Investigador se infecta con 50 parásitos en nombre de la ciencia

Hace un año, el especialista en crustáceos Jimmy Bernot se convirtió en uno de tantos científicos que han experimentado con su propio cuerpo. Durante 12 meses, el biólogo marino participó como voluntario en un estudio dónde lo infectaron con 50 anquilostomas. El valeroso acto contribuye al desarrollo de una vacuna que prevenga la verminosis causada por esta familia de parásitos.

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Según las cifras del Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC) de EE. UU., cada año los gusanos afectan a entre 576 y 740 millones de personas. Aunque una anquilostomiasis es fácilmente tratable con antihelmínticos, existen grupos susceptibles a estos parásitos. Las mujeres embarazadas, los niños y los ancianos pueden contraer una grave anemia e insuficiencia cardíaca.

Cuando las larvas de estos parásitos penetran la piel humana, se produce una infección. Por eso, la gran mayoría de los casos proviene de países donde se carece del saneamiento básico. Por ejemplo, según estimaciones del INEGI hasta el año 2010 el 89% de las viviendas a nivel nacional no contaba con drenaje. La situación era particularmente grave en el sureste (Guerrero y Oaxaca), donde la cifra rondaba el 70%.

En nombre de la ciencia.

“Donde no existen sistemas de drenaje, la incorrecta eliminación de los desechos es una fuente común de infecciones graves (hablamos de cientos o miles de gusanos)”, escribió Bernot en su cuenta de Twitter, donde publicó regularmente sobre el experimento.

Tras recibir la vacuna experimental (o el placebo) del estudio, el biólogo marino se infectó con los parásitos mediante un trozo de gasa. El tejido infectado se mantuvo sobre su pulso alrededor de una hora. En meses posteriores, Bernot experimentó los efectos de la enfermedad. Además de una picazón severa en la región (“peor que la hiedra venenosa”, según sus propias palabras), también presentó erupciones cutáneas que iban y venían, a menudo para empeorar.

infeccion de parasitos en la piel

Un aspecto curioso de la infección es que erradicó sus alergias estacionales. El biólogo considera que, probablemente, sus crisis de alergias se esfumaron porque estas lombrices secretan compuestos que modulan ligeramente el sistema inmunológico. Así evitan que las ataque.

El experimento.

Toda vez que el experimento sucedió en medio de la pandemia, un médico del equipo de estudio, realizado por The GW Medical Faculty Associates, visitó el domicilio de Jimmy Bernot regularmente para comprobar sus signos vitales y recolectar muestras de sangre y heces. Por supuesto, el profesional también debía asegurarse que el voluntario no manifestara ningún efecto negativo severo.

En cierto punto del estudio, las muestras fecales del investigador iban cargadas con hasta 7,000 larvas de anquilostomas. Esto significa que se habían multiplicado más de 140 veces desde que ingresaron a su organismo. Antes de terminar alojados en el intestino, los gusanos se pasearon por los pulmones, la tráquea y el sistema circulatorio. Aunque el biólogo no desarrolló un cuadro de tos, es un síntoma común en las personas que padecen anquilostomiasis.

Al final del experimento, Bernet recibió tres dosis de Albendazol (el fármaco que se prescribe para tratar estas lombrices) durante tres días consecutivos. Un mes después, sus muestras de heces fecales no revelaron una sola larva de los parásitos. Toda vez que los parásitos se multiplicaron rápidamente en su cuerpo y perecieron ante el tratamiento convencional, para el biólogo hay dos explicaciones posibles: la vacuna experimental no tuvo efectividad o recibió el placebo.

“Disponemos de tantos medicamentos, tratamientos y vacunas que hacen nuestra vida mucho más fácil; que a menudo ignoramos todo el trabajo y sacrificio que conlleva hacerlos seguros y eficaces”, dice a pesar de los resultados.

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