El año que nadie murió

El agua tiene un sabor extraño. Aunque no debería quejarme, pues es un milagro que restablezcan el suministro. Ha transcurrido casi un año desde que los gobiernos del mundo empezaron a observar un pronunciado descenso en los índices de mortalidad. Un mes después de la noticia, todos supimos que el índice de mortalidad llegó a cero en todo el planeta. En todo este tiempo nadie ha logrado descubrir cómo sucedió, si fue algún tipo de intervención mística o una siniestra falla de la naturaleza. De cualquier forma, es el tipo de desastre que nadie espera.

sobrepoblacion

Evidentemente, las enfermedades siguieron su curso en el transcurso del último año, los accidentes siguieron ocurriendo y las personas eran atacadas, pero nadie murió. Por otro lado, los índices de natalidad siguieron creciendo, como siempre. Rápidamente los hospitales quedaron rebasados, la falta de vivienda se disparó como nunca antes y la sobrepoblación se convirtió en la nueva realidad del planeta. A medida que la humanidad aumentaba sus números, los alimentos, el agua, la electricidad y los servicios básicos empezaron a escasear.

Repentinamente, la televisión en la sala de estar se enciende por voluntad propia. Entro y observo. Es una transmisión de emergencia. Algo nuevo ha sucedido. Transmiten en vivo desde Palacio Nacional.

La presidenta se acomoda tras su escritorio. Baraja nerviosamente un mazo de papel sobre la mesa.

“Es un día difícil”, dice mientras las lágrimas brotan de sus ojos. “Es un día duro para nuestra gran nación. Generalmente saldría para dirigirme a todos ustedes con toda la etiqueta presidencial. Pero hoy, no puedo. Es imposible. Hoy, me veo en la necesidad de hablar con mis conciudadanos, no como presidenta de la república, sino como ser humano. Este año ha sido uno de los más difíciles que el mundo haya tenido que afrontar. Y esta… crisis internacional ha generado una agitación sin precedentes en nuestro país y el resto de las naciones. No existe evidencia alguna sugiriendo que esta catastrófica crisis se corregirá por sí misma en un futuro cercano, y nos quedamos sin opciones. Tenemos la responsabilidad de hacer frente a esta situación, por nuestra cuenta… exploramos las opciones y todavía… sólo llegamos a una posible solución”.

La presidenta se permite un pequeño sollozo mientras un flujo renovado de lágrimas escurre por sus mejillas.

“… y tomé esta decisión con el corazón en la mano, pues sé que es mi deber hacer todo lo necesario para salvar al país que tanto amo. Buscamos implementar esta solución de la manera más humana y justa posible: selección aleatoria. Que Dios los bendiga a todos. Y Dios bendiga a este país”.

Tras este mensaje casi cifrado, la transmisión muestra el desfile de camiones del gobierno estacionándose fuera de diversas áreas residenciales al azar en todo el país, aparentemente recibiendo cientos de cadáveres.

Al acercarme a la ventana encuentro que un camión se detiene justo frente a nuestra cuadra. Curiosamente, se parece mucho a los que transmiten por televisión. De repente, un fuerte golpe se escucha en la cocina. Me apresuro al lugar y encuentro a mi compañero de habitación acostado boca abajo sobre el piso.

Antes que pueda reaccionar, mi visión se vuelve borrosa y la cabeza me empieza a dar vueltas. Me desplomo mientras sostengo el vaso en mi mano.

El agua tiene un sabor extraño.

8 comentarios en “El año que nadie murió”

  1. A falta de comida, y con la sobrexplotacion del agua; utilizaron a la gente como fuente de alimentos y agua. No morir no importa cuando eres un conjunto de carne molida y agua destilada

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  2. Se supone que ejecutaron a gente al azar con agua envenenada, los camiones llegaron a recoger los cadaveres de ciudadanos al azar. Es lo que se referia la presidenta.

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