Los inventores de la máquina de movimiento perpetuo

Es imposible crear algo de la nada. Para los seres humanos, es una máxima muy popular; sin embargo, vivimos fascinados con la idea de movimiento perpetuo. A pesar del escepticismo, nos maravillamos al ver una máquina que, supuestamente, produce más energía aprovechable de la que recibe. Y no es un fenómeno moderno: en la Europa del siglo XVIII, un alemán llamado Johann “Orffyreus” Bessler se hizo famoso afirmando la invención de “ruedas auto movibles” que parecían funcionar sin la aplicación de una fuerza externa.

maquinas de movimiento perpetuo

Johann Bessler.

Grandes mentes como la de Joseph Bernoulli y Gottfried Leibnitz llegaron a presenciar estos inventos. Sin embargo, Bessler siempre rehusó a revelar el funcionamiento de sus ruedas (solía destruirlas para evitar que las analizaran) por lo que sus desarrollos y reputación se desvanecieron en la oscuridad. Hoy, aunque todos suponen que las ruedas de Bessler no pasaban de un vil engaño, nadie sabe cómo las fabricaba.

Johann Bessler
Johann Bessler

En 1812, más de medio siglo después que se popularizaran las invenciones de Orffyreus en Europa, apareció otro amo del movimiento perpetuo. Se trataba de un estadounidense llamado Charles Redheffer que se hizo famoso (y rico) exhibiendo su propia versión de una máquina de movimiento perpetuo. Por supuesto, cobrando una jugosa cantidad de dinero a todo aquel que quisiera verla.

La máquina de movimiento perpetuo de Charles Redheffer.

Aunque por ese entonces la termodinámica estaba en pañales y sus principios no estaban bien definidos, existía un consenso entre los científicos sobre la inviabilidad de esta clase de dispositivos. Esto quedó de manifiesto en las columnas periodísticas llenas escepticismo en torno a la información que publicaban sobre Redheffer. El propio Thomas Jefferson, que varios años antes fungió como presidente de los Estados Unidos, llegó a declarar: “parece que [Redheffer] está cosechando una buena siembra de engaño público”.

Irónicamente, la soberbia de Redheffer terminó llevándolo a la ruina cuando permitió a los científicos observar que no había truco alguno en su diseño. Envió una solicitud a la Legislatura de Pensilvania para que le entregaran US$ 1,000 (una fortuna en esa época) que emplearía en perfeccionar su invento. Obviamente, los funcionaros se mostraron escépticos y tras un extenso debate lleno de súplicas, accedieron a que la máquina de movimiento perpetuo de Redheffer se analizara de forma independiente por un grupo de científicos.

maquina de Charles Redheffer

El engaño de Redheffer al descubierto.

Redheffer no esperaba que el comité allanara inesperadamente su taller en Lancaster, así que no le dieron oportunidad de engañarlos. Se presentaron en el lugar, pero la puerta estaba cerrada y tampoco había rastros del inventor. Entonces, rompieron una ventana del edificio para echar un vistazo. El miembro más ligero y atlético del comité montó los hombros de un colega y se dispuso a observar por la ventana rota.

Aunque logró divisar la máquina de Redheffer, la distancia no le permitía apreciar los detalles. Como si se tratara de MacGyver, solicitó a sus acompañantes los anteojos para armar una especie de binoculares que le permitieron analizar la máquina con mayor detalle. Notó que algunas ranuras en los dientes de madera no presentaban el desgaste esperado (suponiendo que la máquina había estado funcionando de forma perpetua), por lo que el comité llegó a la conclusión de que la máquina era incapaz de funcionar según lo descrito por Redheffer.

Tras realizar un pequeño bosquejo de lo que habían visto, encontraron a un pequeño que merodeaba en las inmediaciones del taller. Lo detuvieron para interrogarlo, pero dijo que sólo hablaría sobre su trabajo en el taller si le daban algunas monedas. El escuincle reveló que era encargado de operar la manivela que impulsaba al motor bajo un falso piso.

boceto maquina de movimiento perpetuo

Un charlatán sin vergüenza.

Cuando el comité entregó el informe a la Legislatura, la defensa de Redheffer fue una carta despreciable que la prensa local replicó oportunamente. En esencia, en el escrito Redheffer acusaba al jefe del comité, Henry Voight, de falsificar el informe con la intención de que terminara revelando su invento para poder robar la idea.

“Con integridad fuerte y plena conciencia, rechazo el repugnante reproche del comité como una infame calumnia. Es el comité que ha actuado de forma imperdonable al declarar una absoluta falsedad culpándome de un engaño”, mencionaba Redheffer en la carta. Ofreció demostrar el funcionamiento de su máquina, siempre y cuando le garantizaran la seguridad de su descubrimiento.

Redheffer lleva la máquina de movimiento perpetuo a Nueva York.

Redheffer aun gozaba de popularidad y un montón de gente seguía creyendo en él. Sin embargo, decidió probar nuevos horizontes y se mudó a Nueva York, donde nadie lo conocía. En poco tiempo había mudado el taller y la máquina a un nuevo lugar en este estado. Se las ingenió para rediseñar la máquina y que el truco no resultara tan evidente, y después empezó a exhibirla de la misma forma que en Filadelfia. Sin embargo, Nueva York estaba repleto de escépticos.

Robert Fulton
Robert Fulton

Entre estos estaba Robert Fulton, famoso por construir la primera embarcación propulsada a vapor, y quien no tuvo reparo alguno en afirmar que la máquina de Redheffer era un engaño.

Robert Fulton vs Charles Redheffer.

En 1813, Fulton acudió a un espectáculo donde Redheffer exhibía su invento, como de costumbre. Tras analizar la máquina de cerca, Fulton empezó a sospechar y aproximó el oído a una de las paredes donde funcionaba esta máquina de movimiento perpetuo. En voz alta anunció que podía escuchar los sonidos de una manivela, y concluyó que Redheffer era un charlatán. Pese al berrinche y enojo de Redheffer, la audiencia se emocionó lo suficiente como para solicitar que se removiera parte de la pared para demostrar el argumento de Fulton.

Redheffer se opuso, pero Fulton se ofreció a pagar por las reparaciones del lugar. Tras retirar la pared, Fulton descubrió un cable incrustado en la misma.

modelo antiguo maquina movimiento perpetuo

El cable conducía a una habitación de la propiedad donde, según la prensa, localizaron a un pobre anciano de barba inmensa sentado sobre un taburete. Con una mano roía un hueso y con la otra daba vueltas a una manivela. Se dice que los presentes se indignaron tanto con el engaño de Redheffer que la máquina terminó hecha pedazos. Probablemente él habría terminado igual, pero logró desaparecer sigilosamente entre la muchedumbre. Y ahí terminaba la historia de Charles Redheffer.

No existe ningún indicio de que haya intentado seguir engañando a los incautos con su maquina de movimiento perpetuo, simplemente desapareció en el anonimato.

El sueño del movimiento perpetuo.

Por supuesto, el sueño de la energía libre no se desvaneció con este hombre. De hecho, el esquema de movimiento perpetuo ideado por Redheffer fue sucedido por otros más elaborados. A finales del siglo XIX, John Ernst Worrell Keely construyó un dispositivo llamado “máquina de fuerza etérica” gracias al financiamiento millonario de sus inversores. Keely se salvó de ir a prisión gracias a que la muerte lo alcanzó en 1898.

libro maquina movimiento perpetuo

Aunque las oficinas de patentes alrededor del mundo han recibido solicitudes para el registro de máquinas de movimiento perpetuo, ninguno de estos proyectos ha logrado el número de seguidores que alguna vez cosecharon Bessler, Redheffer y el propio Keely.

En cierto punto, las oficinas de patentes de diversos países impusieron una política de rechazo para toda aquella solicitud de patente sobre máquinas de movimiento perpetuo que no incluyera un modelo detallado de trabajo. Hoy más que nunca, el escepticismo en torno a estos inventos es gigantesco.

3 comentarios en “Los inventores de la máquina de movimiento perpetuo”

  1. Yo si creo que se pueda inventar una maquina de movimiento perpetuo, incluso tal vez haya una; Pero los gobiernos y las oligarquías no permitirían esos inventos, pueden hasta estar vetados por cuestiones monetarias.

    Las maquinas de movimiento perpetuo serían la solución para frenar la contaminación ambiental, pero como no serían económicamente viables no se pueden sacar al mercado. El ser humano es despreciable por naturaleza, es soberbio; Prefiere acabar con el mundo que dejar de ganar dinero.

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