El megatsunami en Bahía Lituya

Durante una expedición petrolera en una región del Golfo de Alaska, el geólogo Don Miller se topó con una anomalía geológica por demás interesante. Al arribar a un punto conocido como Bahía Lituya, Miller se sorprendió al ver que el bosque denso que rodeaba a la bahía terminaba de forma abrupta a decenas de metros de distancia de la costa. A partir de aquella línea que definía el final del bosque existía un poco de vegetación intentando crecer, pero exclusivamente se trataba de algunos retoños y maleza nueva.

Portada tsunami sobre una ciudad

No era necesario ser un erudito en geología para concluir que, en algún momento del pasado reciente, el área había sido barrida por una fuerza descomunal, y las plantas recién empezaban a poblar el fragmento lavado de tierra.

Los escasos tocones de árboles que se mantuvieron en el lugar no mostraban evidencia de haber sido carbonizados, por lo que se descartaba que un incendio hubiera sido responsable. De hecho, la evidencia apuntaba a que una descomunal fuerza lateral había empujado, doblado y retorcido los árboles.

 

La exploración de Don Miller en Alaska.

La devastación provocada se asemejaba a la “trimline” que producen los glaciares al retroceder en determinada porción de tierra, donde quedan dos lados muy reconocibles de vegetación y roca al descubierto. Sin embargo, en Bahía Lituya no había un glaciar que pudiera explicar el fenómeno. En teoría, la causa más probable era un tsunami pero la elevación de la ola tendría que haber sido muy superior a las registradas hasta ese año de 1952.

Bahia lituya trimline en 1952

Bahía Lituya en 1952.

Tras un análisis más minucioso, Miller pudo distinguir otras líneas similares más antiguas alrededor de la bahía, sugiriendo que el destructivo fenómeno se había repetido en múltiples ocasiones en el pasado, con algunas décadas de diferencia entre uno y otro.

Tras entrevistar a algunas personas familiarizadas con la zona, Miller escuchó toda clase de leyendas sobre “olas gigantescas” e “inundaciones cataclísmicas”. Al recolectar muestras de árboles que habían crecido en las regiones devastadas más antiguas, el geólogo descubrió evidencia contundente de trauma en la vegetación.

Tronco de una arbol en bahía lituya

Se fue de Alaska contemplando diversas hipótesis, y al final se limitó a escribir un documento donde proponía varias causas. Pero el origen de aquella devastación se mantendría como un misterio geológico durante varios años más, pues en 1957 los humanos presenciarían por primera vez las causas de aquel fenómeno tan devastador.

 

La expedición de La Pérouse en Bahía Lituya.

Bahía Lituya es una muesca larga y estrecha en forma de T con aproximadamente 13 kilómetros de largo por 3 kilómetros de ancho, limitada en el extremo oeste por la cadena montañosa Fairweather. Es una bahía inusualmente profunda con una pequeña isla el centro. Desde la distancia parece bastante ancha, pero cuenta con un delgado banco de arena llamado “La Chaussee Spit” que reduce el ancho de la entrada a apenas 490 metros.

Ilustracion bahia lituya port des fancais

Bahía Lituya fue descubierta en el año de 1786 por un grupo de marineros franceses a bordo de las embarcaciones Boussole y Astrolabe. Jean François Galaup, conde de La Pérouse dirigía en aquel emprendimiento marítimo a un grupo conformado por geólogos, botánicos, matemáticos, astrónomos, físicos, biólogos, mineralogistas e ilustradores que pretendían llevar a cabo una expedición científica en estas zonas inexploradas del planeta para fortalecer el acervo de conocimientos en Francia.

Aquellos veleros repetían las rutas marítimas del famoso explorador James Cock para constatar y complementar los descubrimientos que había hecho el marinero en el Océano Pacífico. La bahía debe haber causado una buena impresión en La Pérouse pues, en uno de los despachos que hizo a Francia, terminó refiriéndola como Port des Français (Puerto de Francia).

La pérouse

Jean François Galaup, conde de La Pérouse.

Cuando La pérouse envió a sus marineros a realizar reconocimiento de la bahía a bordo de pequeñas embarcaciones, los hombres se sorprendieron al ver lo traicionera que resultaba la ensenada de la bahía. La escasa longitud y profundidad del canal de acceso amplificaban la corriente de las mareas de forma severa, resultando en que las pequeñas embarcaciones volcaran de forma imprevista.

 

Isla Cenotaph y la tragedia de los franceses.

Alrededor de una veintena de hombres fueron tragados por el mar, y sus cadáveres jamás fueron localizados. A causa de esta tragedia, La pérouse bautizó aquella solitaria isla en el centro de la bahía con el nombre de Cenotafio, término que se le da a las tumbas o monumentos vacíos.

Isla cenotaph en bahia lituya alaska

Isla Cenotaph en el centro de Bahía Lituya.

La expedición liderada por La pérouse salió de Alaska y continuó su exploración por el Pacífico, reportando con cierta regularidad a Francia los hallazgos que realizaban. La última vez que alguien vio a los miembros de la expedición fue mientras salían de Bahía de Botany, en Australia, en marzo de 1788, y a partir de esta fecha nadie supo de su destino a pesar de las numerosas campañas de búsqueda y rescate que ordenó Francia.

Años después, surgieron rumores sobre un par de embarcaciones que había encallado en los arrecifes de coral próximos a la isla de Vanikoro; sin embargo, tuvieron que pasar más de dos siglos antes que los restos de la Boussole confirmaran el destino de La pérouse y su tripulación.

 

Las grandes olas de 1936 en Bahía Lituya

El nombre que había propuesto La pérouse, “Port des Français“, fue desestimado a pesar de su misteriosa y casi heroica desaparición. Medio siglo después, allá por la década de 1930, esta remota bahía de Alaska era conocida con el nombre Lituya, término que en la lengua de los tlingit (una tribu local) significa “punto dentro del lago”.

Entre los tlingit se contaba una leyenda sobre Bahía Lituya en la que un monstruo que habitaba en la ensenada provocaba grandes olas sacudiendo el agua como si fuera una sábana. Sin embargo, con el tiempo Bahía Lituya se convirtió en una parada común para los barcos pesqueros, pues en cientos de millas no era posible encontrar otro refugio natural para las embarcaciones.

Ubicacion bahia lituya google maps

Mientras se tuviera en cuenta la fuerte corriente que acechaba a la entrada de la bahía, no había motivo para una preocupación mayor.

Aunque las causas del recurrente fenómeno destructivo aún fueran desconocidas, varios humanos habían atestiguado sus efectos. Un 27 de octubre de 1936 un pesquero de arrastre llamado The Mine se encontraba anclado en Bahía Lituya y a bordo estaban F. H. Frederickson y Nick Larsen que pretendían pasar la noche en el lugar. En torno a las 6:20 de la mañana, los hombres escucharon un gran estruendo seguido por un rugido continuo que provenía del interior de la bahía.

La oscuridad impidió que los hombres divisaran el origen de aquel ruido. La terrible cacofonía se extendió durante casi media hora hasta que finalmente los primeros rayos de luz solar revelaron el origen de aquel ruido blanco: una ola de aproximadamente 15 metros de altura se dirigía a una colisión inminente con The Mine.

 

100 aviones juntos volando a baja altura.

Evidentemente, les pareció sumamente extraño que la ola proviniera de tierra y no precisamente desde el mar profundo, pero los marineros no tenían intención de averiguar los motivos. Apresuradamente, levaron anclas y encendieron el motor. Aquel barco pesquero jamás podría alcanzar velocidad suficiente para escapar de la ola, pero los hombres creyeron que tendrían una oportunidad si lograban esconderse tras la isla Cenotaph.

Larsen y Frederickson lograron ubicarse en el lado oeste de la isla, utilizándola como escudo contra la gigantesca ola que se aproximaba. Para su sorpresa, en aquel lugar había otra embarcación anclada. La nave pertenecía a James Huscroft y B. V. Allen, quienes se habían quedado a dormir en una pequeña cabaña.

Cuando la ola finalmente los alcanzó, los hombres fueron despertados por un sonido que después describirían como “100 aviones juntos volando a baja altura“. Cuando salieron a ver, fueron sorprendidos por un océano que prácticamente había alcanzado la cabaña y se acercaba rápidamente.

Barco pesquero encallado

Huscroft y Allen salieron corriendo del lugar en búsqueda de un terreno más alto, y observaron con asombro la forma en que tres olas consecutivas viajaban desde el interior de la bahía hacia el océano, con intervalos de aproximadamente dos minutos, cada una más grande que la anterior. La cabaña estaba anegada, pero aún se mantenía de pie. En la orilla, el casco de su embarcación chocaba de forma violenta contra el suelo rocoso.

Afortunadamente, en aquel aparente tsunami no hubo pérdidas humanas que lamentar, pero varias estructuras quedaron aplastadas y una cantidad considerable de vegetación fue barrida por la fuerza del agua.

En una inspección posterior se encontró que el agua había logrado subir hasta 150 metros a través de la costa. Cuando la agitación cesó, Frederickson maniobró su pesquero entre incontables troncos de árboles y se dirigió al interior de la Bahía Lituya; sin embargo, no pudo encontrar rastro de algún evento capaz de generar aquella violenta serie de olas.

 

Las evidencia de las olas.

16 años después, cuando Don Miller arribó a esta remota bahía de Alaska encontró los rastros que habían dejado las olas de 1936. Las noticias sobre aquel evento únicamente se difundieron a nivel local, y los únicos que recordaban los acontecimientos eran residentes de poblaciones cercanas.

1952 bahía lituya tsunami

Vista aérea de Bahía Lituya en 1952.

En aquella época, algunos geólogos llegaron a la conclusión de que las olas probablemente habían sido provocadas por una pared de agua que había llegado de forma repentina a la bahía cuando un fragmento de hielo, que hacía las veces de represa, terminó rompiéndose en algún lago al interior.

Sin embargo, Miller encontró que debido a la topología del lugar era imposible esta explicación, a menos que existiera algún tipo de cámara subterránea oculta en algún glaciar cercano. Investigó otros fenómenos sospechosos como los terremotos, movimientos glaciares, deslizamientos submarinos y la caída de rocas pero jamás encontró evidencia concluyente de que alguno fuera responsable.

 

El megatsunami de 1958 en Bahía Lituya.

6 años después de la visita de Don Miller, la noche del 9 de julio de 1958, Bahía Lituya cumplía su función tradicional de albergue para los pesqueros de arrastre en la zona. La tarde de ese día, la bahía presentaba cierto bullicio pues había un grupo de alpinistas acampando en la costa, pero habían abandonado el lugar pues el piloto que los transportaba se mostró algo preocupado por la niebla.

Bahia lituya vista de las montañas

Eran las 9:30 de la noche y los únicos que se encontraban en la zona eran tres barcos pesqueros que flotaban tranquilamente cerca de la entrada a la bahía. Uno de estos curricanes apodado “Badger” era tripulado por Bill y Vivian Swanson, que habían anclado a unos tres kilómetros de isla Cenotaph. En esta época del año y a esta latitud septentrional, el sol apenas empezaba a desaparecer en el horizonte.

Entonces, cuando aquella tranquilidad que sólo ofrece el mar fue interrumpida por el pandemonio, el matrimonio Swanson pudo observar la causa: miles de gaviotas que se encontraban anidando sobre las empinadas laderas de la isla Cenotaph habían despegado de forma estrepitosa para abandonar la bahía.

No se trataba de un comportamiento típico de las gaviotas, pero tras algunos minutos la tranquilidad regresó a la bahía. Aunque preocupados, los Swanson mantuvieron su plan de pasar la noche ahí.

 

El gran terremoto.

45 minutos después de aquella repentina huida de las gaviotas, exactamente a las 10:16 de la noche, la tierra se sacudió con violencia e inmediatamente después las aguas en la Bahia Lituya empezaron a balancearse y salpicar. La cercana falla de Fairweather se estaba moviendo. Se trataba de un terremoto de magnitud 8, el sismo más fuerte registrado en esa zona en las últimas cinco décadas.

Vista satelital de la falla fairweather

Vista satelital de la falla Fairweather.

Cuando Bill Swanson salió a ver lo que sucedía, el agua en torno a la embarcación se agitaba de una forma violenta. A la distancia, el hombre observó temblar los picos de aquellas imponentes montañas que se alzaban al interior de la bahía. También le pareció ver el lejano glaciar Lituya en el horizonte.

Sé que normalmente no se puede observar este glaciar desde donde me encontraba anclado“, habría relatado más tarde a la revista Alaska Sportsman. “Las personas no me creen cuando les digo que esa noche pude verlo. No puedo hacer nada para convencerlos, pero sé perfectamente lo que vi“.

Al otro lado de la bahía, el pesquero de arrastre Edrie ofrecía refugio a Howard y Sonny Ulrich (padre e hijo) que terminaron despertando por el escándalo. Más tarde, Ulrich relató que se quedó paralizado al observar la forma tan violenta en que se sacudía el paisaje montañoso, las nubes de polvo se elevaban y las montañas se quedaban desnudas.

 

Una ola colosal en Bahía Lituya.

El matrimonio de Orville y Mickey Wagner se encontraba en la tercera embarcación, un pesquero apodado Sunmore. A diferencia de sus vecinos, en medio de aquel terremoto encendieron el motor, levaron anclas y se dirigieron a toda prisa hacia la estrecha salida de la bahía.

Barco pesquero en el oceano

El sismo se extendió durante varios minutos. Cuando la falla finalmente dejó de deslizarse, las agitadas aguas en Bahía Lituya regresaron de forma paulatina a la normalidad, y la tranquilidad se volvió a apoderar del lugar. Pese a esto, el matrimonio Wagner seguía rumbo a la salida de la bahía, buscando mar abierto.

Sin embargo, un par de minutos después la atmósfera fue sacudida por un choque “ensordecedor”. Un pico al interior de una montaña en Bahía Lituya se había fracturado arrojando al agua 90 millones de toneladas de roca con una fuerza inimaginable. El impacto logró sacudir otras rocas en las laderas y fragmentos de glaciares cercanos que terminaron sumergiéndose prácticamente de forma simultánea.

Millones de metros cúbicos de agua fueron desplazados formando una ola que se alejaba de la bahía a 180 km/h.

Centro de bahia lituya

Aproximadamente un minuto después, la ola se hizo visible para las embarcaciones que se mantenían ancladas. Los tripulantes observaron con asombro la forma en que aquella extensa pared de agua atravesaba la bahía directamente hacia ellos. Cuando finalmente llegó a la isla Cenotaph, se despejaron todas las dudas sobre la gravedad de la situación.

El centro de la ola tenía casi la misma altura que el punto más alto de la isla, 91 metros. En las orillas, el agua logró desplazarse más de 500 metros tierra adentro, retorciendo árboles enormes y arrancándolos de raíz al grado de dejar las rocas casi limpias.

 

Escape del infierno.

En el Edrie, Howard Ulrich intentaba asimilar las cosas y finalmente logró salir de su estado de aturdimiento. “Fue cuando empecé a moverme“, informó durante una entrevista. “Y lo hice rápido, maldiciéndome a mí mismo por no haberlo hecho antes“. Le puso un chaleco salvavidas a su hijo de 8 años y echó a andar el motor. Ulrich intentó levantar el ancla, pero no pudo.

Evidentemente, durante el terremoto la tierra en el fondo marino se había desplazado y bloqueado el ancla. Sin más remedio, se apresuró a liberar la cadena para dejar sus 40 brazas de holgura en el agua, después giró el barco para hacer frente directamente a la ola.

Aquella pared de agua levantó la proa del Edrie casi hasta dejarla en posición vertical. La cadena del ancla terminó rompiéndose.

Ulrich logró tomar su radioteléfono y avisar “Mayday! Mayday! este es el Edrie en Bahía Lituya. Aquí se desató el infierno. Creo que no lo lograremos. Adiós“. La ola terminó arrastrando al Edrie y a su tripulación a la orilla mientras las poderosas corrientes abajo arrancaban los árboles de raíz. Después, los regresó nuevamente al centro de la bahía. Tras numerosas vueltas y tambaleos considerables, el pesquero se mantuvo a flote y relativamente intacto sobre la estela de la ola. Los ocupantes del Edrie lograron salir con vida.

La chaussee spit

Mientras tanto, el matrimonio Swanson a bordo del Badger veía al Sunmore intentando escapar a toda prisa mientras la ola se alzaba a sus espaldas. Aparentemente la pared de agua terminó devorando al Sunmore y poco después alcanzó a Bill y Vivian en su embarcación pesquera.

Levantó el barco como si se tratara de una pequeña astilla y lo arrojó directamente sobre La Chaussee Spit, aquella franja de tierra firme que abarca la mayor parte de Bahía Lituya. “Atravesamos por encima de los árboles y abajo observamos rocas del tamaño de una casa mientras cruzábamos el banco de arena“, habría dicho Bill Swanson durante su entrevista a Alaska Sportsman. “Estábamos muy por arriba. Se sentía como estar dentro de una lata a la que alguien estaba sacudiendo“.

Un árbol errante terminó destruyendo la cabina del Badger, rompiéndole varias costillas a Bill en el proceso. La ola terminó arrojando al Badger por encima del banco de arena y lo dejó caer con la popa de frente en mar abierto. La embarcación tocó fondo, volvió a flotar en la superficie y empezó a hundirse nuevamente mientras se llenaba de agua.

Los Swanson quedaron bastante agotados y magullados, pero aún seguían con vida. En completa oscuridad, Bill y Vivian se las arreglaron para desplegar un pequeño bote salvavidas y abandonaron el pesquero de arrastre.

 

La total devastación.

Durante aproximadamente 30 minutos el agua en Bahía Lituya se agitaba de un lado a otro, de orilla a orilla mientras la energía se disipaba. Una mezcla de troncos flotantes, témpanos de hielo y una variada cantidad de escombro cubrían gran parte de la bahía y sobresalían como una especie de lengua al océano.

Las embarcaciones que se encontraban en la zona llegaron a buscar sobrevivientes entre los escombros mientras el sol se ocultaba tras las montañas Fairweather. Aproximadamente a la medianoche, uno de estos buques rescatistas localizó a Bill y Vivian Swanson acurrucados en el bote salvavidas.

Poco tiempo después de aquel terremoto, el geólogo Don Miller hizo acto de presencia una vez más en Bahía Lituya. Se dedicó a tomar fotografías desde el suelo y aire, así como a determinar las posibles causas. Las damnificaciones por el agua habían alcanzado los 520 metros en la costa, y gran parte de la arena en el área quedó reducida a un gran lecho de roca.

Canal en medio de la isla cenotaph en bahia lituya 1958

Canal en medio de la isla Cenotaph en Bahia Lituya, 1958.

Aquellos árboles que habían quedado de pie en la zona del desastre estaban profundamente afectados, y la mayor parte de su corteza había sido arrancada. Árboles de hasta 1.2 metros de diámetro se habían doblado o desprendido desde raíz en las laderas. La fuerza de la ola cavó un canal en medio de la isla Cenotaph, y La Chaussee Spit fue barrida hasta que sólo quedó roca.

Este megatsunami había alcanzado una altura tres veces superior a las olas previas que habían afectado la bahía, borrando todo rastro de los eventos anteriores.

Desastre megatsunami bahia lituya 1958

Bahía Lituya, agosto de 1958.

En el informe final de Miller, esencialmente se concluyó que aquella bahía larga, estrecha y profunda daba lugar a lo que definió como una “rareza hidráulica” que mostraba predisposición a la formación de olas gigantescas, y que los 90 millones de toneladas de roca que cayeron de forma repentina en el agua eran una demostración irrefutable del principio de Arquímedes.

 

La ola más grande de la historia.

Al final, el terremoto y posterior tsunami en Bahía Lituya terminaron cobrándose la vida de cinco personas. Entre los muertos se encontraba el matrimonio Wagner que intentaba escapar de la ola a bordo del Sunmore y cuyos restos jamás fueron localizados.

Los otros tres muertos estaban a 130 kilómetros en las costas de la isla Khantaak. Cuando la falla Fairweather empezó a desplazarse, la playa se sumió repentinamente bajo el océano y las tres personas desaparecieron en el agua.

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La cabaña en isla Cenotaph fue totalmente barrida, un faro quedó hecho añicos y muchas otras estructuras cercanas resultaron damnificadas, pero gracias a la distancia con grandes centros urbanos en las costas se evitó una catástrofe mayor.

Dado que alcanzó una altura de casi 525 metros sobre la costa, el evento de 1958 en Bahía Lituya resultó varias veces superior a cualquier récord de altura registrado por un tsunami en el pasado.

Debido a que este tsunami fue un orden de magnitud mayor a los tsunamis típicos y se generó por el desplazamiento de tierra y hielo, y no precisamente por el movimiento telúrico, los geólogos acuñaron un nuevo terminó para diferenciarlo: megatsunami.

Devastacion del bosque en bahia lituya 1958

 

Otras olas mortales.

Olas colosales vinculadas a deslizamientos de rocas han sido observadas en otros lugares en tiempos modernos. Cinco años después del megatsunami de Bahía Lituya, en 1963, un deslizamiento de tierra sobre la presa Vajont, en Italia, generó una pared de agua de 250 metros de altura.

Apenas tenía la mitad de altura respecto a la ola que pudo verse en Bahía Lituya, pero cuando rebasó los límites de la represa terminó con la vida de 2000 personas.

Hasta nuestros días, el megatsunami de 1958 en Bahía Lituya figura como la ola más alta registrada en la historia. La evidencia en este lugar sugiere que esta clase de fenómeno se repite cada tres o cuatro décadas, por lo que resulta muy poco probable que el evento de 1958 sea el último.

Si alguna vez decides visitar este lugar, recuerda que cuando las gaviotas salgan a toda prisa de la isla Cenotaph, o escuches un ruido similar a 100 aviones volando a baja altura, debes prepararte para ser testigo de un espectáculo aterrador que muy pocos humanos han tenido oportunidad de presenciar.

7 Reacciones

  • Muy buena hostoria, como algunas que he leído en la revista selecciones de gente ordinaria haciendo cosas extraordinarias, hasta la piel se henchina y entra el sentimiento de saber que personas estando al borde de la muerte estan contando su hitoria al mundo, frases como esta de “Mayday! Mayday! este es el Edrie en Bahía Lituya. Aquí se desató el infierno. Creo que no lo lograremos. Adiós“ de un hombre junto a su hijo de 8 años, me hacen sentir empatia y mi cerebro no logra procesar el sentimiento de ese hombre que por suerte pudo contar su relato… por otra parte, eso de que los que murieron intentaron uir, como lo supieron?? si solo dieron por perdido el barco y no los encontraron nunca, tal vez los restos del mismo pero los cuerpos no, los otros estaban lejos, el shock y el ruido de la ola, la preocupacion por sobrevivir, no creo que nadie supiera en realidad que pasaba en otras enbarcaciones, creo que esa parte si se pierde un poco, pero para pelicula queda muy bien, espero los cientificos ya esten investigando que sucede ahi, para evitar cometer ese error (de no estar preparados para una catastrofe asi) en otra parte del mundo

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