Mi novia no es ni la mitad de la mujer que solía ser

No tengo el más mínimo pudor al afirmar que mi novia es una de las chicas más afortunadas del mundoatuyibnmbvvc. Discúlpame por eso. Como iba diciendo, probablemente mi novia es una de las chicas más afortunadas de este planeta. Se sacó el premio mayor el día que me conoció. Y es que soy todo un partido, un partidazo diría yo.

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¿Crees que estoy exagerando? Repasemos mis atractivos: una eminencia como neurocirujano que conduce un Mercedes plateado y vacaciona en la Riviera Francesa seis veces al año. ¿Ya mencioné que tengo una cuenta de ocho dígitos en dólares estadounidenses? Ahora puedes imaginarte mi reacción cuando Margot me dijo que se iríakghklash.

Lo siento. Por favor, ignora eso.

Ahora puedes imaginar mi sorpresa cuando Margot dijo que se iba de mi lado.

Y más que nada por mi investigación. Verás, hace unos seis años un hombre vestido con un traje elegantísimo me buscó para hacerme una propuesta. Necesitaban un cirujano de clase mundial para llevar a cabo cirugías experimentales complejísimas. Te hablo de operaciones que no verás en la literatura médica al menos hasta dentro de tres décadas. Trasplantes de cabezas o separación de siameses, por mencionarte algunos ejemplos.

Y eso solo era el principio.

¿Cada una de esas intervenciones resultó exitosa? Claro que no. Ni de cerca. Pero ese es el costo del progreso.

Desafortunadamente, Margot no está de acuerdo con mi forma de ver las cosas. Aquella mañana que tropezó con mis notas de caso quedó horrorizadaouerhordd.

Aguarda… ok. Listo.

Y el experimento con menores terminó por desquiciarla. «¿Los padres dieron el consentimiento?», preguntó ella. Hice una breve pausa y respondí con sinceridad: «sabes, nunca les pregunté».

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Creyó que dejarme era tan fácil como sacarse el anillo, subirse al auto y conducir hacia una nueva vida. Tan informal como lo puedas imaginar. Al diablo con eso. A mí nadie me abandona. Tomé las llaves del Mercedes y fui tras ella en medio de un aguacero. Le di alcance en la autopista y, como se negó a detenerse, la empujé fuera del camino.

El auto se estrelló contra una cuneta, el impacto la arrojó directamente contra el tablero y finalmente se volcó. Sus piernas quedaron prensadas bajo el capó. De la cintura para abajo parecía una tortilla. Ningún médico en este planeta consideraría siquiera la posibilidad de que esa mujer saliera con vida.

Excepto yo, por supuesto…

Con nada más que un cinturón detuve el sangrado, la liberé del auto y la trasladé a toda prisa a mi laboratorio. En cuanto llegamos puse manos a la obra asdipsfjiufhnfdnm.

Maldita sea. Les juro que esta es la última vez.

Incluso con unos tragos de whisky y un montón de drogas encima, la operación no fue nada agradable. Tuve que conectar el sistema circulatorio de Margot con el mío. Después, unir nuestros intestinos y estómago. Como soy diestro, adjunté la parte inferior de su torso a la izquierda de mi cadera.

Y me llena de orgullo decir que, tras un procedimiento exhaustivo de más de veinte horas, sobrevivió.

Obviamente es un cambio dramático, y todavía se está adaptando a nuestro nuevo cuerpo. Está un poco conmocionada por los resultados, por lo que no deja de estirarse para aplastar el maldito teclado. Además, no deja de gritar como un perro en apuros. Aunque ya lo entenderá.

Lo que importa es que sigue siendo una de las mujeres más afortunadas de este mundo. Porque ahora, ella pasará cada momento de su existencia a mi lado 🙂

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