Cultura General

¿Cuál es el origen de los apellidos?

Surgieron para diferenciar los nombres repetidos – algo común desde las culturas más antiguas. Los primeros apelativos de los que se tenga noticia son los patronímicos – nombres que hacían referencia al padre. Por ejemplo: Simón, hijo de Jonás.

heraldica y apellidos escudos

Este género se difundió bastante en la lengua inglesa, en la que tenemos una gran cantidad de apellidos que terminan en son (hijo) – como es el caso de Harrison, o “hijo de Harry”, mientras que en el castellano los apellidos patronímicos suelen tener terminación “ez” (Benítez, sería “hijo de Benito”).

Como este método resultaba limitado, algunos apellidos empezaron a tomar en cuenta también el lugar de nacimiento (toponímicos): Arquímedes de Siracusa. Estos se convirtieron en hereditarios a medida que la posesión de las tierras pasó a ser transmitida de generación en generación. Por esta misma razón, la nobleza y el clero fueron los primeros segmentos de la sociedad en contar con apellido, mientras que los individuos pertenecientes a las clases más desfavorecidas simplemente eran llamados por el primer nombre.

El último nombre, que identificaba a la familia, incluso se usaba como “documento” a la hora de comprar y vender tierras, un lujo que estaba reservado solamente a los más afortunados. Existen documentos que datan del 1611 donde ya se citan a diversas personas por sus apellidos.

La costumbre se diversificó con la inclusión de características físicas y geográficas o de nombres de profesiones. Así, tenemos apellidos como Bosque, Puentes, De la Torre, Arroyo, Campos, Rivera, Roca, Estrada, etc. y que también podrían considerarse dentro de los toponímicos. Jurado, Herrera, Zapatero, Escudero, Labrador o Carpintero ya podrían considerarse como apellidos derivados de los oficios o profesiones. Y un tercer método, aunque el menos usado, es el de los apellidos descriptivos: Delgado, Cabeza de Vaca, Calvo, Bravo, Crespo, Hermosillo, Rubio, etc.

El registro sistemático de los nombres de familia, independientemente de la clase social, no comenzó sino hasta el siglo XVI, por decreto de la Iglesia Católica, en el Concilio de Trento (1563).

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