5 historias cortas de terror

Podemos decir que esta es una continuación de los Creepypastas de bolsillo que publicamos hace algunos meses (también llamados micropasta). Básicamente son historias que intentan resumir el terror de un cuento en muy pocas líneas.

bosque siniestro

Esas cosas que hacen ruido durante la noche.

Cada noche, cuando va a la cama, mi niña puede percibir a los monstruos que la rodean. Me atrevo a decirle que son reales. Le rompí los huesos al que habitaba el armario, el hombre bajo su cama también está muerto, apuñalé a aquella cosa en la ventana y limpié el cuchillo en mi brazo. Y ahora que es tiempo de ir a la cama, mi niña puede dormir sin preocuparse por los monstruos que vendrán. Y todo lo que necesito, para que ella duerma, es vestir la piel de su padre.

 

Soledad.

Se arrastró hasta la cama, solo y con el corazón hecho pedazos. El funeral de su esposa había sido aquella mañana, y la única forma en que logró dormir fue mirando a aquel espacio vacío al lado de su cama.

Despertó con una voz que le susurraba al oído. “Dijiste que estaríamos juntos para siempre”.

Sus ojos se abrieron rápidamente al reconocer la voz de su esposa muerta y al sentir su helada mano sobre el hombro. Estaba oscuro y necesitaba ver que estaba pasando. Intentó levantarse, pero la tapa del ataúd se lo impidió.

 

Alguien especial.

¿Alguna vez viste a un hombre o una mujer y pensase para ti mismo, “es alguien especial”? Yo lo hice. Y por eso está sobre mi chimenea, y no pudriéndose en el fondo del mar como las demás.

 

Avances de la ciencia.

¡Lo hicimos!”, gritaban los eufóricos científicos con orgullo por lo que acababan de lograr… los secretos del viaje temporal finalmente habían sido develados. Mientras la energía frente al grupo comenzaba a desestabilizarse, se dieron cuenta de que ya habían estado allí. Un destello cegador… “¡Lo hicimos!

 

Hablar dormido.

Mi esposo me movió hasta que desperté. “Estás hablando dormida de nuevo”. Estábamos en el medio de la noche en nuestra habitación minúscula en un pequeño apartamento. Aturdida, y con el cuerpo hecho trizas… estaba muy cansada. “Lo siento”, le dije, “solo voltéate e intenta ignorarme”. “No puedo”, me respondió y extendió la mano para encender la luz en la mesa de noche junto a la cama, “Esta vez escuché a alguien que te respondió”.

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