Fatiga por compasión, el síndrome “yo puedo todo”

¿Conoces a una persona que cree es más importante ayudar a los otros antes que a sí mismo? Puede ser un buen ejemplo para que aprendas una lección sobre la fatiga por compasión. El siguiente diálogo podría interpretarse por muchos como un hermoso acto de generosidad. Pero, en nuestro caso, la súper-persona es alguien con la costumbre de ofrecer más ayuda de la que suele conseguir. Y el resultado suele ser siempre el mismo: la persona falla cuanto rinde cuentas de sus promesas.

Christopher_Reeve Superman

Anónimo: ¿Oye, podrías echarme una mano con este problema, amigo?

Súper-persona: Ni lo preguntes, ¡yo te ayudo!

Hablamos de un patrón de comportamiento sumamente destructivo, que muchas veces es bien visto en nuestra cultura de súper-productividad, el famoso “déjalo en mis manos que yo lo arreglo”. Suele otorgarse un enorme refuerzo positivo para aquellos individuos que se ofrecen a poner solución a aquello que tiene que hacerse, o que nadie más puede resolver.

Sin embargo, las personas que se adhieren a este comportamiento no siempre logran dimensionar la magnitud y complejidad del problema que se propusieron resolver.

No es raro que estos problemas estén relacionados con alguna actividad de ayuda, ya sea en el área de salud, en algún tipo de prestación de servicio de auxilio o como trabajador voluntario.

Incluso existe un diagnóstico para este tipo de situación y se le conoce como “burnout de la compasión”.

 

Burnout de la compasión.

Esta situación presenta un cuadro clínico con características muy bien definidas:

  • Agotamiento físico y emocional.
  • Cambios repentinos de humor.
  • Problemas de concentración y memoria.
  • Irritabilidad.
  • Baja autoestima.
  • Ansiedad
  • Depresión.

Pero también existe un sub-cuadro médico en el que no llegan a presentarse todas estas características, e incluso así se encuentra presente en muchas personas que ni siquiera se imaginan que necesitan ayuda. Pasan años emocionalmente exhaustos por motivos sumamente sencillos: creen que ayudar a los demás es más importante que recibir ayuda.

Puede identificárseles como verdaderos misionarios que muchas veces están dispuestos a hacer todo lo que está en sus manos para ayudar a los demás, aunque su objetivo verdadero es conquistar la estima de las demás personas.

Es solo por ayudar, no tengo segundas intenciones”.

No siempre aquello que decimos está en sintonía con lo que sentimos o deseamos. Hombres y mujeres por igual en ocasiones se embarcan en estas posturas misionarias con cierto orgullo personal. Como si fuera una gran virtud ser capaz de hacer frente a cualquier tipo de problema, incluso si eso implica sobrecargarse y sufrir graves daños sociales, emocionales, económicos e incluso físicos.

 

Yo puedo manejarlo todo.

En teoría existe una persona llena de buena voluntad, pero en la práctica ese individuo no logra administrar de una forma efectiva la montaña de tareas que asume bajo su responsabilidad, fallando miserablemente en sus intenciones. Se culpa, sufre, se pone la capa del superhéroe sacrificado y vuelve a repetir el círculo vicioso.

spiderman detiene el tren

Cuanto más arruina su propia vida, inconscientemente asume que merece menos ayuda y cuidados de los demás. Cuanta menos atención pone sobre sí mismo, más carencia siente, recurriendo a prestar su ayuda a los demás como una forma de sentirse valorizado e importante. Es un verdadero pozo sin fondo emocional.

 

Deudas, libido baja y mentiras.

Para mantener ese ciclo de “superación” constante resulta muy común que esas cargas se conviertan en síntomas severos.

superman vias del tren

Las deudas pueden ser consecuencia de una completa falta de organización financiera debido a los intentos de hacer todo por los demás, incluso sacrificando el propio sustento.

La pérdida del apetito sexual también es una característica muy típica, en los hombres esto suele manifestarse como impotencia o insensibilidad durante la erección. Dado que la persona sobrecargada de problemas no tiene el cuidado de analizar sus propias emociones, no se da cuenta cuando está triste, enojada o cuando tiene miedo de algún suceso en la vida. A la hora del sexo el cuerpo no responde por una mente fatigada de forma crónica y la persona ni siquiera percibe cuál es la causa.

Muchas veces esta persona termina satisfaciendo sus impulsos sexuales a través de historias más impersonales. Además, para esquivar sus insuficiencias enmascaradas de “súper eficiencia”, las mentiras suelen surgir, sobre todo como una forma de apaciguar sus numerosas faltas.

Si se les pregunta a los amigos de una súper-persona, invariablemente dirán que es un tipo genial, pero que siempre se encuentra ocupado y que tiene una vida muy loca. En el fondo, aquel que cree soportarlo todo parece vivir bajo el peso de la culpa constante y en una duda eterna con relación a todo y todos (incluso de sí mismo), en una especie de autoflagelación permanente.

Si la persona que cree poder aguantarlo todo simplemente se detuviera y tuviera más compasión consigo misma, reconociendo sus límites de una forma más honesta, sería un avance enorme en su vida.

A partir de aquí puede abrirse camino para reconocer su vulnerabilidad, solicitar y aceptar ayuda (no es ningún crimen y nadie te acusará de ser una persona débil).

Este si sería un verdadero acto de generosidad, con uno mismo y con los demás. Al reconocer nuestras limitaciones podemos entender de lo que realmente podemos ocuparnos y de lo que no.

Entonces estaremos en condiciones de soportar pesos reales, llevando vidas más ligeras y plenas – y dejando a los súper-hombres solamente en las historias de los cómics.

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