Neville Heath, encanto asesino

El prisionero camina tranquilamente por el andamio, resignado a una muerte inminente. El oficial le pregunta si tiene alguna última solicitud. “Quizá una dosis de whisky”, le sugiere el policía. El prisionero responde: “Y mejor que sea doble”. La soga es colocada alrededor de su cuello por el más famoso de los verdugos británicos, Albert Pierrepoint, un hombre responsable por ajustar la cuerda en los cuellos de más de 400 hombres sentenciados a muerte. Pierrepoint baja la palanca, la trampilla se abre y el condenado cae a un abismo donde se encontrará con su Dios (ya sea aquel que vive en los cielos o el que mora en las profundidades del averno).

Neville Heath asesino serial

Este es el punto culminante de la vida (y obra) de un hombre que llegó a ser descrito como “el criminal más peligroso de la moderna Gran Bretaña”. El hombre del que hablamos llevaba por nombre Neville Heath, un asesino en serie al que culparon por el asesinato salvaje y repugnante de dos jóvenes damas. Lo curioso es que no fueron sus repugnantes crímenes los que provocaron que este asesino serial se hiciera conocido, sino su pasado. Nos referimos a ese frecuente antagonismo que hace que muchos asesinos seriales se vuelvan famosos: un hombre por encima de la más mínima sospecha, pero que se descubrió era un macabro asesino.

Como muchos otros asesinos seriales de la historia, hay dos versiones de Neville Heath: una de ellas habla de un hombre audaz, valiente piloto de aviones bombarderos, bien parecido, que frecuentaba las reuniones sociales y que enredaba a las mujeres con su sonrisa; y la otra versión da cuentas de un violento asesino sexual que atraía a las jóvenes mujeres hacia la muerte.

Fue esta naturaleza ambivalente de Heath, la combinación del encanto y la barbarie, lo que intrigó y mantuvo expectante al público británico de aquella época, pese a que ya estaban acostumbrados a los horrores de la guerra. Su detención tuvo lugar tras un concurrido juicio en 1946. E incluso tantas décadas después, Heath sigue fascinando y perturbando al público.

Alfred Hitchcock tuvo la intención de realizar una película con su historia (quien conoce a Hitchcock, sabe que era excelente “tomando” historias de la vida real para transformarlas en versiones cinematográficas), y dicen que la serie ochentera “The Charmer” tomó inspiración de este asesino serial. Ese año el libro “Handsome Brute”, de Sean O’Connor, fue publicado en Inglaterra. Sí, los asesinos seriales nos fascinan a todos.

Neville Heath detenido fumando una pipa

Neville Heath nació en la ciudad de Wimbledon en el año de 1917. Su padre, un barbero, y su madre, ama de casa, lo describieron como un niño amoroso, que amaba a los animales y a su hermano más pequeño. Pero la criminología y la psiquiatría forense parecen converger en ciertas características comunes del pasado de muchos asesinos sexuales y psicópatas: la gran mayoría de los padres son los últimos que notan al verdadero hijo que tienen en casa.

Un mitómano, presumido, al que le gustaba llamar la atención, y todo lo que se pudiera hacer para convertirse en una persona popular. Pero tenía un encanto que lo hacía agradable a las personas”, recuerda un compañero de escuela.

Encanto, cuántas veces no se repite esta palabra en la boca de especialistas cuando hablan de los psicópatas.

Cuando llegó a la adolescencia, empezó su carrera criminal robando y dando pequeños golpes. Entro en la Royal Air Force (RAF) a los 16 años. Allí, se vio rodeado de adultos y jóvenes importantes, provenientes de familias acaudaladas y poderosas. Para encajar, mintió asegurando que frecuentaba las universidades de Eton y Oxford. Con algunas clases de dicción que tomó en el pasado, tuvo a mano las herramientas perfectas para cubrir sus mentiras. Pero no llegó demasiado lejos. Lo atraparon falsificando cheques. Cesado de la Fuerza Aérea, empezó a moverse con identidades falsas, como la de James Bulman, Sargento Walker, Bruce Lockhart, Capitán Blyth, Teniente Coronel Graham y Lord Dudley.

Mantenía el estilo de vida de un hombre adinerado gracias a sus fraudes y a su afinada labia.

Se hizo novio de una mujer llamada Arlene, le pidió un préstamo monetario y la mujer jamás volvió a verlo. En 1939, con la entrada de Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial, intentó regresar a la RAF, pero lo rechazaron y tuvo que conformarse con servir en el ejército. Lo enviaron a Palestina, donde lo volvieron a atrapar robando y lo regresaron a Gran Bretaña. Después lo enviaron a Sudáfrica. Allí escapó y, utilizando el aristocrático nombre de James Robert Cadogan Armstrong, se unió a la Fuerza Aérea Sudafricana.

Neville-Heath juventud RAD

Al centro aparece Neville Heath en la época en que sirvió en la Fuerza Área.

Fue en ese país que conoció a su esposa, Elizabeth Rivers, con quien procreó un hijo. Harto de la monotonía, Heath, o mejor dicho, James Armstrong, solicitó una transferencia a la RAF, donde se unió a un escuadrón de bombarderos en Bélgica. Se convirtió en héroe al salvar al navegador de su avión, que quedó atrapado tras ser alcanzado por fuego enemigo. Ambos se salvaron en el último segundo, saltando en paracaídas.

Pese a ser reconocido por su óptimo desempeño como piloto, cuando tomaba, Heath se convertía en un hombre arrogante e irresponsable, algo que no agradaba para nada a sus superiores. Tenía cambios repentinos de humor y comenzó a beber en exceso. La RAF terminó despidiéndolo. Volvió a África del Sur y encontró a su mujer con la demanda de divorcio en la mano. Unos dicen que él era infiel, otros que no le perdonó haberla abandonado con su hijo durante los años de guerra.

Sentí mi cabeza pesada. Entonces, media hora después me di cuenta de que había intentado disparar a mi mujer y a mí, pero tuve un colapso. Fue un apagón”.

 

Su primera víctima: Margery Gardner.

En febrero de 1946 regresó a suelo británico, para entonces tenía 29 años. Adoptó la identidad de Teniente Coronel Jimmy Heath. El personaje que simulaba y su buena apariencia lo hacían objeto de deseo de las mujeres. Cuatro meses después, su solicitud de licencia para convertirse en piloto fue rechazada debido a su dimisión en la RAF. En aquel momento todo lo que deseaba era volar. Sus sueños se habían desmoronado y estaba hecho pedazos.

Margery Gardner primera victima

Fotografía de Margery Gardner (1940) – Handsome Brute.

Pasó a vagar por los burdeles y bares de Londres en busca de compañía. El 20 de junio de 1946 fue hasta el Panama Club, en South Kensington, y conoció a una hermosa mujer de 32 años llamada Margery Gardner, una aspirante a actriz que huía de un marido alcohólico y procuraba una vida mejor para ella y su pequeña hija.

Al día siguiente, a las dos de la tarde, un empleado del Hotel Pembridge Court, en Nothing Hill Gate, ingresó a la habitación y descubrió el cadáver de una mujer. La policía fue requerida en el lugar. Al remover las sábanas, se encontraron con una escena de horror inimaginable.

Estaba atada de muñecas y tobillos. El cuerpo estaba cubierto de marcas de latigazos. Sus mamas habían sido arrancadas a mordidas y le habían introducido un atizador por la vagina. El cuerpo presentaba 17 mutilaciones.

Si encuentran el látigo, encuentran a su hombre”, dijo el patólogo a la policía.

Aquel cuerpo destrozado era de Margery Gardner y la habitación había sido alquilada a Neville Heath. El hombre declaró a la policía que había prestado la habitación a Gardner, pues quería pasar un momento a solas con alguien. La policía le creyó. Y no tenían motivos para desconfiar, el hombre era un “Teniente Coronel”.

 

El asesinato de Doreen Marshall.

Heath cambió su residencia a Bournemouth, donde alquiló una habitación en el Hotel Tollard Royal, y volvió a cambiar de identidad. Ahora se hacía llamar Rupert Brooke, el nombre de un antiguo capitán. El día 3 de julio de 1946, abordó a Doreen Marshall, de 21 años, cuando se disponía a tomar un taxi. Jamás la volvieron a ver. Dos días más tarde, sus amigos reportaron la desaparición. Durante la investigación, los empleados del Tollard Royal recordaron haber visto a “Rupert Brooke” cenando con la desaparecida. Por increíble que parezca, Heath se presentó por voluntad propia en la delegación de policía. Allí se identificó como Rupert Brooke y dijo que sí había cenado con la desaparecida, pero que regresó sola a casa después de la cena.

victima Doreen Marshall

Doreen Marshall fue la segunda víctima.

Antes de que pudiera cruzar la puerta de la estación policial hacia su libertad, uno de los agentes notó el parecido entre “Rupert Brooke” y el “Teniente Coronel Jimmy Heath”. Aunque la policía no consideró al “Teniente Coronel Jimmy Heath” como el principal sospechoso del asesinato, su foto había sido distribuida en las estaciones cercanas. Heath fue a prisión y en el bolso de su chaqueta encontraron un boleto que llevaba hasta un casillero de la estación de tren de Bournemouth. Dentro del contendor encontraron una maleta, y dentro de esta maleta, un látigo de cuero para caballos manchado de sangre.

escena del crimen Doreen Marshall

Escena del crimen de Doreen Marshall. Hulton Archive/ Getty Images.

El cuerpo desnudo de Doreen Marshall fue descubierto días después en el bosque. Sus mamas habían sido arrancadas a mordidas y le habían abierto el cuerpo desde el cuello hasta el pubis, un claro indicio de un crimen sexual. Su órgano sexual presentaba las mismas laceraciones que las de Margery Gardner.

 

Juicio y sentencia.

Su juicio fue todo un espectáculo público, especialmente para el sector femenino, las mujeres hacían filas durante más de 14 horas tan solo para poder ver al “hermoso asesino de doncellas”.

Neville Heath proceso judicial

Su representante legal argumentó que, durante los crímenes, Heath había entrado en un estado mental de locura, y que por tal motivo no era responsable de sus acciones. Loco o no, Heath siempre insistió en que el hombre que cometía los asesinatos no era “el verdadero yo”, y aseguraba que cuando volvía en sí, estaba cubierto de sangre. No recordaba ningún detalle sobre los crímenes.

Sin embargo, al jurado le tomó menos de una hora declararlo culpable.

Honestamente me importa un carajo lo que pase conmigo. Enfrenté a la muerte muchas veces en los últimos seis años como para tener que preocuparme de ello. Después de todo, ni siquiera tengo ganas de vivir desde que perdí a mi esposa e hijo”, le contó Neville Heath a un colega.

Al abogado, le dijo: “A donde voy a ir, no sé a qué horas abran, pero espero que la cerveza sea mejor que la de aquí”.

Katherine Ramsland, reconocida psicóloga forense (que ha llegado a colaborar en algunas tramas de episodios de la serie CSI) de la Universidad de DeSales, Pennsylvania, llegó a sugerir que Heath podría haber sufrido una enfermedad conocida como Síndrome de Renfield, tradicionalmente referenciado como vampirismo clínico. Las personas que padecen esta enfermedad tienen una necesidad implacable por beber sangre. No se sabe si Heath bebía la sangre de sus víctimas, pero la posesión de pañuelos empapados de sangre, aunado a la naturaleza depredadora y compulsiva de sus crímenes, lo clasifican como un “vampiro”.

Una de las curiosidades de esta historia es que Margery Gardner era masoquista y disfrutaba de ser azotada. Desafortunadamente, Heath era uno de los hombres menos indicados para satisfacerla en este sentido.

Historia

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  • fzuntsu Nov 26, 2015

    me es inconcebible el placer sexual vinculado con la agresión, tortura, mutilación y asesinato, por más que trato de imaginar lo que es una mente así de torcida simplemente no puedo, a excepción de mi infancia cuando me divertía haciendo sufrir moscas, cucarachas y chapulines

    échenle un ojo a la historia se jack unterweger, otro psychoboy asesino serial con encanto. john malkovich montó una obra teatral, muy recomendable, sobre su vida: “la comedia infernal”

  • Javier Ene 4, 2016

    Lección para ustedes, mujeres: Los venenos más mortíferos vienen en los envases más hermosos. Desconfíen, sí, del tipo patibulario y siniestro. Pero especialmente, desconfíen de ese jovencito hermoso, delicado y con una tremenda simpatía y don de gentes. No sea que estén besando a la muerte, sin saberlo (Claro, no todos los hombres somos así, pero mientras no lo conozcan más a fondo ¡cuidado!).

  • Javier Ene 4, 2016

    Y otro tanto podría yo decir de ustedes, congéneres: Recuerdo por lo menos algún caso, aquí en México, donde una mujer enredó a un hombre con promesas de amor eterno, lo hizo asegurar, después asesinar y cobró cuantioso seguro. La descubrieron, claro, pero gran consuelo para él, ya. Las guapas también pueden matar.

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