Mitos

Gárgolas

Una gárgola es una estatua esculpida con el rostro o la figura de un animal grotesco, diseñada a partir de una cornisa, especialmente de edificios góticos. Su función estructural es la de impedir que el agua, al ser extraída del edificio, cause filtraciones en las paredes y en el suelo cerca de la construcción, por lo que las gárgolas suelen tener un dimensión razonable con la finalidad de proyectar el agua a la mayor distancia posible.

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El nombre de gárgola se deriva de la palabra francesa gargouille, que significa “garganta”. Actualmente, con la evolución de las técnicas en la arquitectura, las gárgolas se usan casi exclusivamente como un artículo de decoración.

 

Protectores del mal.

Abundan las teorías de cómo y por qué los arquitectos medievales y escultores de piedra crearon a las gárgolas. Se cree que las utilizaban como un medio para alejar al mal, también que actuaban como guardianes de la iglesia para mantener a distancia a los terribles espíritus del mal, y también se dice que están inspiradas en un pasaje bíblico. La historiadora Adrienne Mayor, especialista en ciencia antigua y en la cultura folclórica, cree que estas estatuas se vieron inspiradas por los restos de esqueletos y huesos de dinosaurios, encontrados por los paleontólogos griegos y romanos. Muchas gárgolas guardan semejanza con las leyendas y figuras de los antiguos celtas, como el Hombre Verde o “Jack in the Green” – el dios de adoración de los árboles. Los artistas paganos que fabricaron estas esculturas se vieron inspirados por su cultura y son los últimos vestigios del paganismo de una época en que dios podía ser escuchado en los árboles y las planicies pluviales.

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O quizá las gárgolas son representaciones físicas de elementos profundos arraigados en la naturaleza humana, expresiones de miedos subconscientes del hombre o vanos intentos por definir e incorporar los males del mundo en elementos administrables.

Cualquiera que sea su verdadero origen, estas impresionantes imágenes han estado acompañando al hombre desde hace cientos de años y todavía parecen capturar e inspirar la imaginación de la sociedad moderna. Quizá, como lo afirman las leyendas, tengan espíritu propio.

 

La leyenda de “La Gargouillie”

Hace ya bastante tiempo, en Francia, existió un dragón conocido como La Gargouillie, que tenía su refugio en una caverna próxima al rio Sena, donde devoraba a los nativos y destruía las propiedades con su aliento de fuego. Con la finalidad de satisfacerlo, el pueblo de Rouen lo alimentaba ofreciéndole una víctima cada año. Se sabía que La Gargouillie tenía predilección por las doncellas inocentes, pero los habitantes de la ciudad acostumbraban a ofrecer uno o dos de sus condenados.

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San Romanus, un sacerdote que llegó a Rouen cerca del 600 d.C., convenció a los aldeanos para que lo dejaran tratar con el dragón. Los aldeanos prometieron bautizarse y construir una iglesia si él lograba dominar a La Gargouillie.

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Usando su equipamiento de exorcismos, símbolos, señales, libros, velas y cruces – San Romanus se ocultó tras un bosque enorme que había del otro lado del río Sena. Algunas horas más tarde, él y un prisionero condenado salieron de allí, atrayendo a La Gargouillie con su crucifijo y lazándolo con un collar formado por la túnica del sacerdote. Los habitantes de la ciudad ataron al dragón a una estaca y le prendieron fuego. El dragón murió, pero la cabeza y el cuello no pudieron quemarse, pues estaban acostumbrados a calentarse con el fuego que emanaba el dragón. Así que lo utilizaron para decorar la parte superior de la iglesia, como un reconocimiento por las valerosas acciones del sacerdote.

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