Editora en jefe de Vogue no recordaba a asistente que escribió “El diablo viste de Prada”

En la biografía oficial de Anna Wintour se revela que la editora en jefe de Vogue identificó a la asistente hasta que se lanzó la película. Escrita por Amy Odell, la obra lleva por título Anna: The Biography. Allí se revela un curioso detalle sobre la reacción de la famosa periodista de la moda a la publicación del libro The devil wears Prada.

Anna Wintour editora Vogue(1)

En 2002, la revista Women’s Wear Daily publicó un breve artículo sobre la venta del libro El diablo viste de Prada a la editora Doubleday por un cuarto de millón de dólares. Cuando Wintour supo de la existencia de esta obra, confesó a Laurie Jones, editora administrativa de Vogue: «no puedo recordar quién es esa chica», según un fragmento referido en la biografía de reciente publicación.

La chica en cuestión era su ex asistente, Lauren Weisberger, quien creó al personaje de Miranda Priestly inspirada en su antigua jefa. En la biografía señalan que sería hasta 2006, cuando el libro se adaptó a la pantalla grande, que Anna Wintour finalmente identificó a la autora de la historia.

Intereses profesionales en Vogue.

Laurie Jones recordaba a Lauren como una “chica agradable”, aunque sus dotes como escritora no aportaron mucho a Vogue. Lo cierto es que existía una especie de conflicto profesional entre las necesidades de la revista y las aspiraciones de Weisberger. Específicamente porque a ella le interesaba más la literatura que el periodismo propiamente dicho, según lo revelado por Amy Odell en el libro.

Anna Wintour caminando

Cuando empezaron con el rodaje de El diablo viste a la moda, muchos personajes en la industria de la moda se negaron a colaborar con el proyecto. Básicamente porque temían disgustar a la editora en jefe de Vogue, Anna Wintour. Pero, a diferencia de lo que muchos creían, esta reaccionó positivamente a la película.

La reacción de Anna Wintour a “El diablo viste a la moda”.

Por ejemplo, Anna Wintour se aseguró de asistir al estreno de la película. “Anna acudió a la primera exhibición en Nueva York. Se sentó con su hija justo frente a David Frankel [el director] y vestía de Prada, dejando en claro que posee un buen sentido del humor”, señaló Aline Brosh McKenna, guionista de la película, en una entrevista.

Pese a la buena reacción de Wintour durante el estreno de la película, que parecía indicar la aprobación de la historia, algo inesperado sucedió al poco tiempo. Y es que Anna hizo una redecoración total de su oficina. Según Frankel, esto sucedió porque el set donde se rodaron las escenas era muy parecido al lugar donde trabajaba la editora.

“Frankel recreó esa oficina con tal precisión, que al poco tiempo del estreno de la película nos enteramos que Anna la redecoró”, dice Brosh.

El miedo a Anna Wintour en la industria de la moda.

Sin embargo, entre las mayores dificultades que enfrentó la producción de El diablo viste a la moda figura la falta de colaboración de personajes de la moda que temían a Wintour. “Nos costó mucho encontrar a alguien dispuesto a hablar pues todos tenían miedo a Ana y Vogue, y no querían que los rechazaran”, explica Brosh.

Anna Wintour(1)

 

Cuando Brosh finalmente encontró a alguien que le echara un vistazo al guion, le comentaron que retrataba a la industria de la moda de una forma benevolente, lejos de la frialdad que la caracteriza. “Una persona, cuyo nombre me reservaré, leyó el guion y me comento: ‘nadie en ese mundo es tan bueno. No tienen que serlo y no tienen tiempo para serlo’. Después de esto, retoqué la historia para hacerlos a todos un poco más malvados y ocupados”, dice la guionista.

Pero, el miedo a Anna Wintour también se extendió a los profesionales del mundo de la moda que rechazaron la propuesta de prestar sus residencias para la filmación. Entonces, la producción se las vio negras al encontrar locaciones para rodar las escenas del filme.

“Cuando hablamos de locación, la revista organiza la Met Gala (un evento anual que busca recaudar fondos para el Museo de Arte de Nueva York) y, solo por eso, el Museo Metropolitano no quería saber nada de nosotros. Eso se repitió una y otra vez”, mencionó David Frankel. “Incluso en algunos edificios de apartamentos icónicos, los administradores nos negaban la entrada. Demoraron semanas en garantizar las locaciones”, agregó el director.

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