Crisis de la carne en 1906, ¿humanos enlatados?

¿Se echó a perder el jamón? No te preocupes, el inmigrante llevará a cabo su jornada laboral como cualquier otro día: dispondrá la pieza putrefacta sobre una máquina cortadora a miles de revoluciones por minuto. Entre media tonelada de jamón en buen estado, nadie notará la diferencia. ¿Las salchichas importadas de España están blancas de tanto moho? Una buena cantidad de sal de boro y algo de glicerina y quedan como nuevas.

escandalo de la carne en chicago 1906
Esta postales formaban parte de una carta que el Secretario de Estado Robert Bacon envió al Embajador de los Estados Unidos en el Reino Unido Whitelaw Reid para debatir sobre la industria del envasado de carne de Chicago, 1907.

“La jungla”.

¿Un empleado se quiere lavar las manos antes de salir para eliminar el mal olor? Allí está el recipiente repleto de salmuera que se utiliza para los embutidos. ¿Un trozo de carne se cayó al piso donde trabajadores enfermos de tuberculosis escupen todo el tiempo? Fue un accidente, pero no hay motivo para desperdiciar.

¿Apareció una plaga de ratas en el almacén oscuro de la carne destinada para las salchichas? Unas migas de pan con veneno, y problema resuelto. Quizá unas cuantas ratas mueran sobre la carne, pero está muy oscuro como para ponerse investigar. De cualquier forma, una vez dentro de la máquina se convierten en carne: carne, migas de pan y algo de veneno. ¡Seguro aprenderán la lección!

¿Un empleado perdió una mano en una cortadora? ¿Quién se ofrece a buscarla? Finalmente, la tragedia. “En ocasiones, los empleados llegaban a caer en las ollas. Cuando esto sucedía, rara vez asomaba una parte del cuerpo como para que otros se dieran cuenta. Muchas veces, estas muertes eran ignoradas por días y la carne (sin hueso) salía al mercado muy bien enlatada.

industria de la carne en chicago 1906
Industria de la carne en Chicago, 1906.

Por si fuera poco, esta carne no sólo se vendía directamente, sino que se agregaba a otros productos. Así, además de humano enlatado, fácilmente algún desafortunado podía llegar a comprar salchicha de humano”. Los inspectores no iban más allá de las oficinas del dueño de la empresa, donde se daban por bien servidos con unos paquetes de leche para sus hijos.

Durante muchos años, esta fue la rutina en la industria cárnica de Chicago.

Revelando los secretos de la industria cárnica.

Estos testimonios pueden encontrarse en un libro titulado “La jungla”, publicado en 1906 por un joven escritor de 28 años llamado Upton Sinclair. Un año antes, Sinclair recibió una encomienda del periódico Appeal to Reason para exponer y denunciar a la industria cárnica de Chicago. Se infiltró en aquellas fábricas haciéndose pasar por trabajador y obtuvo testimonios en múltiples conversaciones con sus compañeros.

The Jungle Upton Sinclair
La jungla, de Upton Sinclair, es uno de los libros más escandalosos de la historia.

El resultado de todo esto quedó plasmado en una historia ficticia protagonizada por una familia de inmigrantes lituanos que pasan tragos amargos en la industria, incluido el deceso de una persona por intoxicación alimentaria. Hasta nuestros días, La jungla es una de las obras más impactantes jamás escritas.

Appeal to Reason publicó la obra en forma de serie, pero, en 1906 se convirtió en un libro (contra la voluntad del autor). La obra de Sinclair alcanzó el éxito automático llegando a vender más de 25 mil ejemplares en poco más de un mes. El escándalo se esparció como reguero de pólvora por todo Estados Unidos, y no hubo periódico que no hiciera eco de la noticia.

Fue tan grave que el presidente Theodore Roosevelt tuvo que responder. Aunque consideraba que Upton Sinclair era un socialista al que le faltaba un tornillo, decidió leer el libro. Al terminar, ordenó al comisario del trabajo Charles P. Nei y al asistente social James Bronson realizar una investigación de lo expuesto por el escritor.

La Ley de Pureza de Alimentos y Medicamentos.

A las fábricas se les avisó con antelación y llevaron a cabo una limpieza de último momento. Pese a esto, los hombres de Roosevelt salieron asqueados. Le dijeron al presidente que lo único que no habían visto era personas cayendo en las ollas de manteca. Es decir, no podían asegurarle que personas enteras habían sido enlatadas, pero no quedaba duda de que partes humanas arrancadas por las cortadoras iban a parar a los consumidores.

Roosevelt inició una cruzada contra la industria de la carne y, el 30 de junio de 1906, entró en vigor la Ley de Pureza de Alimentos y Medicamentos, que dio pie a la creación de la Food and Drug Administration (FDA). El mismo día, el presidente firmó la «Ley de inspección de la carne» que entró en vigor en marzo de 1907.

mujeres empacando carne picada en chicago 1910
Mujeres empacando carne picada en Chicago, 1910. Las mejoras son notorias.

Así, la industria alimentaria de los Estados Unidos incursionó en una era progresista. Todo aquel que quisiera exportar productos a los Estados Unidos, debía recibir autorización de la FDA. El mundo entero siguió el ejemplo de los estadounidenses estableciendo leyes y sistemas de inspección más rigurosos y científicos. Tal vez los sistemas no resulten infalibles, pero cuando se descubre a un productor desleal la respuesta internacional es implacable.

El surgimiento del muckraker.

A Upton Sinclair le salió el tiro por la culata. De hecho, se había aventurado en aquella investigación para promover una agenda socialista por el derecho de los trabajadores (en el libro, los personajes se vuelven socialistas). Sin embargo, los lectores restaron importancia al hecho de que una persona muriera en una olla industrial. Consideraron más importante (y asqueroso) que un hombre estuviera en una olla con carne.

pollo en conserva

«Apunté al corazón del público y accidentalmente acerté en el estómago», se lamentó el escritor.

La técnica periodística y de investigación de Sinclair se convirtió en una moda. De hecho, los grandes medios que apoyaban al sistema apodaron «muckrakers» a esta clase de periodistas, el significado del término es algo parecido a «removedor de estiércol».

La receta para un buen jamón enlatado:

  • Puntas de carne ahumada demasiado pequeñas como para que la máquina las corte.
  • Intestinos previamente tratados con productos químicos para no revelar su origen.
  • Restos de jamón y carne enlatada recogidos del suelo.
  • Filete de res.
  • Y especias suficientes como para que tenga gusto a algo.

¡Provecho!

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6 comentarios en “Crisis de la carne en 1906, ¿humanos enlatados?”

  1. Conoci en Canada a una pareja de Colombianos que trabajaron en una carniceria por 7 anios (2006 – 2013) y me platicaron muchas historias como lo que acaban de leer en el post. En paises de primer mundo hay carnicerias muy muy enormes (Son ciudadelas enteras de ganado, crianza, mataderos y donde residen los empleados y todo el personal de seguridad) que trabajan 24/7 por 365 sin descanso. Estan ubicadas en praderas fuera de las grandes ciudades en medio de la nada.
    Me comentaron que muchas veces hay muchos companeros mutilados sin brazos, pies o extremidades por accidents con las maquinas procesadoras sin cobertura de seguro o muchos que desaparecen y encuentran sus ropas cuando una maquina se calienta y descubren que la prenda esta causando conflicto. Que hay laboratorios de todo tipo, que hay aditivos y pintura para carne en cada departamento de procesamiento, que no solo usan animals establecidos por la ley y que decenas de veces los animals llegan con extremidades adicionales, exageradas y deformaciones (ojos extra o cabezas extras) para hacerlo rentable y sacarle mas carne. Me ensenaron trucos para mantener major la carne y como lavarla si le sale hongo o caduca.
    Me platicaron su triste historia de amor sobre como ellos se conocieron ahi y sobre otras infidelidades y prostitucion. Ella no es vegana, pero el si.

  2. Una prima que trabajó en un KFC me contó que hubo veces en que llegaban pollos verdes y morados, los trataban con químicos y se veían frescos y jugosos, aunque el olor insoportable desaparecía hasta que le ponían el empanizado y las recetas secretas del coronel… jamás volvió a comer en KFC.

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