“Hora de partir”, cuando el mensaje de la Luna no llegó a los hombres

Narrativa de una antigua leyenda africana que registramos a continuación para los anales de la sabiduría universal.

noche estrellada

“Madre Luna sabía que las personas no querían morir. Deseaban vivir para siempre, como ella: naciendo, creciendo, menguando y reapareciendo esplendorosa y llena en el cielo. Entonces, una bella noche, madre Luna llamó a un lagarto y le solicitó que fuera hasta la tierra y les dijera a todos los hombres, mujeres, niños y niñas, que a partir de aquel día todos despertarían y vivirían hasta el final de los tiempos.

– Puede estar tranquila madre Luna. Avisaré a todo el mundo – Dijo el lagarto, tranquilizándola, pues su mensaje llegaría rápidamente a todas las personas.

El lagarto se fue caminando, contoneándose y coqueteando, siempre deteniéndose a mirar alguna cosa o conversar con alguien, en lugar de concentrarse en su misión. Cuando estaba a medio camino, se encontró con un árbol repleto de frutas maduras. Subió a aquel árbol y comió, comió hasta quedar con la panza llena. ‘Creo que descansaré un poco antes de continuar mi viaje’, pensó el lagarto. Y allí mismo, a la sombra de aquel árbol, se durmió.

El ciempiés, que cuida que la muerte le llegue en el momento indicado a cada uno, se enteró del mensaje que madre Luna había enviado a la tierra. Preocupada, llamó a una mangosta, un pequeño animal de pelo corto, muy ágil e inteligente, y le solicitó:

– Corre hasta la tierra y dile a todos los hombres, mujeres, niños y niñas que cuando mueran jamás volverán a vivir. ¡Ellos deben morir para siempre!

La mangosta llegó con rapidez a la tierra y avisó a todas las personas que morirían para siempre. Tiempo después, llegó el lagarto con el mensaje de madre Luna. Pero era demasiado tarde. Las personas estaban muy tristes.

Madre Luna se enteró de la situación y se enojó bastante con el lagarto:

– ¿Dónde se metió?

Ella misma fue a hablar con todas las personas.

– No puedo cambiar la situación – se lamentó. – El mensaje del ciempiés llegó primero. Pero les digo que, más que nunca, deben vivir intensamente cada momento, con mucho amor y respeto a la vida que existe en cada persona, animal, planta, en cada grano de tierra, en todo el universo. Porqué todos nosotros somos uno. Estamos conectados por la gran fuerza de la vida.

Madre Luna esbozó una gran sonrisa y continuó:

– Y cuando llegue el día en que tengan que partir hacía la tierra de los espíritus de sus antepasados, vivirán para siempre a través de las cosas que realizaron aquí, del amor que alimentaron y de la vida que continua naciendo, creciendo y muriendo en este planeta.

Una paz inmensa llenó el corazón de todas las personas. Y todos fueron a dormir porqué el día siguiente siempre será un nuevo día”.

 

Y así queda dicho de que somos eternos y nos inmortalizamos por la bondad que sembramos aquí.

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