Pánico por “encogimiento de penes” en Sudán

Este peculiar episodio de histeria colectiva se originó en Jartum, la ciudad capital de Sudán. En septiembre de 2003 aparecieron múltiples relatos de extranjeros misteriosos que desaparecían el pene de sus víctimas tras estrecharles la mano. El origen y descripción de estos «roba penes» variaba con cada historia y los detalles rara vez coincidían. En los medios referían que los miembros de las víctimas empezaron a «fundirse con sus cuerpos» tras estrechar la mano o utilizar un «peine encoge penes» que un desconocido les había obsequiado.

histeria colectiva en Jartum Sudan

Un columnista sudanés advirtió en un periódico extranjero: «aunque lo que revelo afectará el ‘turismo’ en Sudán, considero mi deber advertir a todo aquel que pretenda venir abstenerse de saludar de mano a un hombre con la piel oscura. Dado que la mayoría de los sudaneses tienen piel oscura, lo mejor es evitar estrechar la mano de cualquier desconocido». El hombre que «drenaba» la virilidad masculina recibió el mote de «amigo de Satanás«, y supuestamente extorsionaba a las víctimas para devolver su preciado bien.

Episodio de histeria colectiva en Jartum.

Lógicamente, no tardaron en surgir chivos expiatorios en todas partes. Entre los acusados estaban los «agentes sionistas» que pretendían exterminar a los sudaneses impidiendo la procreación de los varones. Durante los exámenes médicos no encontraron evidencia de alteración alguna en el órgano reproductor de las supuestas víctimas. Sin embargo, la histeria colectiva se salió de control y el gobierno sudanés tuvo que detener tanto a las supuestas víctimas como a otras personas acusadas de practicar «brujería».

Jartum Sudan
Jartum, Sudan.

Finalmente, concluyeron que se trató de un engaño que se salió de control, pero el furor entre la población tardó algún tiempo en desvanecerse. Aunque se trató del brote más documentado por la prensa, lo sucedido en Jartum era parte de una epidemia de historias sobre contracción genital que se reportó en seis países de África entre 1997 y 2003. Increíblemente, este fenómeno guarda semejanzas superficiales con una psicosis cultural conocida como Koro.

La principal diferencia reside en la existencia de «extranjeros misteriosos» que castraban a los hombres africanos. A lo largo de la historia, en el sudeste asiático aparecieron varios casos de supuesta contracción genital. Sin embargo, este peculiar fenómeno psicológico está presente en otras culturas no orientales. Los expertos coinciden en que todo podría originarse en el miedo a perder la potencia sexual.

Influencia cultural.

¿Entonces, qué sucedió en Jartum? Aparentemente, el pánico inicial por la existencia de los «roba penes» se avivó con la cobertura mediática. Por otro lado, la agitación política generada por una extensa y sangrienta guerra civil probablemente influyó mucho en la histeria. Desafortunadamente, es poca la información sobre los factores demográficos o psicológicos que pudieron contribuir a la sugestión de las víctimas más susceptibles.

musulman negro de sudan

Aunque solemos etiquetar como «histeria colectiva» a todo comportamiento grupal que huya de la norma, la naturaleza de estos fenómenos es mucho más interesante. Las histerias colectivas parecen enmascarar los temores legítimos que experimentan las comunidades durante cierta época o condición cultural. Y con la provocación adecuada, se les exagera hasta el punto de crear un completo caos. Aparentemente, los hombres afectados en Sudán experimentaban temor a una limpieza étnica, y esto pudo impulsar el brote con diversos chivos expiatorios (nacionales o extranjeros) resultando objeto de las represalias.

Aunque la idea de una histeria colectiva sobre hombres encogiendo penes parezca una lectura entretenida, la paranoia desencadenada por este fenómeno está lejos de ser amena. A través de la historia, los episodios de violencia provocados por histerias colectivas han forjado algunos de los episodios más trágicos de la humanidad. Esas cacerías de brujas cobraron cuantiosas vidas a lo largo de los siglos. Hasta en las sociedades más «civilizadas», las circunstancias adecuadas pueden terminar en una turba de linchamiento.

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