El cerebro se adaptó fácilmente a un “tercer pulgar” robótico

En la evolución, la aparición del pulgar oponible nos diferenció de otros animales. Además, facilitó nuestra vida de múltiples formas. ¿Pero, alguna vez te preguntaste cómo sería si tuviéramos un pulgar extra en la mano? La evolución de nuestra especie es un tema que sigue siendo estudiado por los científicos.

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A través del tiempo, múltiples hallazgos llevaron a modificar los conceptos sobre la vida de nuestros antepasados. Todo ese acervo contribuye a comprender nuestros orígenes y a conocer nuestro destino en el futuro. Y un nuevo experimento hecho con un dedo robótico reveló información sorprendente sobre el tema.

El experimento del tercer pulgar robótico.

En cuestión de días, las personas que portaban el pulgar robótico lograron operarlo con gran destreza. Realizando toda clase de tareas complejas con total naturalidad. Hablamos de construir torres con bloques de madera y mezclar café mientras se sostiene la taza. Sin embargo, el estudio tiene implicaciones mucho más profundas.

Las imágenes cerebrales captadas durante el experimento revelaron que la presencia del “tercer pulgar” influyó en la función del cerebro. Incluso cuando se retiró la prótesis, los voluntarios que manipularon el pulgar robótico durante algunos días alteraron la representación de los dedos reales en el cerebro.

Una mejor comprensión de lo que sucede en estos casos llevaría a mejorar el vínculo entre el cuerpo humano y las prótesis (robóticas o no). Por mucho que estos “extras” pueden resultar útiles en la vida cotidiana, antes los investigadores deben comprender a fondo su impacto en el cerebro.

“El estudio revela que los individuos logran aprender rápidamente el control de un dispositivo de aumento y usarlo en su beneficio sin pensarlo demasiado. Observamos que, empleando el tercer pulgar, las personas alteraban los movimientos naturales de las manos e informaron que el pulgar robótico se sentía parte de su cuerpo”, señaló Dani Clode, de la University College de Londres (UCL) y encargada de diseñar el tercer pulgar.

Implicaciones a futuro.

Impresa en 3D, la prótesis otorgó a los usuarios dos grados de movimiento. Además, los usuarios la controlaban inalámbricamente a través de la presión en los dedos de los pies. El estudio se realizó con 20 voluntarios que llevaron el tercer pulgar durante 6 horas diarias a lo largo de 5 días. Se les encomendó emplear la prótesis para realizar tareas de entrenamiento predefinidas.

Todas las actividades se enfocaron en el control motriz, coordinación y destreza. Los investigadores las diseñaron específicamente para instruir a los voluntarios en el uso de la prótesis a través de la intuición. Resultaron tan efectivas, que los voluntarios utilizaron el pulgar incluso al estar distraídos o con los ojos vendados. Además, informaron un sentido de incorporación mayor.

Antes y después del experimento, algunos participantes se sometieron a resonancia magnética funcional (fMRI). Debieron mover los dedos uno por uno para que su cerebro fuera analizado. La resonancia reveló que la representación de dedos individuales en el cerebro en la mano que contaba con el pulgar robótico resultó distinta a lo normal. Y las respectivas áreas de actividad neuronal en el córtex sensoriomotor estaban fuera de control.

“La evolución no nos preparó para emplear una parte extra del cuerpo. Descubrimos que, para asimilar habilidades nuevas e inesperadas, el cerebro deberá adaptarse a la representación del cuerpo biológico”, señala Tamar Makin, neurocientífica de la UCL.

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