El hombre borroso – Creepypasta

En esta ciudad las hojas no crecen en los árboles. Los pájaros tampoco anidan allí. Ni siquiera puedo recordar la última vez que vi una ardilla, y mucho menos escucharla chirriando entre las ramas. Todo por aquí simplemente murió o se secó. Así fueron las cosas desde que apareció el hombre borroso.

el hombre borroso

Creo que era el año de 1966 cuando me di cuenta que podía ser real. Supongo que tenía unos diez u once años, aunque nadie confiaría en la memoria de un niño de esa edad. Sin embargo, a medida que pasaban los años esta situación se hacía más evidente. Tan clara como la pantalla en la que escribo estos párrafos.

Volvía de una pijamada en la casa de Cristian Maciel. En esa época los niños tenían permitido caminar solos por la ciudad. No existía ese miedo a que nos secuestraran o toquetearan ni nada de eso, aunque no niego que sucedía a menudo. Sin embargo, no a mí ni a nadie que conozca. Pero eso no es relevante para lo que voy a contar.

Para ir de la casa de Cristian a la mía, cruzar por el campo de golf Náutica Club me salvaba de tener que dar varias vueltas. Los jardineros solían llamarte la atención si te atrapaban caminando sobre el césped, pero jamás te perseguían si empezabas a correr.

Considero que siempre he sido buen corredor.

Aquel día de finales de julio era muy temprano por la mañana. Cristian me echó de su casa antes que amaneciera pues debía terminar un encargo. No me importó. Ni siquiera dormimos esa noche por lo que no estaba somnoliento.

Llovía ligeramente. Eso significaba que los jardineros estarían descansando. Al menos eso fue lo que dedujo mi mente de once años. Y tenía razón, el campo de golf estaba completamente solo.

Me dediqué a disfrutar del contraste entre el gris de la brumosa neblina y el verde deslumbrante del césped. Aunque el Sol apenas lograba atravesar las pesadas nubes mientras se levantaba en el horizonte, aquel césped parecía tener luz propia. Seguramente por todos esos fertilizantes y pesticidas que empleaban en la década de 1960, antes que los ambientalistas los prohibieran.

Una densa línea de árboles servía para dividir el campo de golf en dos. Ocho hoyos en un lado, uno en el fondo y siete del otro lado. Ese lugar en el medio era mi favorito.

Incluso en un día despejado, cuando los jugadores rompían las pelotas y se ahogaban en cerveza mientras se quejaban de que el club contrató a una camarera de color, ese sitio en el medio estaba prácticamente en silencio. Los niños que lograban colarse al campo podían ocultarse allí sin que nadie los viera.

Cristian y yo aprendimos eso un verano antes, lo que nos permitió pasar horas contando chistes tontos, perdiendo el tiempo y haciendo todas esas cosas que hacen los niños a esa edad. Y fue en ese mismo lugar donde se produjo el encuentro con aquello que las personas refieren como el “hombre borroso”.

Desearía haber prestado más atención a lo que Cristian comentó sobre él al principio. Creo que uno de sus primos sabía cómo surgió este tipo o algo parecido. Sin embargo, en aquella época (y mucho tiempo después) lo único que me producía interés era admirar el bello rostro de Cristian. Una cosa hermosa, de verdad.

Y jamás se lo confesé. Esta fue una más de tantas oportunidades perdidas que gente como yo dejaron pasar en esos tiempos.

De cualquier forma, por lo poco que recuerdo, Cristian me contó que su primo Patricio se encontró con el hombre borroso mientras recorría el Bosque de la Primavera para ocultar una de esas revistas prohibidas que sacó de la cochera de su vecino.

“Se disponía a ocultarla bajo una roca cuando escuchó que pisaban un montón de hojas a sus espaldas. Creyó que mi tío lo descubrió y siguió para darle una paliza. Pero, al voltear sólo encontró a este… hombre”.

Observé aquellos labios perfectos formando oraciones y soñé que algún día podría besarlos.

“… aunque, había algo raro. No estaba deforme ni nada, pero Patricio dijo que era, bueno, extraño. Me contó que el tipo era borroso, como si algo en sus ojos no le permitiera verlo, aunque todo el entorno era nítido y claro”.

Lo escuché sin ponerle atención, preguntándome si un beso valía el terrible golpe que Cristian impondría como castigo. Ocasionalmente, nuestras conversaciones cotidianas eran salpicadas por los mismos comentarios pasajeros que su padre hacía sobre “los desviados”. Como también los hacía mi padre. Y la mayoría de los padres.

terror en el bosque

“… Patricio se dirigió a él: ‘disculpe, señor, ¿qué hace observándome?’, pero el tipo no respondió y se hizo más borroso. Patricio dijo que, mientras el sonido de las hojas secas yendo y viniendo se hacía más fuerte, experimentó un terrible mareo”.

En ese momento, me esforcé por prestar atención a lo que decía pues mi entrepierna empezaba a reaccionar al contoneo de sus labios. En aquella época los shorts eran realmente cortos.

“… Patricio dijo que se estaba asustando, y ya sabes que no es la clase de persona que se asusta por cualquier cosa, por lo que era algo muy serio. Al mirar alrededor observó pájaros y ardillas desplomándose de los árboles, acompañados por una lluvia de hojas. Los animales estaban en muy mal estado, como si las plumas o el pelaje se hubieran caído provocando un sangrado que los hizo caer al piso”.

“Fue horrible”, respondí y empecé a participar en la historia que me estaba contando.

“Lo sé”, dijo Cristian, y continuó.

“… como sea, Patricio no sabía cómo salir de ese lugar, pues estaba tan mareado que con cada paso sentía que se desplomaba. Y lo peor era que el tipo tembloroso iba directo hacia él. Pero, no era un acercamiento normal. Mientras el cuerpo de este tipo se mantuvo a unos cinco metros de distancia, su rostro y cabeza se acercaron”.

Esta parte la recuerdo perfectamente.

“… se fue aclarando hasta que su rostro y cabeza se hicieron totalmente nítidos frente a Patricio. Entonces pudo ver la boca abierta del hombre, repleta de dientes que se arremolinaban en el interior. Más dientes incluso que un tiburón. Y en ese instante le dije a Patricio que dejara de contarme sus alucinaciones, pero juró por Jesús y Dios, así que estoy convencido de que dijo la verdad”.

Allí estaba.

“… entonces, de la boca del hombre borroso salió la voz de mi tía”.

La tía de Cristian, madre de Patricio, desapareció varios meses antes sin dejar rastro.

“… y la voz dijo: ‘Patricio, ayuda a tu madre a cuidar de todos los bebés que hay aquí. Ven a ayudarme con todos tus nuevos hermanos y hermanas”.

Patricio era hijo único.

“… Patricio gritó ‘¡NO!’ y ‘¡VETE!’ y escuchó el llanto de su madre dentro de la boca de aquel hombre, que después lo dejó solo. Todas las hojas de los árboles cercanos cayeron. Más de veinte animales murieron y Patricio tuvo dolor de cabeza por una semana”.

aparicion en el bosque

Es casi todo lo que puedo recordar.

Meses después, la madre de Teresa Juárez desapareció sin dejar rastro. El mismo destino que encontraron otras madres en la ciudad.

Entre 1967 y 1976, año en que deje la ciudad para asistir a la universidad, muchas madres simplemente se desvanecieron. Curiosamente, en esa misma época la gente no dejaba de reportar la presencia de un hombre borroso. Nadie informó de un encuentro como el que me relató Cristian, pero lo veían pasando. A veces en los bosques, y otras veces en los patios traseros.

Siempre acompañado por un rastro de animales muertos y árboles sin hojas.

Es casi 2021, y la ciudad es mucho más pequeña de lo que fue en esa época. No porque el hombre borroso desapareció a todas las madres, sino porque la ciudad dejó de ser un buen lugar para vivir.

Regresé a la casa donde crecí en 2010, cuando papá falleció. No me gusta estar aquí. Tan pronto como venda la casa, regresaré a la costa.

Aunque, siendo sinceros no creo que eso pase pronto. Esta casa está en venta desde hace diez años, pero la gente no parece interesada en vivir en un lugar donde los árboles no tienen hojas y los animales mueren. Nadie sabe si es culpa de todos esos pesticidas que usaron en la década de los 60, o si tiene que ver con la presencia del hombre borroso. Si quieres que te responda con honestidad, te diría que es por los pesticidas.

Pero todavía resta el tema de las osamentas.

Poco antes de que regresara, la gente de por aquí empezó a descubrir una gran cantidad de huesos. Les hicieron pruebas de ADN y resultó que pertenecían a todas esas madres desaparecidas en el pasado. Los investigadores dicen que el asesino serial responsable regresó los huesos como un “último acto de superioridad”, o algo por el estilo. Y que las personas “debían mantenerse al pendiente de cualquier sospechoso”.

Obviamente que esto redujo todavía más la valuación de las propiedades. Y, en general, esa fue la explicación que dieron a la presencia de los huesos. Sin embargo, todavía quedaban los huesos pequeños.

Estas osamentas aparentemente pertenecían a niños de entre 1 y 3 años. Y una vez que se practicaron las pruebas de ADN, descubrieron que una parte se vinculaba a las madres desaparecidas mientras la otra se relacionaba con “algo más”.

Un resultado “no concluyente”.

pajaros volando de un arbol

Esto es algo que no te podría responder si me lo preguntas. Mi parte lógica diría que los equipos de los forenses son tan viejos y anticuados que arrojan resultados cuyas interpretaciones son una porquería. Pero, si me lo preguntas por la noche cuando estoy absorto en la oscuridad de mi habitación, tal vez te cuente algo más. Algo sobre que Patricio escuchó a su madre desaparecida pedirle ayuda para cuidar a todos sus nuevos hermanos. Mendigando desde las fauces de aquel hombre borroso.

No pude evitar pensar en todos esas hermanas y hermanos, y si las otras madres desaparecidas también tuvieron niños y niñas propias.

También pienso en las pequeñas osamentas.

Entonces busco despejar mi mente observando por la ventana, sólo para encontrar que las ramas de los árboles en el exterior carecen de hojas. Regreso a aquella época de 1966, cuando cruzaba el campo de golf después de la pijamada en casa de Cristian. Cuando estaba a punto de atravesar aquella hermosa zona boscosa.

Recuerdo que al acercarme los árboles temblaron y sus hojas cayeron en grupos, al igual que las aves en el cielo. Y algo borroso se situó en el centro de todo.

Recuerdo que me detuve en seco, me di vuelta y corrí por el otro camino a casa con la cabeza palpitándome y la respiración entrecortada.

Y finalmente, recuerdo cerrar la puerta de mi casa y encontrar a papá empezando su día. También recuerdo que le pregunté por qué mamá no se levantó con él.

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