7 leyendas de terror del Viejo Oeste

En el pasado, cuando la noche caía y las actividades estaban limitadas por la oscuridad, los humanos solían reunirse en torno a la engañosa seguridad que proporciona una hoguera para explorar sus temores más profundos contando historias y relatos de terror. En el viejo oeste, los vaqueros hicieron de este ritual toda una tradición y muchas de esas leyendas lograron sobrevivir hasta nuestros días.

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Desde antiguos mitos divulgados por los nativos americanos, pasando por las espeluznantes historias de seres que habitaban las praderas, los encuentros con espectros de mujeres y niños hasta horrores que congelarían la sangre del más valiente. Aquellas travesías por el Oeste terminaron inspirando historias inquietantes. No resultaba extraño que los forajidos se convirtieran en leyendas, y tampoco que sus fantasmas siguieran provocando escalofríos en aquellos que escuchaban los relatos.

Muchas de estas leyendas se niegan a desaparecer, integrándose a la cultura popular en forma de mitos como el de Jessie James o el Holandés errante. De la misma forma, las entidades del viejo oeste parecen decididas a mantenerse en la conciencia colectiva, sembrando terror tanto en niños como en adultos. En la soledad de las praderas, en medio de una noche oscura y bajo un cielo lleno de estrellas, estás leyendas parecen mucho más reales.

A continuación, te presentamos algunas leyendas que nacieron a lo largo del siglo XIX, cuando el oeste salvaje era domado por hombres y mujeres valientes.

El cambiapieles.

El pueblo navajo cree en un ser mitológico apodado cambiapieles (skinwalker). Para algunos, se trataba de brujos o hechiceros que utilizaban sus poderes para cambiar de forma. Sin embargo, otros consideraban que los cambiapieles no eran humanos y ni siquiera estaban vivos. Hablamos de entidades capaces de copiar cualquier sonido, replicar cualquier forma e imitar detalles y apariencia de otros seres para llevar a cabo actos terribles.

el cambia pieles

Esencialmente, cualquier persona que se cruzaba en su camino terminaba convirtiéndose en una víctima. No sentían temor ni remordimiento de atacar a otros, aunque las víctimas fueran niños o mujeres. La figura del cambiapieles era un concepto aterrorizante para los pueblos indígenas, y realmente tenían miedo de encontrarse con uno.

Se decía que los fragmentos de sílex servían para identificarlos, pues cada vez que un cambiapieles estaba cerca, el mineral brillaba. El sílex también era lo único que podía matarlo, y para que su muerte fuera permanente debía desollarse cuidadosamente.

Los nativos creían que los cambiapieles salían a cazar en las noches sin Luna, y no salían de sus tiendas a menos que fuera estrictamente necesario. También eran muy cuidadosos con la visita de extraños en las aldeas, pues existía el riesgo de que se tratara de un cambiapieles disfrazado.

Con el tiempo, las leyendas protagonizadas por estos seres fueron cambiando y no pasó mucho antes que llegaran a oídos de aquellos pueblos que venían de lejos. En el viejo oeste, los vaqueros solían hablar de los espíritus con respeto, susurrando sus nombres para no llamar la atención. Contaban historias de individuos que desaparecían en el desierto y regresaban años después, como si no hubiera pasado un solo día.

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También relataron casos de personas que regresaban de un viaje o cacería con un comportamiento extraño. Individuos que, de la noche a la mañana, se volvían completamente ajenos para sus familiares. Los apodaban cambiapieles, aquellos monstruos que los pieles rojas tanto temían.

La leyenda sigue presente entre los pueblos indígenas de la actualidad. Si le preguntas a un descendiente de los Navajo, seguramente habrá escuchado de los cambiapieles, y probablemente te recomendará que te quedes callado, pues mencionar su nombre es llamar su atención.

El Muerto o El Jinete sin Cabeza.

En los albores del siglo XIX, los límites territoriales entre México y el sur de Texas no estaban bien definidos por lo que las fronteras solían confundirse. Las únicas referencias geográficas eran el río Bravo y el río Nueces, pero como en esa época no había ningún tipo de acuerdo la zona era tierra de nadie. Los cuatreros sacaban ventaja de esta situación, robando el ganado en Texas y huyendo con el botín a México.

el jinete fantasma

Un forajido mexicano llamado Arturo Vidal se hizo particularmente popular por su destreza para escabullirse de la autoridad. Por eso, los Rangers de Texas juraron que harían hasta lo imposible para atraparlo. Finalmente lo capturaron en la localidad de Amarillo, aunque su detención desató un sangriento tiroteo en el que murieron dos oficiales. La afrenta enfureció demasiado a los oficiales, quienes decidieron ejecutar a Vidal allí mismo, sin darle oportunidad a un juicio. Lo ejecutaron colgándolo de un puente.

Sin embargo, las acciones vengativas de los oficiales no terminaron allí. Como una forma de advertencia para todos los criminales que vivían al otro lado de la frontera y admiraban a Arturo Vidal, le cortaron la cabeza y ataron el cuerpo a un caballo salvaje. A continuación, soltaron el animal y lo dejaron cabalgar a México para mostrar a todos lo que sucedía con aquellos que desafiaban a la autoridad.

Nadie esperaba que, en los años posteriores a la muerte de Vidal, diversos testigos informaran sobre un jinete sin cabeza que galopaba al sur de Texas rumbo al río Bravo. Lo apodaron «el muerto«, y el espíritu se hizo muy famoso entre los vaqueros texanos, una aparición que realmente les producía temor.

el jinete fantasmal

Algunas historias dicen que los Rangers que participaron en la ejecución de Arturo Vidal, llegaron a encontrarse con el jinete sin cabeza. Habría vengado su muerte cazando a cada uno de los involucrados, dejando la pisada de un caballo en el pecho a cada una de sus víctimas como marca distintiva.

La leyenda de «el muerto» todavía es popular en el sur de Texas. Incluso en nuestros días, algunas personas aseguran haberse topado con el aterrador jinete sin cabeza cabalgando por la desolada frontera.

La mina pérdida del Holandés.

La mina pérdida del Holandés fue una especie de «el Dorado» en la época del Viejo Oeste. Mineros, cazadores de tesoros y exploradores buscaron este lugar hasta el cansancio, pero su localización sigue siendo un misterio. La leyenda dice que se ubica en algún sitio de las Montañas de la Superstición, en Arizona. Obviamente, los charlatanes elaboraron mapas falsos con la supuesta ubicación de este lugar y ganaron bastante dinero estafando a personas ingenuas. ¿Pero, cómo surgió esta leyenda?

montañas de la supersticion arizona
Montañas de la Superstición, Arizona.

Cuentan que, a finales de 1870, un grupo de viajeros encontró a un minero agonizando en medio del desierto. El hombre se encontraba en una situación física lamentable, sufría de alucinaciones y una aguda deshidratación. Lo trasladaron a un campamento de mineros, pero allí nadie logró entender el idioma en que se comunicaba. Después que alguien reconociera aquel idioma como alemán, solicitaron la presencia de un inmigrante de Alemania. Este sujeto tradujo las palabras de su compatriota, cuyo nombre era Waltz. Sus delirios hacían referencia a una riqueza inconmensurable de oro que había localizado al interior de una mina. «Toda una montaña de oro».

La verdad es que nadie le prestó mucha atención. No era extraño que los mineros se volvieran locos ante en tanta soledad y paranoia. Finalmente, Waltz murió. Pero, antes de expirar dijo que había traído una parte del oro en su bolsa. El intérprete se dirigió hasta el sitio donde fue encontrado Waltz y, efectivamente, descubrió un saco con una cantidad considerable de oro en polvo.

Cuando el rumor empezó a diseminarse, todos se volvieron locos. Se generó una auténtica fiebre del oro en la zona, y mineros de todo el país llegaban para buscar la mina pérdida del holandés (en aquella época, los habitantes del viejo oeste llamaban holandeses a los alemanes).

mina de oro

Sin embargo, es a partir de aquí que las cosas se pusieron realmente extrañas. Evidentemente, nadie logró dar con el paradero de la mina perdida pero una cantidad impresionante de personas simplemente se esfumó en el emprendimiento. Inevitablemente sucedieron muchos accidentes, pues incluso hoy la profesión es peligrosa, pero esto no logra explicar todas las desapariciones. Lo más inquietante fue que nadie logró explicar la aparición de manos, pies y cabezas en las montañas durante los meses posteriores. ¿Quién sepulto a varios mineros hasta el cuello? ¿Qué o quién mató a estos hombres usando sus propios picos? ¿Quién estuvo detrás del ataque a un campamento y el secuestro de cuatro mineros? En esa época surgieron muchas incógnitas y ninguna explicación.

La mina perdida del Holandés sigue atrayendo y asustando a las personas que escuchan la historia. Para muchos, la mina está protegida por el fantasma del propio Waltz. Pero, otros creen que las Montañas de la Superstición guardan secretos tan aterradores que no estamos preparados para descubrir.

Jesse James, el recolector de almas.

Entre los más célebres forajidos del Viejo Oeste, ningún hombre es tan conocido como Jesse Woodson James. El historial criminal de este sujeto fue notable: asaltante de bancos, ladrón, jefe de un grupo criminal y asesino a sueldo. Entre las décadas de 1860 y 1880, ningún otro bandido del viejo oeste causaba más temor y respeto que Jesse James.

Sin embargo, su carrera criminal llegó a término un 3 de abril de 1882, fecha en que Robert Ford lo mató por la espalda. Tras su muerte, empezaron a divulgarse rumores de que el bandido sobrevivió al ataque. Otros decían que Jesse James era tan peligroso que ni el propio demonio lo quería en el infierno, por lo que le propuso un pacto. Jesse regresaría al plano terrenal para trabajar como un recolector de almas.

Jesse James y Robert Ford

La historia se popularizó en varios estados y no faltaron los relatos de personas que aseguraban con vehemencia haberse encontrado con el espíritu de Jesse James sediento de venganza.

Se decía que el pacto con el diablo implicaba la recolección de al menos 1,000 almas para que pudiera descansar. Para cumplir su misión, cabalgaba por las noches completamente vestido de negro sobre un caballo del mismo color con los ojos envueltos en llamas. Portaba pistolas plateadas cuyas balas dejaban una estela de humo con olor a azufre cada vez que disparaban. El pistolero se dedicaba a cazar a aquellos que habían hecho un pacto con el diablo ofreciendo su alma a cambio.

Otra versión de la leyenda dice que, tras recolectar las mil almas, sería recompensado retornando a la vida. Sin embargo, el diablo lo engañó y se convirtió en una especie de fantasma recluido en la granja de Kearney, Missouri, donde fue sepultado.

Otros dicen que el fantasma de este famoso bandido escucha las solicitudes de aquellas personas que quieren contratarlo para matar a alguien que les incomoda. Cuando se le invoca durante una noche de luna llena y el pedido es interesante, Jesse James se levanta entre los muertos para cumplir otro contrato de muerte.

Los perros infernales de Eldorado Canyon.

Durante la fiebre del oro, los mineros solían ser muy cuidadosos al interactuar con otras personas. Mantener sus operaciones de prospección en secreto era un tema de suma importancia. Por eso, se preocupaban mucho de proteger sus intereses. Y uno de los métodos más socorridos fue entrenar perros de ataque.

Además de la fidelidad que puede encontrarse en un perro, estos animales funcionaban como un sistema de alarma contra posibles intrusos. Por aquellos tiempos, transformar a estos nobles animales en armas letales no implicaba dilema moral alguno. Muchas veces los golpeaban, dejaban de alimentar o simplemente los acostumbraban a reaccionar violentamente ante cualquier provocación. Otras, llegaban a alimentarlos con carne humana para que se acostumbraran al sabor. Así, los perros solían volverse animales violentos, perversos e imparables. Era prácticamente imposible detener a un perro de ataque, y cuando lo hacían estaban dispuestos a matar.

Eldorado Canyon

Muchas veces, estos perros terminaban volviéndose contra sus propios dueños. El nivel de salvajismo que exhibían era tan grande que cuando cerraban las minas preferían matarlos antes de llevarlos a la civilización.

Eldorado Canyon se hizo famoso por estos perros de ataque. Algunos señalan que durante el momento de mayor actividad en la zona, al menos un centenar de estos animales violentos protegían las minas. Cuando la minería llegó a su fin, en lugar de sacrificar a estos animales terminaron liberándolos en la enorme garganta del cañón. Durante muchos años el lugar quedó abandonado y nadie regreso.

Décadas después, cuando arrancaron un proyecto para transformar el lugar en una represa, empezaron a surgir rumores de perros salvajes mucho más feroces que cualquier otro animal antes visto. Los animales actuaban en manada, atacando a cualquier persona que encontraban en su camino para defender su territorio con una determinación admirable. Todos esos años de aislamiento los convirtieron en auténticos perros infernales.

Algunos dicen que todavía viven en ese desierto y son responsables de muchos ataques y desapariciones en la zona.

El canto de la muerte.

En el Viejo Oeste, los nativos solían compartir leyendas y supersticiones centenarias con los hombres que vivían en las fronteras, contribuyendo a esparcir el terror de estas historias más allá de la región. Un relato particularmente aterrador hace referencia al canto de un ave, un ente apodado el Pájaro de la Muerte. Hablamos de un ave negra, muy parecida a un cuervo, cuyo canto asemeja al lamento de una mujer. La melodía se considera un mal augurio, y cuando se escucha es porque la muerte está cerca.

el pajaro de la muerte

Los nativos americanos llegaron a vincular el ave con las tragedias, y decían que se sentía atraída por aquellos que estaban destinados a morir de forma violenta. Toda vez que se alimentaba de carne, este pájaro buscaba devorar a los muertos (especialmente los ojos). Una leyenda aseguraba que, si el pájaro llegaba a posarse en la sombra de una persona, esta moriría en menos de una semana.

En 1840, un periódico de gran circulación publicó un poema sobre la leyenda del pájaro de la muerte. Desde entonces, los vaqueros, forajidos y hombres de la ley empezaron a vigilar cualquier pájaro negro que se encontraban en el camino e intentaba posarse sobre su sombra.

El llanto de La Llorona.

Aunque la leyenda de La Llorona se originó en México, esta terrible historia terminó esparciéndose por el Viejo Oeste. Las versiones varían, pero, casi siempre nos presentan la dramática historia de una mujer de la alta sociedad que, eventualmente, fue abandonada por su esposo y sustituida por otra mujer. El rencor y la ira hacia su esposo son tan grandes que decide vengarse de la peor forma posible: ahogando a sus dos hijos. Sus acciones terminan por enloquecerla completamente y, cuando finalmente comprende lo que hizo, decide quitarse la vida arrojándose a un río. Se ahoga, pero la historia no termina allí.

la llorona

El espectro de La Llorona emerge de las profundidades del río y empieza a vagar por el desierto buscando niños que pueda raptar para calmar la nostalgia por la pérdida de sus hijos. Es uno de los fantasmas más populares en el folclor mexicano, aunque también fue incorporada en la frontera, especialmente en California. Las leyendas locales dicen que el espectro vaga por el lecho de ríos y arroyos, lamentándose. Y todo aquel que escucha su llanto se vuelve víctima de una profunda depresión y melancolía.

A los niños se les advierte que no deben salir de casa después que se ponga el sol, y jamás jugar cerca de los ríos o lagos, pues en estos sitios es donde suele verse el fantasma de La Llorona.

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