Marisol González revista OPEN

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Desde niña estuvo expuesta a las competencias con otras mujeres aunque ella se niega a reconocerlo, su primera rival estaba en casa: era su propia hermana. De hecho, la buena imagen que proyectaba la mayor fue lo que la animó a abandonar su comportamiento infantil. Marisol González creció en Torreón dentro de un ambiente familiar protegida por todos, fue la menor y nadie ponía reparos en consentirla. Ella soñaba con ser modelo, pero ese anhelo tomaba algunas pausas los domingos, cuando acompañaba a su papa, hermanos y amigos al estadio de fútbol para ver al Club Santos, el equipo local. Nunca imaginaría que esa práctica tan sencilla de apoyar a esa escuadra, divertirse sanamente y sentir la pasión al cantar los goles, formaría su perfil para su carrera en televisión.

Marisol surgió a la luz pública al ganar en 2002 el certamen Nuestra Belleza México; al año siguiente partió hacia Panamá como representante de nuestro país en Miss Universo. En muy poco tiempo su vida había cambiado; a los 19 años se mudó al D.F. y se encontró con un mundo distinto, sacrificó cercanía con su familia y la comodidad de casa.

El resultado en el concurso no fue el que esperaba y regresó con una profunda depresión: “No sabia que hacer y caí en una crisis existencial. Al final, con Miss Universo maduré mucho, entendí que no hay un triunfo sin dolor, Esa frase aplica para todo“, dice.

¿RECOMIENDAS A UNA CHICA PARTICIPAR EN UN CONCURSO DE BELLEZA?

Claro, porque te hace crecer mucho y aprendes. Es una experiencia que te cambia la vida para siempre y por completo. Aunque sea la frase más trillada, realmente lo es. Me abrió puertas, empecé a trabajar, a ganar mi propio dinero, comencé en la conducción, estudie actuación. Todo se acomodó de un día para otro, no se si hubiera pasado todo esto de no haber entrado al concurso.

¿QUÉ PLAN TENÍAS ANTES DE PARTICIPAR EN MISS UNIVERSO?

Estudiaba Comunicación y siempre me gustó el modelaje; ya tenía una agencia en Nueva York y quería mudarme para allá, pero fue justo cuando derribaron las Torres Gemelas y ya no fuí. Entonces probé el modelaje aquí y no me gustó, es una cosa completamente distinta a la que imaginaba. Está padre pero al final me gustó más lo que hago ahora.

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