El ataque de los hombres muertos, Batalla en el Fuerte Osowiec

Hace más de un siglo, la humanidad protagonizó un conflicto bélico que definió buena parte del mundo que conocemos hoy. Hablamos de la Primera Guerra Mundial, un trágico lapso de cuatro años que nos dejó como legado toda clase de historias extrañas y narraciones inverosímiles sobre el horror de la batalla. La Gran Guerra llevó los frecuentes conflictos entre naciones a una escala industrial.

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También significó toda una revolución en la forma de esparcir muerte. La carrera armamentista, implementación de nuevas tácticas y la participación de un gran número de combatientes resultaron en una tragedia sin precedentes. Entre todas esas armas que debutaron en los campos de batalla, hay una que parece condensar todo el odio que se respiraba en la época: el gas venenoso.

El asedio al Fuerte Osowiec.

Uno de los episodios más perturbadores de este infierno sobre la Tierra aconteció en la Fortaleza de Osowiec, al oeste de territorio polaco. De acuerdo con los relatos de la batalla, en ese punto las tropas alemanas combatieron con un ejército de hombres muertos. Sucedió a comienzos de agosto de 1915, momento en el que la guerra de tres años ya se había estancado. Los combatientes se apostaban en sus trincheras, ganando unos cuantos metros al enemigo que no marcaban diferencia alguna. Las líneas del frente parecían inamovibles.

Fiel a su aguerrido estilo, desde el frente oriental los alemanes coordinaban la ofensiva. Mientras tanto, tropas rusas y polacas oponían una resistencia admirable resguardados por el antiguo Fuerte de Osowiec, una construcción edificada durante la Edad Media. Además de frenar a las fuerzas del Kaiser, el fuerte era la puerta de entrada a un valle de mucha importancia estratégica.

Fuerte Osowiec
Fuerte Osowiec.

Según diversas estimaciones, la fortificación era defendida por un millar de hombres: la gran mayoría civiles rusos y polacos que no contaban con preparación militar. Su única ventaja era la privilegiada posición del Fuerte de Osowiec, que ofrecía un panorama completo sobre el avance de los alemanes. Tras casi nueve meses apostados en aquel fuerte, la táctica de esperar y repeler las embestidas del enemigo había dado buenos resultados.

Primera embestida con artillería.

Los alemanes estaban hartos de esta dinámica, por lo que planearon un asalto pesado para tomar el fuerte de una vez por todas. En la zona se desplegó más de una docena de batallones de infantería, con bombarderos y artillería pesada. En ese ataque participó la Gran Berta, un obús de asedio que disparaba proyectiles de 420 mm. Como puedes imaginar, la intención del comando alemán era reducir a escombros el Fuerte Osowiec.

La Gran Bertha Obus
Gran Berta.

Tras un intenso bombardeo, los hombres del Kaiser establecieron una barrera de bombas y explosivos al exterior del fuerte. Creyendo que habían diezmado a las fuerzas rusas, avanzaron para tomar el fuerte y los recibieron con una lluvia de balas. En efecto, hombres apostados sobre las murallas seguían defendiendo la edificación.

Este juego del gato y el ratón, con los alemanes descargando toda su artillería pesada y los rusos defendiendo su posición a muerte, se extendió por varios días. Al interior de la estructura, los soldados se valían de criptas subterráneas para protegerse de los bombardeos. Aquellos túneles excavados sobre la roca se mostraron impenetrables.

Segunda embestida con gas venenoso.

Llegó el punto en que los generales alemanes se pusieron furiosos por la situación. Tras dos semanas de un ataque constante, sentían que todos sus batallones fueron humillados por un pequeño contingente de civiles rusos y polacos. En ese instante tomaron la abominable decisión de emplear gas venenoso para sacar al enemigo de su escondite. La combinación química, bromo y gas cloro, resumía a la perfección las macabras intenciones de los alemanes.

ataque biologico en la guerra

Por sí solo, el bromo produce una grave irritación y ardor en vías respiratorias, ojos, piel y tracto intestinal difícil de curar, aunque no necesariamente letal. Pero una vez que se combina con el gas cloro se convierte en una sustancia letal que reacciona en el organismo de la víctima. Cuando los desafortunados soldados al interior del Fuerte Osowiec comenzaron a respirar el gas, la sustancia reaccionó con la humedad natural de los pulmones y se transformó en un ácido que quemaba las membranas internas.

Con esta clase de gas venenoso, el daño se genera de adentro hacia fuera. Sin embargo, la letal combinación también provoca ceguera, llena la boca de dolorosas heridas y desencadena un sangrado intenso por la nariz.

Evidentemente, los órganos del sistema respiratorio son los más afectados por el gas venenoso. El daño más grave se produce en las membranas pulmonares, que terminan disolviéndose. Si se mantiene la exposición al agente, la víctima muere en cuestión de minutos ahogada en su propia sangre. Pero cuando hablamos de una exposición parcial, los desafortunados pueden sufrir durante semanas antes de recibir el alivio de la muerte. Perecen tras una larga agonía causada por la reducida capacidad pulmonar.

Ataque biológico en Osowiec.

Los alemanes estaban convencidos de que el gas venenoso sacaría de ese fuerte a rusos y polacos. Gracias al servicio de inteligencia y espionaje, sabían que no contaban con máscaras antigás. Les habían entregado simples cubrebocas de tela, inútiles contra el gas venenoso. El cóctel de químicos se colocó en proyectiles de artillería que se impactaron a pocos metros de la entrada al fuerte.

primera guerra mundial

Al observar una niebla verdosa emanando desde los cráteres de impacto de los proyectiles, los soldados sobre la muralla entendieron que estaban bajo un ataque biológico. La mayoría intentó protegerse al interior de los túneles. Otros empaparon en agua los cubrebocas de tela en un intento por filtrar la tóxica sustancia, pero de nada sirvió. En medio de aquella desesperación, se supo de soldados que usaron su propia orina para empapar los cubrebocas.

El infierno sobre la tierra.

La muerte se instaló al interior del Fuerte Osowiec y los soldados empezaron a agonizar en medio de una tos asfixiante. Por si fuera poco, la ceguera que les producía el gas venenoso y el constante vómito no hacían más que empeorar la situación. Tras algunos minutos de espera, una cuadrilla de alemanes equipados con máscaras antigás se dispuso a constatar la efectividad del ataque. Estaban convencidos de que solo encontrarían cadáveres y cuerpos retorciéndose, pero la realidad era mucho peor.

Batalla de Osowiec

Encontraron soldados escupiendo trozos de sus propios pulmones, ensangrentados y empapados de vómito, pero dispuestos a pelear. Las quemaduras del gas venenoso en el cuerpo de los soldados los dotaron de una apariencia infernal. En la mente de aquellos alemanes, era como si las puertas del inframundo se hubieran abierto para permitir el regreso de un ejército de muertos.

Rusos y polacos se habían propuesto mantener la posición del fuerte hasta el último hombre. Pero, al asimilar que morirían irremediablemente, hicieron lo que el enemigo jamás esperó: un contraataque. En todos esos meses encabezando la ofensiva, los alemanes nunca esperaron un ataque. Para su mala suerte, gran parte del ejército estaba descansando o alimentándose en las trincheras. Todos esos hombres fueron sorprendidos por un ejército de muertos vivientes. Aquel contraataque de las fuerzas rusas y polacas pasaría a la historia como el ataque de los hombres muertos, pues precisamente eso parecían.

El ataque de los hombres muertos.

Se cree que alrededor de un centenar de hombres integraron el contraataque, pero su horrible apariencia generó un profundo estrés psicológico en los alemanes. Aquellos hombres jamás se imaginaron en medio de esa pesadilla, y es que nunca habían atestiguado los efectos de un ataque biológico. El mayor de sus temores era que los soldados expuestos pudieran transmitir sus afectos. Estaban aterrados.

ataque de los hombres muertos

La desbandada alemana fue inminente y los soldados abandonaron sus posiciones sin mirar atrás. Muchos se olvidaron de sus propios campos minados y los alambres de púas. Mientras tanto, los rusos seguían persiguiendo al batallón mientras reían a carcajadas y gritaban, probablemente por el intenso dolor de los devoraba desde dentro. Irónicamente, esto agregaba un poco más de horror a la persecución.

El Regimiento Zemlyansky pasaría a la historia pues un centenar de sus elementos hicieron correr a más de 7 mil alemanes. Vladimir Kotlinsky, un subteniente que no tenía el mayor rango durante el ataque, ordenó la acción. Era una misión suicida, pero los hombres que lo acompañaban estaban decididos a pelear hasta su último aliento. Dicen que Kotlinsky reía a carcajadas mientras blandía una pistola en una mano y en la otra una pala con la que golpeaba a los aterrorizados alemanes.

vladimir kotlinsky
Vladimir Kotlinsky.

Al final, todos los soldados rusos y polacos terminaron muertos. Además de los que participaron en el contraataque, otros 450 murieron al interior de la fortaleza. Cuando se hicieron con el control del lugar, los alemanes decidieron demoler la estructura con cargas explosivas. Después de aquella pesadilla, el comando alemán no planeaba aprovechar las instalaciones pues los soldados detestaban la idea. Eventualmente, empezaron a circular rumores de que los rusos se levantaron de entre los muertos para defender el fuerte Osowiec.

La leyenda del ejército de los muertos.

Aunque lo intentó, el Ministerio de Guerra en Alemania no pudo censurar la avalancha de rumores sobre soldados enemigos que regresaron del más allá para seguir combatiendo. Las inmediaciones del Fuerte Osowiec se convirtieron en un escenario post-apocalíptico. La vegetación circundante murió y el suelo se volvió negro. Las armas, vehículos y todo aquel objeto construido de metal terminaron oxidados por acción del gas venenoso. En cuestión de días, una fina capa de lama verdosa se instaló sobre todas las superficies.

consecuencias del ataque con gas venenoso

Se cree que los rusos y polacos que defendían aquel fuerte no perecieron al instante por un error de los alemanes. Un mal cálculo en la cantidad de sustancias que conformaban al gas venenoso redujo su letalidad y permitió que las víctimas resistieran el efecto durante un buen tiempo.

Héroes de guerra.

Tras dejar el fuerte en ruinas los alemanes siguieron invadiendo Polonia. Celebraron la caída del Fuerte Osowiec como una gran victoria de guerra, aunque había muy poco que celebrar. Los rusos capitalizaron la historia del ejército de hombres muertos para levantar la moral de sus hombres. La memoria de cada uno de los soldados que murió en el fuerte se honró con medallas al valor. De hecho, Vladimir Kotlinsky recibió póstumamente la Orden de San Jorge, una de las condecoraciones rusas más prestigiosas hasta la fecha.

El sacrificio de los rusos y polacos que se sacrificaron en el Fuerte Osowiec se seguiría recordando durante muchos años. Entre los soldados se popularizó una canción llamada «Los rusos nunca se rinden», que entonaban para motivarse en los días difíciles de guerra. Tras la Revolución Rusa de 1917, los bolcheviques llegan al poder y censuran todo aquello que refiera algún tipo de admiración hacia el régimen zarista, incluida esa canción. Sin embargo, en los peores momentos de la Segunda Guerra Mundial, los soldados rusos seguían entonando aquella vieja canción para darse valor.

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