Rituales mortuorios insólitos

La muerte es una paradoja tan misteriosa como la propia vida, las diferentes culturas a lo largo de la historia de la humanidad han colaborado a mitificar y a engrandecer, o restar importancia a la muerte. Para algunos es un festejo mientras que para otros una terrible desgracia, a continuación se listan algunos de los rituales mortuorios más increíbles e insólitos alrededor del mundo.

Sutee.

Hasta hace algún tiempo, en la India las viudas eran quemadas vivas junto a sus difuntos esposos. La ceremonia se llama sutee, y está prohibida desde 1829 aunque se siguió practicando esporádicamente hasta 1981.

La razón de que la viuda fuera quemada se debe a que en la jerarquía tradicional hindú una mujer perdía todo su valor cuando su esposo moría. Incluso, se consideraba de mala suerte toparse con ellas, tocar algún objeto de su pertenencia y hasta mirarlas de lejos, así que les parecía razonable deshacerse de ellas.

En la ceremonia del sutee, la mujer acompañaba a su esposo en la pira funeraria, y los asistentes se armaban de cañas, pues la mayor parte de las viudas decidían a última hora salir de la hoguera cuando las cosas estaban poniéndose demasiado ardientes. La cañas servían, como se podrán imaginar, para impedirles salir del fuego, ya que esto se consideraba indigno.

Auto-momificación.

La automomificación consistía en un largo proceso en el cual el sacerdote se momificaba en vida (no se practica desde principios de 1900). Se trata de una antigua costumbre japonesa y para llevarla a cabo de forma adecuada, se requerían al menos 2,000 días de preparación (unos cinco años y medio). Durante los primeros 1,000 días el sujeto no comía ningún alimento sólido más que nueces y algunas semillas. Esto tenía como finalidad eliminar hasta el último gramo de grasa de su cuerpo. Los siguientes 1,000 días, la futura momia sólo comía corteza y raíces de pino, con la finalidad de extraer casi toda el agua de su cuerpo. Cuando estas dos fases eran completadas, se le proporcionaba un té hecho con la savia de un árbol llamado urushi, el cual es altamente venenoso y provoca una diarrea y un vómito incontrolables. Hecho esto, se le colocaba en una pequeña cámara donde apenas cabía el sacerdote sentado en posición de loto y se sellaba la entrada.

Mil días después, se abría la cámara y se observaba la momia. La mayor parte de las veces el procedimiento no funcionaba, pero si el sacerdote quedaba momificado, se pensaba que finalmente había llegado a Buda.

Entierro “aéreo” tibetano

En el Tibet, se piensa que el cuerpo es solamente un envase para el alma, por lo que no tiene ninguna importancia. Además, la madera es excesivamente cara, y quemar un cuerpo es un proceso prohibitivo. Además, el suelo rocoso y permanentemente congelado es tan duro que es casi imposible cavar una fosa dónde enterrar el cuerpo.

Por estas razones, cuando una persona muere es desmembrada y sus entrañas se ofrecen a los buitres, los cuales despachan hasta el último trozo del cadáver, incluyendo los huesos, que se trituran y se mezclan con harina para que las aves se los coman.

La exposición corporal de los aborígenes australianos.

En algunas regiones del norte de Australia, los aborígenes tienen su propia forma de lidiar con la muerte. Una vez que la persona ha fallecido, su cuerpo es colocado en una elevada plataforma de madera y se le cubre con hojas y ramas hasta que toda la carne ha sido consumida por los insectos y las aves. Después, los huesos son llevados a alguna cueva abandonada o depositados en el hueco de un árbol. En algunas ocasiones, son los familiares quienes los resguardan, pero la casa y las posesiones del fallecido deben ser destruidas o abandonadas, y se prohíbe que el nombre del difunto se pronuncie, pues eso atraería al fantasma del muerto.

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