado en Internet a comienzos de la década de 1990 y generó cierta curiosidad en ese entonces. La identidad del personaje que entregó los documentos al escritor se mantuvo en secreto. Sin embargo, Matheny reveló que al menos 15 personas lograron escapar a una dimensión alterna antes que llegaran los militares al Centro Áshran.

Y como la Máquina de la Cuarta Generación fue desconectada, quedaron atrapados en otra dimensión donde planeaban fundar una colonia. El destino de estos exploradores interdimensionales es desconocido.

 

Conclusiones.

Considerando la falta de evidencia y acontecimientos capaces de confirmar las narraciones, la mayoría cree que el libro no pasa de una historia de ciencia ficción que se hizo famosa en Internet hasta alcanzar el estatus de teoría conspiratoria. Sin embargo, hay otros individuos dispuestos a creer que puede haber un fondo verdadero en esta narrativa.

Independientemente de la verdad, la peculiar historia de Ong’s Hat ha inspirado toda clase de teorías sobre los experimentos con viajes interdimensionales. Todas las fuentes oficiales han negado las historias de Joseph Matheny.

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