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Corea del Norte prohíbe el sarcasmo

Aparentemente los políticos traen de bajada al sarcasmo. Aquí en México ya hemos experimentado un par de iniciativas de ley para prohibir los memes que hagan crítica y mofa de la clase política. La más reciente la propuso el año pasado una diputada suplente del Verde Ecologista llamada Selma Guadalupe Gómez Cabrera, afortunadamente no pasó a mayores. Pero en uno de los países más surrealistas de la actualidad, el dictador de Corea del Norte, Kim Jong-un, prohibió que los ciudadanos ejercieran la ironía en su país.

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La ley es muy clara: no se permiten los sarcasmos en relación al máximo líder o al régimen. Y todo esto a raíz de que algunos funcionarios del gobierno empezaron a hacer algunas críticas cargadas de ironía cuando el gobernante no se presentó en las conmemoraciones del fin de la Segunda Guerra Mundial en Rusia y China, el pasado mes de agosto.

Como está estrictamente prohibido hablar mal del líder de forma directa, los funcionarios acuñaron una frase del propio Kim Jong-un y le imprimieron un tono de ironía: “Todo es culpa de los Estados Unidos”. Lo curioso es que, en ese contexto en particular, evidentemente la frase no tenía nada que ver con la nación americana, y no pasaba de ser un ataque contra la política externa del líder, que mete la frase hasta en la sopa para justificar cualquier problema de Corea del Norte.

Ese truco de recurrir a la crítica sarcástica se volvió popular entre los ciudadanos de a pie, y las cosas se empezaron a poner feas: las autoridades convocaron a reuniones en toda la nación, declarando que ese tipo de práctica – la crítica a través del sarcasmo – no sería perdonada por el régimen. Según información divulgada por la Free Asia’s Korean Service, en estas reuniones los agentes del régimen alertaban a los ciudadanos sobre las “acciones hostiles de elementos rebeldes en la comunidad”.

Esta medida es una reacción a la creciente resistencia contra el gobierno, misma que se ha manifestado en forma de coloridas críticas hacia el líder, principalmente en la capital Pyongyang, y en la frontera con China. Esto porque el gobierno incrementó su vigilancia desde que Thae Yong-ho, un diplomático norcoreano destacado en Londres, abandonó su puesto en Inglaterra y huyó directamente a Corea del Sur, donde se ha refugiado desde entonces.

Pero esta represión en la crítica no es ninguna novedad, especialmente cuando viene de extranjeros: allá no se permite ningún tipo de falta de respeto hacia la soberanía del país, el castigo por cometer una falta de este tipo puede implicar años de trabajo forzado, como sucedió con un visitante estadounidense que, este año, intentó hurtar (a manera de broma) una placa motivacional del gobierno y terminó varios días en prisión acusado de pretender sabotear a los trabajadores coreanos.

El joven fue liberado tras filmar un video donde admitía que el robo había sido planeado y que estaba muy “impresionado por el gobierno de Corea, por el pueblo coreano y por el tratamiento humanitario a criminales como yo, y por los procedimientos legales justos y claros que el país posee”.

Nada más para que te quede claro: si vas a viajar a Corea del Norte, es mejor que dejes el sarcasmo guardado en el armario.

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