La leche solo hierve cuando no estás cerca

Un texto sobre las expectativas que nos creamos, esperando que las cosas sucedan según nuestro tiempo. Allá por la década de los 80, en Guadalajara, la costumbre era comprar leche en la puerta de la casa, llevada por el lechero, que iba y venía gritando “¡La lecheeee!”.

tetera negra

Mi madre corría a la puerta y la leche – fresca, cremosa e integral – era dispensada en un pichel para nuestro consumo. Sin embargo, era una leche no apta, no estaba pasteurizada, y necesitaba ser hervida antes de consumirse.

Al principio, mi madre tenía un ritual como mínimo interesante para tal evento: colocaba la leche a hervir y se iba del lugar. Simplemente IGNORABA.

Y por supuesto que la leche hervía, subía por toda la olla hasta la cima y se desparramaba sobre la estufa. Entonces era una niña, y cuando veía la conclusión del proyecto gritaba a todo pulmón: “Mamá, la leche ya hirvió. ¡Se está tirandoooo!”. Ella venía corriendo, apresurada, soltando frases del tipo “Por el amor de Dios…” y reculaba para limpiar la estufa, la olla y ver lo que había sobrado de leche – para que todo se repitiera al día siguiente, como lo marcaba la tradición.

Hasta el día de hoy no entiendo el porqué de esa técnica. Parecía sincronizado con tal precisión lo que ocurría. Después, cambió de estrategia. Ya era un poco más grande y podía acercarme al fuego. Entonces, me quedaba al lado de la estufa, viendo la leche mientras se calentaba – para apagar la llama apenas empezara a subir la espuma, evitando que se derramara. Y así fue que aprendí la siguiente lección:

La leche solo hierve cuando no estás cerca.

buda sonriente

No importa si te sientas al lado de la estufa, finges que no estás viendo o si tomas un libro para distraerte. Es en vano: no hierve. Parece existir un radar detector capaz de dotar a la leche con perspicacia y estrategia. Por qué tampoco basta apartarse fingiendo que no estás ahí. La leche se da cuenta que intentas engañarla. Y solo hervirá (y se derramará) si te olvidas del HECHO.

A la vida le gustan las sorpresas y tiende a obedecer la “ley de la leche que se derrama”. Aquello que esperas que suceda no sucederá si continúas esperándolo.

Antes el sufrimiento implicaba quedarse en casa esperando a que el teléfono sonara. Nunca sonaba. Entonces, para disfrazar su espera, la gente salía, fingía que no estaba ahí (en el fondo lo estaba), e incluso dejaban a alguien de guardia. Pero tampoco sonaba. Sin embargo, cuando realmente se olvidaban del asunto, la cosa fluía, la leche hervía, la vida continuaba.

En nuestros días nadie se sienta a esperar una llamada telefónica, pero la cosa empeoró. Ahora tenemos correo electrónico, Messenger, Facebook, Whatsapp y así sucesivamente. El celular siempre en la mano, la neurosis siguiéndote a cualquier rincón. Y la leche no hierve…

También sucede cuando te esmeras en tu apariencia con la esperanza de cautivar a un gran amor, a la fulana que te despreció o al patán que te quiere como una amiga. Te arreglas el cabello, te maquillas y te vistes muy linda y casual, eres bondadosa con el perfume… y con eso las posibilidades de encontrártelo(a) en la esquina se esfuman. Olvídalo, nunca sucederá. Ese gran amor, la fulanita o el patán están predestinados a cruzarse en tu camino el día que tengas el cabello hecho un desastre, lleves puesta tu pijama y tengas un trozo de comida entre los dientes.

mariposas

De la misma forma, si quieres quedar embarazada, deja de desearlo. No contabilices tu período fértil y desiste de organizar estrategias pro-destino. Continúa practicando deportes radicales, ve a bailar, corre maratones. Cuando finalmente ignores de verdad, dará positivo.

La vida – como la leche – no está ahí para tus prisas, para tu tiempo, ni para tu decisión. Por eso tienes que aprender a confiar. A relajarte. A no crear expectativas. A tolerar las demoras. A hacer como mi madre: ignorar.

Y recuerda: algunas personas prefieren ser orugas antes que mariposas. Si no tienes paciencia con los ciclos, destruirás tu crisálida antes de tiempo y no aprenderás a volar…

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