El tercer deseo

Mi primer deseo fue un vaso con agua. Algo sencillo para cerciorarme de que aquel hombre envuelto en un aura brillante no era producto de una alucinación vívida. “Concedido”, dijo el genio mientras asentía con la cabeza. Instantáneamente un vaso lleno de agua se materializó sobre la barra de mi cocina. El cristal estaba frío al tacto, y el líquido refrescante mientras bajaba por mi garganta.

el genio de la lampara(2)

Real. Todo era real.

Para ese momento ya sabía cual sería mi segundo deseo. El premio gordo de la lotería acababa de acumular una nueva cantidad récord. Como los genios de la ficción tienden a tergiversar los deseos, hábito que mi genio jamás confirmaría ni negaría, cuidé mucho lo que estaba a punto de solicitar.

Finalmente, le dije: “deseo que los números del siguiente boleto de lotería que compre aparezcan en el próximo sorteo”.

“Concedido”, dijo el genio asintiendo con la cabeza.

Me dirigí hasta la tienda de conveniencia más cercana a comprar el boleto. Tomé aquel trozo de papel mientras veía la transmisión en vivo aquella noche. Parecía que mi corazón se saldría del pecho mientras los números salían uno por uno.

Tres semanas después, tras hacer todo el papeleo y tomarme la fotografía para el recuerdo, era 700 millones de dólares más rico. Y todo eso después de darle su parte al gobierno en impuestos. Destiné parte de mi nueva riqueza adquirir una pequeña cabaña lejos de la civilización, de todo el ajetreo y bullicio de la ciudad. La llené de entretenimiento y comodidades.

Durante todo este tiempo mi genio esperó pacientemente a que proporcionara mi último deseó.

Lo pensé mucho tiempo. Con todo el dinero que tenía podía permitirme comprar casi cualquier cosa, pero la intención era disfrutarlo el mayor tiempo posible. Definitivamente, la inmortalidad estaba descartada. Si nunca llegaba a morir terminaría llamando la atención, y tampoco es que quisiera vivir para siempre.

Finalmente le dije: “deseo morir pacíficamente mientras duermo a los 80 años”.

“Concedido”, dijo el genio asintiendo, y desapareció.

El bombardeo empezó tres semanas después.

Mi casa estaba lo suficientemente lejos como para evitar las explosiones iniciales, pero todavía recuerdo la forma en que se cimbraba el suelo como si la Tierra se estuviera fracturando. Todos los equipos electrónicos empezaron a fallar desde ese día, por lo que no hubo forma de saber lo mal que estaban las cosas en otras partes del mundo. La atmósfera se volvió densa y repleta de cenizas. A mi alrededor, plantas y animales murieron por los efectos de la radiactividad.

En cuanto a mí, me siento extremadamente cansado. Me duele horrible la cabeza y mi cabello está adelgazando. Por ahora tengo mucha comida y agua almacenada, aunque mi estómago no logra retener nada. Y todo lo que sale está manchado de rojo.

Así es desde hace seis meses.

Y cuando debería estar celebrando mi cumpleaños, me recuesto en la cama y lucho con la poca fuerza que me queda para hacer una marca en la pared.

Menos siete meses.

Cuarenta y siete años para el final.

Hugh_Jidiot

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