Los libros que marcaron el destino de las brujas

En 1258, el papa Alejandro IV se propuso erradicar la brujería en Europa. Y desde entonces, la Iglesia pasó a enjuiciar brujas y herejes. En el arresto y castigo a los herejes condenados, el papel de la Inquisición en el combate a la brujería se extendería durante siglos. Pese a las bulas papales y pronunciamientos oficiales de la Iglesia, en la época prevalecía el disenso sobre la forma correcta de identificar a las brujas.

lbros de religion y brujas

Malleus Maleficarum.

No se alcanzaría cierto consenso en torno al tema hasta el siglo XV, cuando Heinrich Kramer publicó un documento que pasaría a la historia con el nombre de Malleus Maleficarum (el Martillo de las Brujas), un auténtico manual para la cacería de brujas. Toda la información vertida en el documento provenía de la experiencia que Kramer adquirió cazando brujas en Austria, pese a que el obispo local reprimió severamente sus actividades. En 1484, Kramer impulsó una bula papal en colaboración con James Spenger para divulgar sus escritos y esfuerzos en la caza de brujas.

Al principio, muchos teólogos se opusieron al Malleus Maleficarum por considerar que los métodos ilustrados por Kramer eran poco éticos e ilegales. Aunque la Inquisición denunció a Kramer en 1490, sus ponencias públicas y la divulgación generalizada de su manual condujeron a la aceptación formal de sus propuestas.

La popularidad del Malleus también coincidió con la invención del tipo móvil de Johannes Gutenberg, situación que condujo a la divulgación del libro por toda Europa. Tan sólo entre 1487 y 1520, la obra se reimprimió en trece ocasiones recrudeciendo la persecución contra las brujas.

Malleus Maleficarum
Malleus Maleficarum

Una guía para cazar brujas.

Martillo de las Brujas se divide en tres partes: en la primera sección se aborda la “creencia equivocada” de que la brujería no existe. Kramer y Spenger hicieron hasta lo imposible por vincular la práctica de la brujería con la sexualidad, sobre todo la femenina. Argumentaron que como las mujeres “se preocupaban más por las cosas de la carne que los hombres” y “toda brujería subyace en la lujuria carnal”, las mujeres eran más susceptibles a caer en las tentaciones del demonio.

En la segunda parte se abordan los supuestos poderes que dominan las brujas y la forma en que reclutan a otros para que se unan a sus prácticas prohibidas. Se decía que las brujas adquirían estos poderes al entregar sus almas a Satanás por lo que, automáticamente, sus acciones las convertían en blasfemas que dieron la espalda a Dios.

En la parte final de la obra se abordan los procedimientos para “descubrir” a las brujas y su castigo. Kramer y Spenger elaboraron una meticulosa descripción de los métodos para interrogar a las brujas sospechosas, incluidas diversas formas de tortura. También detallaron cómo reunir pruebas contra las acusadas y los cargos formales que habrían de imputárseles.

brujas y brujeria ilustracion

En el libro se encuentra una guía exhaustiva sobre las prácticas de intimidación psicológica empleadas contra las acusadas. La obra no sólo sugiere revelar a las supuestas brujas las torturas que enfrentarían si no confesaban por voluntad propia; además, propone torturas peores a medida que avanza el interrogatorio.

Texto infame.

“Y, mientras es torturado, él [la bruja] debe interrogarse sobre los artículos de acusación, y hacerlo de forma frecuente y persistente, empezando por los cargos más ligeros pues resultará más fácil que confiese. Y, mientras se hace esto, el notario debe anotar todo en el registro del juicio: la forma en que se tortura al prisionero, los puntos donde se le interroga y la forma en que responde”, escribieron Kramer y Spenger.

Toda evidencia obtenida a través de la tortura se consideraba válida. De hecho, a los jueces también se les permitía mentir a los acusados garantizándoles clemencia si llegaban a confesar. Además, el libro recomendaba que la bruja recibiera vigilancia constante de los carceleros pues, de otra forma, el diablo la visitaría e intentaría suicidarse.

The Discoverie of Witchcraft de Reginald Scot.

El otro libro es de Reginald Scot, un inglés que mataba el tiempo cuidando de sus jardines de lúpulo. Aunque parecía completamente ajeno a la manía contra las brujas que se apoderó de los europeos, Scot decidió actuar tras atestiguar el juicio a 14 mujeres acusadas de brujería en 1582. Tras investigar la forma en que recabaron las pruebas que emplearon contra las supuestas brujas, Scot publicó sus hallazgos en un texto de 1584 titulado The Discoverie of Witchcraft.

The Discoverie of Witchcraft de Reginald Scot
Portada de The Discoverie of Witchcraft de Reginald Scot.

Como se trataba de un libro extremadamente controversial, Scot tuvo que publicarlo por su cuenta. En la obra, el autor expone sus argumentos contra la existencia de las brujas y denuncia el enjuiciamiento irracional de las mujeres acusadas que “contrariaba a la doctrina cristiana”. Además, sugirió que toda aquella persona que afirmara ser bruja se estaba engañando, y “debía guiarse a la fe religiosa” en lugar de ejecutarse.

Desenmascarando a los cazadores de brujas.

Scot no tuvo reparo en elaborar una amplia crítica al Malleus Maleficarum y a los “cazadores de brujas”, argumentando que “ya que puede demostrar al mundo lo traidores, infieles, extremos, intolerables, absurdos, necios, groseros, antinaturales, incivilizados, repugnantes, rencorosos, crueles, bárbaros y diabólicos que resultan los actos de la Inquisición para la vergüenza eterna, inexcusable y generalizada de todos los cazadores de brujas”.

El libro también fue notable por qué Scot denunció otras supersticiones populares como la astrología, adivinación, encantos y los aquelarres. Incluso proporcionó descripciones de “trucos” inofensivos que las supuestas brujas presentaban como conjuros. Scot no sólo publicó un libro que promovió el escepticismo, también se considera que publicó uno de los primeros tratados conocidos sobre la magia escénica.

paginas de The Discoverie of Witchcraft de Reginald Scot

Por supuesto, en aquella época los principales teólogos y demonólogos arremetieron contra el libro de Scot. Desafortunadamente, uno de los más grandes críticos de The Discoverie of Witchcraft fue el rey Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia. Como protestante converso, el monarca se tomó muy en serio la brujería, por lo que durante su reinado Escocia fue escenario de algunas de las peores cacerías de brujas en la historia de Gran Bretaña. Personalmente, Jacobo autorizó emplear la tortura y la hoguera como tratamiento contra las brujas.

El triunfo del bien sobre el mal.

El disgusto que sentía por la obra de Reginald Scot era tan grande que, al ascender al trono de Inglaterra en 1603, Jacobo ordenó que se quemaran todas las copias. Afortunadamente el autor murió en 1599, pues resulta muy probable que lo hubieran procesado por brujería. Sólo unas cuantas copias sobrevivieron a la ira de Jacobo.

A medida que los críticos como Reginald Scot se silenciaban efectivamente, Malleus Maleficarum se mantuvo como referencia principal para los cazadores de brujas y jueces a lo largo de dos siglos tras su publicación. Entre 1480 y 1700, alrededor de 40 mil brujas y herejes se condenaron por toda Europa y sus diversas colonias. Aunque resulta fácil creer que los juicios de brujas son algo del pasado, ocasionalmente aparecen episodios de histeria de brujas en todos los rincones del mundo.

1 comentario en “Los libros que marcaron el destino de las brujas”

  1. En México han pasado tambien casos asi, histeria colectiva que va sobre fuereños y los terminan matando porque son el demonio o brujas o algo por el estilo.

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