Abadía de Lucedio: una sucursal del Infierno en Italia

La historia sobre la abadía de Lucedio inicia en el 1124, año de su inauguración en una zona rural próxima a la ciudad de Trino, al noroeste del territorio italiano. Como muchas otras abadías de la Edad Media, se trataba de un complejo gigantesco construido en piedra. El muro y el campanario destacaban entre todos los elementos de la imponente arquitectura gótica. La historia de este sitio es tan extensa como interesante, y no solo por los años que lleva ahí. También por la cantidad de rumores y leyendas que lo rodean, algunas realmente extrañas.

PORTADA ABADIA LUCEDIO

Mucho antes de que se construyera la abadía de Lucedio, allí se encontraba un terreno pantanoso cubierto por cieno. A comienzos del siglo XII, el marqués Renier I de Montefract cede la propiedad a la orden del Císter como pago por una cura milagrosa. Agradecidos por la benevolencia del Marqués, los monjes se mudan a este lugar y se empeñan en convertir el pantanal en un terreno fértil.

En el transcurso de una década, convirtieron el cenagal en un campo para el cultivo de arroz. Eventualmente, las ganancias obtenidas por la venta del grano les permitieron levantar una fortaleza formidable. Este lugar albergaría la abadía de Lucedio, base de operaciones de la orden. Con mucha disciplina y trabajo, los religiosos no solo transformaron el pantano. Convirtieron esta región de Italia en una de las áreas de cultivo de arroz más importantes de todo el país.

monjes orden del cister

La región creció hasta convertirse en el granero que alimentaba al norte de Italia. Una inusual prosperidad que se extiende hasta nuestros días. Pero, una leyenda dice que todo este éxito oculta algo muy sórdido y siniestro.

Pacto con el diablo en la abadía de Lucedio.

En algunas versiones de la historia se afirma que los monjes cistercienses hicieron un pacto con el diablo. Entregando sus almas a cambio de riquezas. Y es que tras muchos años de trabajo y esfuerzo la recompensa era mínima, por lo que el pacto con Satanás era la única salida a la pobreza que los afligía. Aunque obtuvieron riquezas inimaginables, este pacto los condenó a la oscuridad eterna. El diablo solo les puso dos condiciones: que lo sirvieran solo a él y que siguieran haciéndose pasar por monjes, básicamente para burlarse de Dios.

En otras variantes de la leyenda se dice que los monjes fueron seducidos por bellas jóvenes locales. Que realmente serían súcubos enviados por el demonio para convertir a los monjes al mal cuando estos creían que Dios los había abandonado. Independientemente de la leyenda, al final siempre sucede lo mismo: los monjes que habitaban la abadía de Lucedio abandonaron el camino de la luz para abrazar las tinieblas.

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A finales del siglo XVII, la orden ya organizaba toda clase de rituales satánicos, incluidos los sacrificios humanos. Muchos rumores señalaban que tras los gruesos muros de la abadía sucedían toda clase de horrores. Crímenes atroces como el asesinato, la tortura y violación. Y después de todos esos siglos, los perpetradores seguían disfrazando su naturaleza diabólica ante los habitantes del lugar. Se dice que llegaron a secuestrar múltiples aldeanos desprevenidos para sus nefastos rituales místicos.

Ocasionalmente, desde el exterior se escuchaban algunos lamentos y sonidos producidos por entidades no humanas resonando dentro de la fortaleza. En la comunidad corrían toda clase de rumores sobre lo que sucedía en la abadía. Cierta vez, una víctima inocente habría logrado escapar de las garras de estos monjes diabólicos para dar testimonio del culto al demonio, la magia negra y otros actos grotescos.

El demonio habita en el norte de Italia.

Indudablemente, el peor de todos los rumores que circulaba en los pueblos vecinos afirmaba que los monjes invocaban a una horda de demonios para entregarles campesinas secuestradas como ofrendas. Tras los abominables aquelarres, las mujeres ultrajadas eran encerradas en calabozos donde parían horrendos bebés con aspecto infernal.

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Toda esa actividad estuvo activa durante siglos, al menos hasta 1748 que cerraron la abadía. Tras su clausura, la construcción pasó por varias manos. Incluso Napoleón Bonaparte fue propietario de la antigua abadía de Lucedio durante varios años. Pero, la leyenda dice que el mal nunca se marchó de este lugar. Aunque abandonada, la abadía siempre tuvo una presencia malvada y corrupta, que impregna cada rincón de este lugar hasta nuestros días.

Leyenda de los Cuatro Guardianes en la Abadía de Lucedio.

A finales del siglo XVIII, la Santa Sede intentó recuperarla y es en este lapso donde se desarrolla uno de los relatos más aterradores. Con el objetivo de someter y exorcizar a la presencia demoníaca que allí habitaba, la Iglesia envió a un grupo de religiosos. Supuestamente, los sacerdotes encontraron el origen del mal bajo una cripta secreta en la Iglesia de Santa María. De la decena de religiosos que bajó para explorar este lugar, solo la mitad regresó con vida, incluido un joven seminarista.

Inglesia Santa Maria en Lucedio

Cuatro de los sobrevivientes decidieron sacrificarse para evitar que el mal saliera de aquella cripta. Se pararon frente a la escalera que conducía a la cámara y oraron sin parar día y noche. La leyenda menciona que esto detuvo las fuerzas del mal. Sin embargo, estos sacerdotes se esforzaron tanto que terminaron muriendo y convirtiéndose en centinelas eternos de la cripta. Aquel seminarista que sobrevivió, regresó al Vaticano e informó personalmente al Papa de los acontecimientos. Se dice que los cuatro cadáveres momificados de los mártires aún están frente a la escalera de la cripta maldita. Y mientras sigan rezando, el mal estará contenido en las profundidades de la abadía.

Las momias.

A diferencia de otros mitos en los que casi nunca se aporta evidencia física, la leyenda de los Cuatro Guardianes en la Abadía de Lucedio cuenta con al menos una prueba irrefutable. Bajo la Iglesia de Santa María, en la sala que conduce a las criptas, se exhiben cuatro cadáveres momificados sentados en sillas. Su vestimenta es la de los antiguos clérigos y, milagrosamente, la tela apenas muestra desgaste por el tiempo.

Cuatro Guardianes

Por la forma en que están posicionados, parece que realmente están vigilando la cripta maldita. La Iglesia suele evitar cualquier comentario sobre esta leyenda. Considerando todas las leyendas que rodean a la abadía de Lucedio, no es de extrañar que circulen historias sobre fantasmas, sombras y demonios que rondan el lugar, especialmente la cripta.

El Pilar de las lágrimas.

Otra leyenda popular que involucra a está abadía en Italia tiene que ver con un salón. Al centro de este lugar se encuentra un pilar de piedra que siempre está mojado sin una explicación lógica. No existen goteras en el techo, y en todo el lugar es el único que se mantiene húmedo. Conocido como «Pilar de las lágrimas», se dice que la piedra llora por todas las atrocidades que se perpetraron al interior de la abadía. En este recinto habrían acontecido los sacrificios humanos, torturas y vejaciones de toda clase durante los siglos en que habitaron los monjes malvados.

pilar de las lagrimas

El abad negro de la abadía de Lucedio.

También se cuenta la leyenda de una misteriosa niebla que ronda los pasillos de la abadía. Aparentemente, es una presencia diabólica que invocaron durante una misa negra. Se dice que una corriente de humo espeso y oscuro atraviesa las paredes o ingresa a las habitaciones por abajo de las puertas. La entidad posee un carácter diabólico, por lo que siempre deja un nauseabundo hedor a azufre. Y cuando se encuentra con una persona virtuosa, la persigue para intentar someterla a su voluntad. Se dice que esta presencia fue responsable por numerosos suicidios a lo largo de los siglos, cometidos precisamente por jóvenes monjes que residían en la abadía y terminaron enloqueciendo.

Y si se les pregunta a los locales, la mayoría afirma que en las inmediaciones de la abadía también se manifiesta actividad paranormal. Una de las presencias más temidas es una entidad que habita en los muros exteriores de la fortaleza. Lo describen como un ser siniestro que siempre va encapuchado, cubierto por un manto oscuro que cubre sus facciones. Nadie le ha visto el rostro.

Muchos aseguran que se trata del alma en pena de aquel abad que negoció el pacto con el diablo hace casi nueve siglos. Un hombre que abandonó su fe para convertirse en un poderoso hechicero que oficiaba los macabros rituales en el lugar. Acecha a las personas y, cuando ve la oportunidad, les ofrece un trato diabólico. Lo hace para liberar su alma condenado la de otros. Y su deuda con el diablo quedará saldada hasta que le entregue exactamente 1001 almas.

El lugar con más actividad paranormal de Italia.

También circulan rumores sobre perros negros enormes de ojos brillantes que rondan la abadía de Lucedio. Y durante las noches particularmente oscuras incluso es posible escuchar aullidos. La creencia popular dice que cuando una persona escucha tres de estos aullidos quejumbrosos cae víctima de una maldición. Al poco tiempo, la persona termina muriendo en extrañas circunstancias.

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Spartito del diavolo.

Son tan intensos y numerosos los fenómenos paranormales vinculados a la abadía de Lucedio que, frecuentemente, lo refieren como uno de los sitios más embrujados de Italia. En los últimos años, la fama del lugar atrajo a toda clase de investigadores paranormales y caza fantasmas. Personas de diversas partes del mundo acudieron a Trino para atestiguar estás manifestaciones. Al principio la parroquia local no mostró inconveniente, pero actualmente existe una serie de reglas muy estrictas que impiden a las cámaras de televisión ingresar a explorar la abadía.

Entre mitos y leyendas.

¿Todas estas historias formaran parte de una simple leyenda urbana o del folclor local que se desarrolló a través de los siglos? ¿O realmente existe algo sobrenatural viviendo en la abadía de Lucedio? Actualmente, el lugar sigue en operación con un número de religiosos que no supera las 50 personas habitando el antiguo edificio secular. Aunque en el paisaje local abundan las granjas de arroz, en los terrenos de la abadía son pocos los cultivos.

Cuando se les pregunta sobre estas leyendas, los lugareños prefieren desviar el tema o minimizarlo diciendo que se trata de supersticiones inherentes a un lugar tan antiguo como la abadía de Lucedio. Sin embargo, resulta extraño que una de las costumbres más extrañas en Trino sea persignarse cada vez que alguien menciona el nombre de la abadía.

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